lunes, 29 de septiembre de 2008

¿EN LA ONU BACHELET CONDENA LA DESIDIA , CODICIA E IRRESPONSABILIDAD DE ALGUNOS LÍDERES?



1. El 24 de septiembre, en la testera de la ONU , la Presidenta de Chile, Michelle Bachelet, en el marco de la crisis económica planetaria, señaló con “heroísmo” verborreico que “la codicia y la irresponsabilidad de unos pocos”, junto a la “desidia política” de algunos líderes, ha arrastrado al mundo a esta “situación de incertidumbre”. Si bien, los latigazos retóricos, meridianamente abstractos (casi sin sujeto) contra los incidentes ruinosos del capital financiero especulativo de los países centrales originados en Estados Unidos de Norteamérica podrían venir de un sacerdote bien intencionado o un derechista de viejo cuño y productivista, cobran cierta relevancia proviniendo de la Mandataria del gobierno más libremercadista de Latinoamérica. ¿Es que ha caído un piano de cola azul sobre la cabeza del gobierno de la Concertación ?

2. Bachelet fue la candidata de Ricardo Lagos Escobar. Sus atributos políticos se reducen a ser la primera mujer presidenta de Chile (que no del Continente (ahí estuvo la Chamorro en Nicaragua), ni menos del mundo (ahí estuvo la Thatcher en el Reino Unido)), novedad necesaria para la ilusión del cambio proveniente del rostro concertacionista del bloque en el poder. Sin embargo, pasó de moda a la velocidad de la luz, al convertirse en simple continuadora de una sucesión de gobiernos concertacionistas que no han hecho más que profundizar el recetario antipopular del capitalismo extremista que manda en el país desde hace 30 años.

3. ¿Codicia, desidia, irresponsabilidad? ¿No son estas las categorías que podrían ilustrar inmejorablemente los resortes económicos, políticos y sociales del actual modelo chileno?

4. Además de los programas sociales absolutamente insuficientes y los bonos-miseria que de vez en cuando arroja la Concertación a las franjas más castigadas socialmente por la economía más abierta y antiproteccionista imaginable; los ejecutivos de la Concertación se han caracterizado por reformas que acentúan dramáticamente la concentración de la riqueza y la desigualdad social en el país. A casi 20 años de la inauguración del período de gobiernos civiles luego de la dictadura militar, un puñado de transnacionales y tres grupos económicos nativos, pero de intereses combinados con el capital mundializado (Angelini, Luksic y Matte) son dueños del país, de su soberanía en el plano de los recursos estratégicos, y titiritean a su antojo a los gobiernos de turno y sus carteras de Hacienda y al Banco Central. Mientras tanto, el 5 % más rico de la organización social faraónica de Chile, obtiene mucho más de 220 veces que el 5 % más pobre.

5. La hija política de Ricardo Lagos heredó la privatización sin precedentes del cobre (70 % desnacionalizado); la bancarización social para bien del sistema financiero y engorde de las carteras de deudores; una educación pública en bancarrota, simple reproductora de la sociedad de clases y archifuncional a la estrategia del capital; una salud de camillas abarrotadas en los centros sanitarios públicos (donde se atiende o desatiende, un 80 % de la población nacional) y en crisis permanente de recursos (con Plan Auge o sin él); el reinado de la subcontratación y el mal empleo; y la destrucción de amplias extensiones de territorio y medio ambiente producto de la explotación de la celulosa, la industria del salmón y áreas de la minería. En el plano de los derechos humanos y los objetivos de verdad y justicia promovidos por las organizaciones históricas de las víctimas de la dictadura, pese a los expedientes de Bachelet, apenas se ha avanzado simbólicamente mientras se han sorprendido a los criminales en conocidos restaurantes o paseando por la calle con la tranquilidad que ofrece la impunidad pactada.

6. En Chile existen 6 y medio millones de trabajadores y trabajadoras. Apenas un 11 % está sindicalizado (y la tendencia, desde 1992, corre a la baja), y menos de un 9 % está facultado para negociar colectivamente. Es más fácil crear una organización clandestina antisistémica que un sindicato, y el derecho a huelga, en la práctica, no existe. El Código del Trabajo está hecho como traje a la medida de la patronal, y las centrales de trabajadores existentes son pura extensión subordinada a los movimientos y agendas gubernamentales. Las luchas laborales que cruzan el umbral del miedo al patrón, son castigadas con violencia oligárquica (Agrosuper, subcontratistas del cobre y las forestales, empleados bancarios del Santander, obreros de la constructora San Felipe, etc., etc.).

7. La reforma previsional –perla del programa de Bachelet- fortaleció el sistema de administración privada de los fondos de pensiones que hoy acumula pérdidas de 18 mil millones de dólares, en virtud de las facultades garantizadas por el gobierno para que esas empresas (obra cumbre del pinochetismo) puedan invertir en acciones fuera del país. Los recursos perdidos en inversiones especulativas ya representan lo equivalente a más de la mitad de los ahorros estatales. Y ellos están muy bien guardados para cuando llegue lo peor de la crisis y se tenga que salvar al capital quebrado. Ni hablar que el superávit fiscal –efecto del transitorio boom exportador de cobre y celulosa- se invierta en industria, educación y salud dignas. El FMI, la OMC y el BID, y localmente, la Confederación de la Producción y el Comercio (gremio patronal) jamás lo permitirían.

8. Aquí el artículo podría extenderse sobre los escandalosos casos de corrupción que han protagonizado altísimos funcionarios concertacionistas (y que están asociados a las licitaciones de carreteras, por ejemplo); la ruina del Transantiago (que un 80 % de la gente repudia); la inflación que, por arriba y vía Banco Central, pretende controlarse a través de la baja de salarios y la contracción de la demanda; el aumento del precio de los alimentos y los servicios básicos; la creciente insalubridad mental de los habitantes de las grandes ciudades; la superconcentración de los medios de comunicación de masas (unidimensionales, bobos y defensores de los intereses de las clases dominantes); la bancarrota cultural; la exclusión política estructural; y un sinnúmero de asuntos que, a costa de abusar de los lectores, llenarían la más completa biblioteca.

9. Los gobiernos de Colombia, México, Perú y Chile son los enclaves que mejor reproducen los intereses imperialistas en la Región y el recetario neoliberal jaqueado cuando transcurren las quiebras, salvatajes de dudosos resultados y descalabros económicos sin fecha de término en los estados corporativos de Norteamérica y la Unión Europea. Con la cumbre de UNASUR a propósito de los hechos que protagoniza el pueblo boliviano enfrentado a la oligarquía fascista y rascista que le tocó por enemiga a desarmar, el aparato de propaganda gubernamental trató de convertir a Bachelet en una “líder” regional. Ahora, el mismo aparato, insiste, haciendo que Bachellet hable de codicia, desidia e irresponsabilidad ante la crisis de los límites históricos del capitalismo neoliberal. Pero ya es tarde. Esos titulares a los chilenos ya no les importa. Están desacreditados por la cotidianidad concreta de la mala vida y el mal gobierno. De alguna manera, Bachelet ya es parte del pasado; de lo antiguo y arriba. Lo que sí permanece pendiente, como futuro necesario y en ciernes, es la hora urgente de los trabajadores y el pueblo.
En fin, hay que terminar pronto el texto, que en la Plaza de Armas de Santiago hay ahora una concentración en apoyo incondicional al pueblo boliviano.

Andrés Figueroa Cornejo
Septiembre 25 de 2008






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miércoles, 24 de septiembre de 2008

APUNTES DE UNA TÁCTICA POPULAR PARA LA ACTUAL ETAPA



1. Que la pureza es un invento para dominar, disciplinar, resolver problemas de mala conciencia, ofrecer sentidos altruistas a escala individual, mantenerse al margen de los acontecimientos altamente contradictorios, no lineales y que desborban los manuales y las academias. Que la pureza produce en sus víctimas, temblores de idealismo, orden para mirar, platonismos deslavados e improbables. Que la pureza es estupenda para reemplazar los somníferos, desdeñar al prójimo y enjuiciar desde los altares religiosos o laicos, valga la redundancia. En fin, que la pureza ideológica, política, sexual, retórica, resulta más bien un reflejo tranquilizador ante el movimiento dialéctico de las cosas, lo concretamente problemático de la realidad, el dinamismo multidimensional del paisaje humano. Y cuidado, porque la pureza no tiene que ver con la ética rebelde. Ella está prendida de errores y dudas, pero se fortalece en su concreción insobornable, en el comportamiento conciente y coherente, desalojado de egoísmos. La pureza es la ilusión del Opus Dei. La ética rebelde es la unidad de sentido incuestionable del Che y tantos otros y otras.

2. Ante la debacle política de las fuerzas de inspiración revolucionaria en Chile, primero vino el dolor sordo, luego la necesidad de resistir (en el sentido de sobrevivir), después más golpes, y finalmente el enfrascamiento, las maneras sectarias, el mundo cuesta abajo, y el maximalismo principista. La vocación de minoría resultante de un proceso complejo de vaciamiento político marca el derrotero malogrado de un conjunto de siglas sin más proyecto que la nostalgia, las evaluaciones parciales, el voluntarismo y el acuartelamiento en un leninismo convenientemente editado y un marxismo monumentalizado, vuelto máximas inmóviles, desnaturalizado de su propia realización y producción histórica. Los puros duermen bien, pero no transforman el orden de las cosas. En el mejor de los casos, convierten la realidad en materia de calzado mal fabricado para el pie alado de lo que debería ser, pero no es.

CONTEXTO Y COYUNTURA


3. Después de 35 años del fin de la “vía chilena al socialismo”, el país es administrado por los intereses del gran capital, bajo la hegemonía inhumana de las relaciones económicas, políticas, culturales, simbólicas y sociales del fetiche de la mercancía y la supuesta teoría del libre mercado (que en la práctica, promueve los oligopolios, la concentración de la riqueza y osifica la sociedad y desigualdad de clases y la dependencia del capital financiero y especulativo). El pacto interburgués que puso término a la dictadura militar y abrió el actual período de gobiernos civiles, ha mantenido intactos los resortes profundos de los intereses del capital y su dinámica antipopular. Gobierno tras gobierno, la Concertación , primero acudiendo al temor de los cuartelazos, y luego actuando francamente desde el acomodo y la conveniencia, ha consolidado una sociedad estamental, sin derechos sociales asegurados para las grandes mayorías, y ha terminado de desmantelar y vender a privados las rémoras de la propiedad estatal. De esta manera, los gobiernos concertacionistas –cuya confianza la burguesía, recién a casi 20 años de elecciones, comienza a relativizar- han prometido cambios pro populares reiteradamente incumplidos; impedido la organización de los trabajadores y el pueblo; y castigado cualquier asomo de cabeza de los de abajo, muertos mediante. El Estado subsidiario, tutelado transitoriamente por la Concertación, ha reducido su “vocación ciudadana y democrática” a insuficientes programas sociales (que, sin embargo, han bajado las cifras de la extrema pobreza, pero que, en la práctica, evidencian la radicalidad y el saqueo del mismo modelo administrado por la dictadura), mientras en la realidad dominante ofrece señales de descomposición, envejecimiento de horizontes de sentido (si es que lo tuvo, más allá de la buena publicidad de los primeros años), corrupción, reformas aparentes, alienación, desastres en el ámbito educacional, sanitario y medioambiental, precariedad y pésimo pago del empleo.


4. De este modo, Chile padece la mutación y extinción del Estado tal como se conoció hasta 1973. El aparato fiscal, históricamente de contenido burgués, actualmente se expresa anémicamente en su peso burocrático, poderosamente en su papel militar, y defensor a ultranza de la propiedad privada en materia jurídica. Hoy el Estado parece ser una caja fuerte repleta de dólares para la contención parcial de eventuales conflictos sociales (Transantiago, Fondo de Estabilización del Precio Petróleo, bonos miseria) y útil como aval de los poderosos en apuros; tiene el monopolio de la fuerza militar; es el guardia privado de la burguesía; y sostiene un parlamento monocorde y legitimador del poder de los privilegiados. La extraña transparencia sin contradicciones del rol del Estado chileno en una sociedad de clases, mandata la reconstrucción de las fuerzas anticapitalistas al calor de la lucha entre capital y trabajo, en sus maneras más desnudas, multidimensionales y originarias.


5. Las cifras oficiales de 2008 hablan que el promedio de los trabajadores gasta más de lo que gana y adeuda un año de salario; menos de la mitad de la fuerza laboral está contratada; apenas un 8,7 % puede negociar colectivamente (independientemente de los magros resultados de los convenios); el desempleo se empina sobre el 8 % a nivel nacional (aunque números más reales superan con creces la cifra oficial) ; la inflación para el 40 % más pobre está en un 20 %; la pobreza es femenina y juvenil; el subcontratismo y la precariedad laboral campean y el descrédito del sistema político supera el 50 %. Asimismo, la desaceleración económica producto de la crisis cíclica del capital financiero parasitario y del alza estructural de los precios de los alimentos y la energía, destruyen el poder adquisitivo de las remuneraciones, mientras el Banco Central aumenta las tasas de interés para paliar la inflación a costa de las grandes mayorías. Las proyecciones del Ministerio de Hacienda en materia de crecimiento varían a la baja. Al respecto, el 2008 el país crecerá alrededor de un 4 %, el número más bajo de la región.


6. El modelo de reproducción capitalista inaugurado a mediados de los 70 del siglo pasado, y hoy perfeccionado, legitimado y consolidado por la Concertación de Partidos por la Democracia, sólo ha profundizado la diferencia de clases que ha convertido a Chile en uno de los países más desiguales del mundo (entre las 15 naciones de peor distribución del ingreso del planeta). El 60 % de los chilenos sobrevive con menos de $ 82 mil pesos mensuales, en tanto el producto por habitante es cuatro veces mayor. De 1990 al 2005, la brecha entre el 5 % más privilegiado de la sociedad respecto del 5 % más pobre, aumentó de 110 a 220 veces (hoy la distancia es superior). Los estándares educativos son extraordinariamente deficitarios (de paso, destruyendo el mito burgués de la educación como vehículo de movilidad social, y proletarizando a la marginalidad social juvenil mediante los 12 años de escolaridad obligatoria); existe una insuficiente e ineficiente salud pública (donde se atiende el 80 % de los chilenos); hay crisis de la vivienda y creciente demanda de los derechos sociales básicos insatisfechos. La tasa de cesantía entre los trabajadores jóvenes oscila entre el 15 % y 20 %, y Santiago es la séptima ciudad del mundo donde más horas se trabaja.


7. Asimismo, por arriba, el poder criminaliza y reprime “a la antigua” la movilización social y laboral, las demandas históricas del pueblo mapuche, y emplea como mano de obra barata la fuerza de trabajo femenina, adolescente e inmigrante.


8. En el país, los grupos económicos más poderosos y diversificados son los Angelini, Luksic y Matte, cuyos capitales puestos en la explotación cuprífera, forestal, pesquera, industrial, eléctrica, portuaria, y comercio, se convierten, en un mismo movimiento, en capital financiero a través de la propiedad de bancos y entidades financieras de crédito y colocaciones, como el Banco Chile, BICE y otros. Es decir, los patrones de Chile, cuyos capitales hace tiempo están transnacionalizados, han concentrado extraordinariamente sus beneficios y diversificado sus propiedades.


9. De este mismo modo, el Ministerio y la Dirección del Trabajo –donde se atrincheran restos del “progresismo” concertacionista- emplea groseramente a la CUT –multisindical más numerosa del país, pero presa una mañosa burocracia funcional- como apéndice y extensión de sus políticas.


10. Lo cierto es que en Chile aumenta sostenidamente el sector de trabajadores contratistas y subcontratistas (más del 70 % de la fuerza productiva y de servicios del país ya está tercerizada); en general, las mujeres ganan un tercio menos que los hombres por realizar el mismo trabajo, y la línea de la pobreza está delimitada arbitrariamente en los $ 50 mil pesos; cifras, en general, que consolidan el funcionamiento de una democracia antipopular y una burguesía sin proyecto de desarrollo para el conjunto de la sociedad.


11. Un 70 % de la fuerza laboral en Chile cambia de empleo (o de relación contractual) entre 3 y 4 veces al año y menos de la mitad cuenta con un contrato de trabajo indefinidido. Por su parte, la fuerza laboral ligada a la explotación de productos agrarios sufre condiciones laborales todavía peores que los trabajadores de las grandes ciudades. Su situación de obrero agrícola, empeora aún más en el llamado "sector temporero" donde los salarios son miserables y los trabajadores (normalmente mujeres y adolescentes) laboran en peligrosas condiciones de higiene y seguridad. Sólo marginalmente logran cristalizar sus demandas a través de una pequeña expresión sindical.


12. En la actualidad, los países capitalistas centrales, como efecto de la llamada “burbuja inmobiliaria” originada en Norteamérica, viven una crisis económica que ha pasado de una “desaceleración económica”, a una eventual recesión de dimensiones todavía insospechadas. Pese a la clásica “tendida de mano” y liquidez proporcionada por los bancos centrales de USA, la Unión Europea y Canadá, entre otros, a las entidades financieras en riesgo de quiebra, se transita de una crisis crediticia a una crisis de mercado. Resumidamente, se asiste a un proceso de contracción de la demanda de consumo de los norteamericanos (que representa el 72 % del crecimiento imperial) con inciertas consecuencias. Según los analistas de la propia burguesía, el enorme crecimiento de China (alrededor de un 12 %) ha ralentizado el despliegue de la crisis a escala mundial. Gran parte de la producción cuprífera chilena se exporta a los países asiáticos, y en especial a China. Sin embargo, un reflujo de los niveles de consumo de las grandes economías podría incidir en la demanda del cobre chileno, cuyos valores sometidos a la mundialización del capital financiero y especulativo importaría la crisis a un país tan frágil –aunque con importantes ahorros todavía (30 mil millones de dólares)- como Chile.


13. Durante el 2006, las masivas protestas escolares contra la bancarrota de la educación pública, y luego el 2007 los trabajadores forestales, los subcontratistas del cobre, y otros múltiples sectores menos estratégicos para el capital, rompieron la paz de cementerio reinante en el país, realizando largas huelgas por reivindicaciones económicas, cuyas demandas políticas (renacionalización del cobre, por ejemplo) se diluyeron al no contar con un movimiento popular debidamente organizado. Sin embargo, los trabajadores -la clase que produce la riqueza de Chile- retoman paulatinamente su rol histórico tras el cual debe ordenarse el conjunto de rebeldías anticapitalistas y demandas multisectoriales del país. El escenario de emergencias laborales parece reiniciar lentamente un nuevo ciclo de lucha de clases. Ante el pavor de la burguesía, hasta la iglesia católica ha denunciado las ominosas inequidades del modelo y propuesto un salario mínimo, incluso mayor que el negociado por la CUT de Martínez. Del mismo modo, el gobierno ha instalado una "Mesa de Equidad Social" y habla de pacto y cohesión social (acordados por los de arriba y sin pueblo) para "aligerar" la violencia de la explotación frente a eventuales movimientos de los de abajo que podrían espantar inversionistas y aminorar ganancias.


14. Como resulta histórico –salvando algunas nuevas maneras-, los dispositivos materiales que reproducen el sostén cultural e ideológico de la alienación requerida por el capital se encuentran en la escuela, el ejército, la iglesia, la empresa, el relato político dominante y el control monopólico de la clase en el poder de los medios de comunicación de masas (en especial, de la televisión). En su conjunto, los dispositivos de la alienación propalan la resignación, la igualación del consumo a la felicidad, la fatalidad del actual orden de cosas, el temor, la espectacularización de los acontecimientos y sus personajes, el espejismo de la enseñanza formal como palanca social, los metadiscursos para especialistas, la mala conciencia, la participación bajo control e irrelevante, el analfabetismo funcional, el consenso como imposición vertical, la lumpenización de las relaciones sociales, la idiotez indolente y el egoísmo.


15. Históricamente, las posibilidades de la construcción de la hegemonía de los intereses de los trabajadores y el pueblo están ligadas a las luchas concretas contra las relaciones de dominación, el capital y los patrones; la alfabetización política; la arquitectura sincrética, mestiza, creativa, cultural y simbólica devenida de las necesidades y experiencias concretas propias de las grandes mayorías; la religión liberadora; la ética insobornable; la solidaridad; la dignificación de los contenidos y formas genuinas de las clases dominadas; y la edificación incesante del malestar colectivo frente a los privilegios de la minoría en el poder.

MATERIALES PARA UNA TÁCTICA

16. El archipiélago microscópico de los empeños anticapitalistas de toda laya, como efecto complejo y dinámico de un período todavía no explícito y franco de lucha de clases, se debate entre el movimientismo autoreferente y restringido temáticamente, el localismo insuficiente, el aparatismo político social, y la ausencia de un nuevo proyecto histórico emancipador de los trabajadores y el pueblo que contenga potencias nacionales, vocación necesariamente internacionalista, de mayorías y de poder.

17. Por su parte, la dirección de los partidos de la izquierda tradicional y un conjunto de iniciativas menores y parciales apuestan a la inclusión sistémica crítica, subordinando los embriones de movimiento social a sus agendas políticas y de supervivencia orgánica. Al respecto, la crisis de conducción de la izquierda tradicional se manifiesta a través de desprendimientos que adquieren carácter orgánico autónomo, marcha a otros empeños políticos, o simplemente, destrucción de militancia popular.



18. Por otro lado, en potencia, con algunas certezas y abundantes dudas, agrupaciones anticapitalistas todavía simbólicas, pero involucradas concretamente en episodios de lucha social, ya comienzan a arriesgar y producir volitivamente ciertas condiciones para dar pasos hacia la unidad. Se trata, diferenciadamente, de organizaciones estudiantiles secundarias (y cierta presencia universitaria), organizaciones poblacionales ligadas a la demanda por la vivienda y contra el alza del costo de la vida, iniciativas sindicales de pelea que implícita o abiertamente apuestan a la independencia política de las clases subalternas y critican dura y fundadamente la conducción progubernamental de la CUT; originarios por la defensa de recursos vitales (agua, tierra) y proyecciones identitarias; grupos por una Asamblea Constituyente (con todas las consideraciones críticas al respecto), la renacionalización del cobre, el fortalecimiento de la sociedad civil, mediombientalistas resueltos, autonomistas e, incluso, genuinos colectivos socialdemócratas antineoliberales, entre otros. Cada uno de estos capítulos de reorganización popular todavía camina por vías paralelas, pese a que, de acuerdo a las prácticas y los discursos allí dominantes, existe un diagnóstico general más o menos común del actual período. En cada uno de estos polos de reagrupación hay una sólida sintonía en torno a la necesidad de la lucha directa contra el poder y sus expresiones; formas democráticas de funcionamiento y constitución; preeminencia de la lucha de masas; e independencia del sistema de partidos políticos hegemónico y a las instituciones que sostienen el modelo. Sobre las estrategias respecto del poder, la discusión sobre el papel de la participación en la democracia electoral, los sujetos principales de la transformación necesaria y los bordes de las convergencias, todavía se hacen a puerta cerrada, mirando hacia atrás y para los territorios transfronterizos. El debate tarda en comenzar, pero sus piezas iniciales ya existen.


19. Cada una de estas iniciativas, por sí solas, e incluso todas juntas, todavía no contienen el tonelaje suficiente para influir significativamente en el escenario político nacional. Sin embargo, en la potenciación combinada y organizada de sus luchas se abren posibilidades, hoy inexistentes aún, de convertirse en referente de trabajadores y pueblo (o pueblos como distinguen algunos). En rigor, son embriones de pueblo para-sí, que de manera parcial irrumpen incidentalmente en la arena de la lucha social, lejos del calendario gastado de las izquierdas tradicionales. Su composición tiene de microorgánicas de inspiración rebelde (más que de marxistas y revolucionarias de acuerdo a las categorías de la década de los 60 y 80 del siglo pasado), grupos de inspiración ácrata, independientes antisistémicos, generaciones jóvenes, ex militantes de destacamentos populares, etc. El camino para concertar los tiempos necesarios para su unidad (sin perder identidad, ni subsumirse al sector eventualmente más arropado políticamente) tiene mucho de voluntad, trabajo en terreno, construcción de confianzas, respeto mutuo y superiores alturas políticas. Aquí se habla de empeños que efectivamente consideran su visibilización y la lucha real en perspectiva de superar los aparcelamientos y las miradas cortoplacistas y puramente económicas o testimoniales.


20. Si el malestar social y político que resume cada uno de estos empeños respecto de las desigualdades, injusticias y mala vida que ofrece el actual modelo a las grandes mayorías lograra, paso a paso, dinámica y flexiblemente, constelarse en tiempos relativamente acotados y mediante la producción de incidentes unitarios, sin duda, resultaría un avance de calidad ante el panorama reinante.


21. ¿Pero cómo alcanzar la unidad? Si el punto de llegada táctico para la etapa se resumiera en la construcción de un Frente Anticapitalista (regido por la independencia política de la clase y con el nombre que se convenga), es decir, una expresión político social amplia, con vocación de masas, de mayorías, con convicción de lucha, multisectorial, de existencia nacional, éticamente incuestionable, democráticamente devenida; fuertemente propagandística (en su sentido polidimensional), prácticamente solidaria, inclusiva, porosa, como una suerte de continente de los de abajo, cuyo total sea más que la suma de sus partes, y constituya la superación concreta de la agregaduría de siglas vacías, ya se estaría frente a un nuevo actor político popular que, en potencia, podría formalizarse como alternativa en el futuro.


22. Pero un Frente Anticapitalista es un punto de llegada. En cada activo de intervención y construcción genuina de trabajo político de masas, las organizaciones convocadas deben ser capaces, premeditadamente, de condensar las demandas, formas de organización y tramado concreto que explicite la necesidad de la unidad bajo los contenidos antes anotados, y que, a la vez, sea capaz de provocar los hechos político sociales, en alta sintonía popular y democrática, que precipiten no tan sólo el encuentro, sino que la necesidad del encuentro, la materia básica, irreductible, de la necesidad de la consolidación y frecuencia del encuentro.


23. El punto de arranque táctico está en las iniciativas políticas de masa concretamente existentes. La facultad dinamizadora de las organizaciones sociales y políticas (o político-sociales) debe considerar un puñado de contenidos tremendamente nítidos, elementales, simbólicamente decodificables para amplias franjas de trabajadores y pueblo. Esos contenidos subyacen en cada una de las luchas sociales actualmente en situación embrionaria. El rol del motor político constituyente es la traducción sintética de las demandas más acuciantes y que, al mismo tiempo, faciliten la acción directa y la confrontación de acuerdo a las proporciones del continente de fuerzas en construcción. Ni vanguardismos, ni economicismos posibilistas. Y asimismo debe rastrear los métodos más adecuados, más simples e incuestionables, más básicos y amigables, y ponerlos rápidamente en práctica.


24. El establecimiento de un Frente Anticapitalista no se crea en frío. Sus componentes iniciales ya existen como dispersión, e iniciativas locales, sectoriales y regionales. Al respecto, las voluntades políticas deben poner en tensión sus habilidades, multiplicar sus empeños y colocarse a disposición de un horizonte táctico claro, evaluable periódicamente, rectificable, autocrítico, perfectible. La voluntad política convocada, paulatinamente se acera en el ejercicio de la unidad popular, y comparte, obligatoriamente, los modos y contenidos de la recomposición premeditada y concordada democráticamente de las fracciones de los trabajadores y el pueblo en disposición creciente de lucha.

Andrés Figueroa Cornejo
Septiembre 21 de 2008




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lunes, 22 de septiembre de 2008

A propósito de la cumbre UNASUR


SI PIERDE EL PUEBLO BOLIVIANO, PIERDEN LOS PUEBLOS DEL MUNDO
1. En Pando los mataron los asesinos. 30 campesinos bolivianos muertos y más de 100 desaparecidos. Indios, pobres, pueblo que a tientas, en medio de la oscuridad cerrada de siglos de dominación y catástrofe, hoy amanecían para fortalecer un gobierno democrático que, paulatinamente, construye su estatura de humanidad nueva. La misma Bolivia que el Che observó como territorio desde donde comenzar la liberación mayor hace más de 40 años. La misma Bolivia, mil veces expoliada, mil veces rota por la oligarquía del odio de raza y de clase que se acuartela y lanza sus dentelladas criminales desde Santa Cruz, Tarija, Tobija y Pando. Lo que no saben los patrones, los gringos, los fascistas de siempre, es que el futuro es indio, mestizo, trabajador, mujer y muchacho pobre y repobre, y que reunidos, son mano en la mano, empuñadura, memoria centelleante, rebelión, cabeza y corazones. Y que son más, muchos más. Y que la indignación telúrica y antigua como el aire hace trizas los miedos y enarbola el coraje. Pero los patrones, los gringos, los fascistas de siempre ya lo sabrán.
2. Los Presidentes agrupados en la joven Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR), Evo Morales, Hugo Chávez, Rafael Correa, Cristina Fernández, Luis Lula da Silva, Tabaré Vásquez, Fernando Lugo, la anfitriona, Michelle Bachelet, y el innombrable colombiano, se reunieron por más de 6 horas en el Palacio reconstruido de La Moneda luego de su bombardeo hace 35 años, en el corazón cívico de Santiago de Chile. El objetivo fue tratar lo que ocurre en Bolivia, la pobre, ante la ofensiva fascista digitada por las clases dominantes y el imperialismo norteamericano contra el gobierno más popular del Continente (acaso, del mundo). Los acuerdos firmados se resumen en defender la democracia (es decir, la institucionalidad democrática formal) y propiciar el diálogo entre las partes en conflicto (?). Concretamente se creó una Comisión de Apoyo y de Asistencia al Gobierno de Bolivia, en función de sus requerimientos, incluyendo recursos humanos especializados. La composición política del encuentro explica matemáticamente los acuerdos previsibles. Lo positivo es que la cita reveló en los hechos, la inutilidad de la Organización de Estados Americanos (engendro paraimperialista) a la hora de los temas significativos, y que, pese a que participó el colombiano cachorro innombrable del imperio, no hubo representación oficial norteamericana. La declaración de buenas intenciones convenida mantiene las posiciones tal como estaban antes de la cumbre. Podría decirse que la señal mancomunada hacia la agresión imperialista es tibia, sin sabor, ausente de contenidos relevantes. ¿Es mejor que nada?
3. Lo negativo del encuentro en Chile fue la contención de Bachelet a que en el texto final se aludiera al gobierno norteamericana como propulsor de la trama golpista que se desenvuelve en Bolivia. Manifestando, como dicen los psicólogos, una relación doble vinculante respecto de la realidad, Bachelet invitó a los Presidentes Morales, Fernández y Chávez al salón de homenaje al Presidente Salvador Allende en La Moneda, quien, refrendado abundantemente por desclasificados de la CIA norteamericana, fuera saboteado en el gobierno de la Unidad Popular por la Casa Blanca desde antes que asumiera su investidura de Mandatario. ¿Humor negro?
4. Naturalmente, contra el despliegue concreto y la radicalización de la lucha de clases en el país altiplánico, una Comisión (política muy empleada en Chile para resolver formalmente y por secretaría las pugnas irreconciliables de la sociedad) apenas comporta, por el lado de la ingenuidad conveniente, buenas intenciones. Sin embargo, la mala conciencia vibra bajo las palabras y el papel mojado de la declaración definitiva del encuentro. En rigor, apelar al diálogo entre una minoría golpista, fascista, atrincherada en argumentos de disfraz autonómico y cada vez mejor armada paramilitarmente por sicarios sin más ley que el salario sucio de la patronal, contra la inmensa mayoría del pueblo boliviano que lucha, reloj en mano, por construir una sociedad más justa, es reconocer como interlocutor válido a los poderosos seculares en Bolivia. ¿Qué significa el diálogo en concreto? ¿Frenar las iniciativas pro populares del gobierno, aplacar la organización creciente del movimiento social boliviano, ofrecer más garantías y tiempo a la oligarquía fascista? El diálogo, en general, tiene como condición la igualdad interlocutiva, la tolerancia, el deseo genuino de concordar. ¿Es posible el diálogo ante los crímenes de los ricos en Bolivia, que no se han reservado estrategia alguna para desbaratar un gobierno de mayorías a través de todas las formas de violencia imaginables para recuperar por completo sus granjerías históricas?
5. Si retrocede el gobierno de Evo Morales en los aspectos sustantivos de su programa (que, en buenas cuentas, no se sustenta sobre un proyecto socialista, sino sobre materias democráticas de inspiración popular y redistributivas económicamente), pierde el pueblo, y la minoría privilegiada -a la que no le interesa el voto mayoritariamente incuestionable cuando de sus intereses de clase se trata- gana por todos lados. Gana en reconocimiento, gana tiempo de recomposición, gana en la institucionalización de sus enclaves territoriales, gana en propaganda y en ropaje político. Si, además, el texto oficial de la cumbre, no menciona al titiritero mayor, no alude ni por error la intervención flagrante y repetida del gobierno norteamericano en los asuntos latinoamericanos, los resultados del encuentro son pirotecnia dilatoria, falsa conciencia, mal teatro.
6. Pero Bolivia no es Chile. Bachelet es Presidenta por descarte y alienación; Morales como figura política, representa movimientos sociales auténticos, a la mayoría pobre y originaria, a un complejo popular que contiene liderazgos menos publicitados, pero que saben que la historia corre contradictoria y dinámicamente de la memoria al poder. “No se detienen los procesos sociales ni con la felonía, ni con el crimen”, sentenció Allende en su mensaje final. Y largas franjas de pueblo boliviano ya apresuran su armadura históricamente necesaria. Lejos de ideologismos librescos, frente a la violencia del puñado de privilegiados que con metralla y dólares procura imponer sus condiciones y la razón expoliadora de sus intereses, existe un pueblo profundo que no se engaña, multiplica sus organizaciones y blinda su causa universal, humana hasta los huesos. Los pueblos por naturaleza no son belicosos, aman la paz, quieren trabajar tranquilos y vivir con dignidad. ¿Pero si una y otra vez, durante “siglos estelares” el patrón criollo y el extranjero les destruye la vida, el entorno, el trabajo, las esperanzas; no llega el momento crucial, la inflexión histórica provocada por mil variables que impone la lucha en un estadio superior, franco, desnudo de terrores, sintético en valor ancestral y organización para el triunfo de los más?
7. Si pierde el pueblo boliviano, pierden los pueblos del mundo. La solidaridad latinoamericana e internacional, en todos los planos, apremia. Y mientras arden episodios más resueltos de lucha en el territorio boliviano, allí mismo, como un espectro de ética luminosa, recorre los caminos embarrados de Bolivia la memoria viva de un hombre emboinado que ya es de todos los justos y de todos los tiempos. El Che, que hace más de 40 años, impacientemente, viene forjando, junto a los pueblos, la estrategia fabulosa de la emancipación boliviana y latinoamericana.

Andrés Figueroa Cornejo
Septiembre 17 de 2008





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lunes, 15 de septiembre de 2008

UN MUERTO LA NOCHE DEL 11 DE SEPTIEMBRE; EL OBRERO DE LA CONSTRUCCIÓN JUAN SOTO



El 11 de septiembre último, alrededor de las 21:00 hrs., un brutal accidente ocurrido en la construcción de la Torre Titanium, en la comuna de Vitacura, terminó con la vida del obrero enfierrador, Juan Alberto Soto.
La Torre Titanium –que busca ser la segunda más grande de Latinoamérica- es propiedad de Abraham Senerman (apodado “El rey del metro cuadrado”). Allí se pretende erigir la Portada de Vitacura, un edificio para fines comerciales y financieros.
El obrero Juan Soto se encontraba en el piso 27 de la construcción cuando producto de una situación que todavía debe ser aclarada, sufrió un golpe fatal de una estructura metálica. Mientras se escribe esta nota, su cuerpo aún se encuentra en el Instituto Médico legal.
La empresa Titanium ha acumulado una serie de denuncias laborales por exceso de jornada y horario de trabajo; falta de higiene y seguridad para los obreros; y prácticas antisindicales. Las denuncias abarrotan la Inspección del Trabajo de Las Condes. Sólo el 27 de agosto pasado, tres obreros sufrieron un accidente debido a deslizamientos de tierra en la base de la construcción que los llevó a la Mutual de Seguridad, mientras la Seremi de Salud inició una investigación al respecto.
El obrero Juan Alberto Soto era oriundo de Angol, novena Región, y se había trasladado a trabajar a Santiago buscando un mejor porvenir.
El fono contacto para acopiar mayores informaciones es el 9-2653636.

Andrés Figueroa Cornejo
Septiembre 12 de 2008

jueves, 11 de septiembre de 2008

EN PRIMAVERA SE ENCUMBRA EL MALESTAR SOCIAL


1. En general en el mundo y en Chile, el capital se concentra, se torna monopólico, y sus intereses corporativos se entroncan genéticamente con los estados capitalistas centrales. En su revés, el trabajo, como efecto de un proceso de transformación del patrón de acumulación y organización de la producción, el comercio y los servicios financieros, se disgrega, se expresa orgánicamente a través de millones de moléculas legales y materiales dispersas, desarticuladas. Por eso el sindicalismo tradicional, el sindicalismo de empresa, ya no se condice con las nuevas formas de organización y explotación del trabajo, y sólo representa a una fracción minoritaria de la fuerza laboral chilena. A diferencia de Europa, por ejemplo, donde también la sindicalización ha decaído considerablemente, pero fórmulas alternas privilegian las negociaciones colectivas (en más de un 60 %) para debatir las relaciones y la distribución del plusvalor, y por consiguiente, parte de las utilidades de cualquier industria; en Chile, la legislación no consagra la negociación colectiva y niega la huelga. Esto quiere decir, que las maneras contextuales que el sindicalismo conoció antes de 1973, simplemente, hoy resultan inútiles para la inmensa mayoría de los trabajadores.
La Central Única de Trabajadores de la que habló con justificado orgullo el Presidente Salvador Allende en su famoso discurso en la ONU en diciembre de 1972 se fundaba sobre una sindicalización que superaba el 30 % de la fuerza laboral nacional, el contrato indefinido, el trabajo estable, una relación relativamente compensada entre la contradicción capital / trabajo, la indemnización a todo evento y sin tope, una previsión social meridianamente decente, grandes extensiones de fuerza laboral ligada a empresas nacionales o mixtas, organizaciones por área o rama económica, y derechos sociales que, si bien insuficientes, vivían una explosiva y creciente expansión. Todo lo anterior enmarcado por el ascenso de las luchas de los asalariados y los pueblos en innumerables lugares del mundo, y con una suerte de retaguardia contenedora –criticada, pero basculadora, en los hechos- en los denominados “socialismos realmente existentes”.

2. Pero todo ello es historia hacia la primera década del nuevo milenio. Desde la refundación capitalista en Chile (o contrarrevolución patronal o neoliberal), la ofensiva de la burguesía digitada por las políticas más extremistas del laboratorio de los economistas de Chicago, los dictados del FMI, el Banco Mundial, la OMC, el BID e instituciones asociadas, ha readecuado estratégicamente la organización del trabajo en Chile. En la actualidad –independientemente de las tonalidades casi indiferenciadas entre el régimen militar y los gobiernos civiles post dictadura- ya prácticamente, no existe industria nacional (salvo rémoras sin peso económico sustantivo), la economía en su sentido profundo y no temático o sectorial, se funda en la explotación del cobre, la madera, actividades comerciales vinculadas a las importaciones beneficiadas por tratados de libre comercio asimétricos y proteccionismo cero; el subcontratismo; el multigiro legal de una misma matriz patronal; la flexibilidad laboral; y el ingreso masivo en desigualdad de condiciones al mercado laboral de las mujeres, los inmigrantes y los jóvenes. El capital financiero, otrora puesto de una u otra forma al servicio de áreas productivas, hoy gobierna sobre instrumentos crediticios altamente parasitarios y especulativos, como capital que se reproduce sobre su propio movimiento ficticio, más distante que nunca de la llamada “economía real”. Las tramas del capitalismo extremista en Chile tienen que ver con el superconsumismo, el sobreendeudamiento, la precariedad e inestabilidad laboral. Tanto para los pobres de siempre, como para franjas de profesionales ilusionados por la movilidad social y la reificación de un concepto de educación que, en concreto, hoy proletariza y envía a numerosos contingentes de jóvenes formados en las universidades a labores que no tienen nada que ver con la oferta vocacional o funcional recibida, el actual modelo de acumulación del capital dinamita radicalmente las formas tradicionales de organización del trabajo.

3. Si la mayoría de la fuerza de trabajo chilena carece de contrato indefinido (más de un 50 % de los asalariados labora “a honorarios” o con contrato a plazo fijo, o por faena o meta cumplida), no puede sindicalizarse (o si lo hace, debido a la debilidad de la fragmentación cuantitativa y, por tanto, también cualitativa de la fuerza posible de constelar bajo un mismo patrón jurídico, sus niveles de negociación son nimios), ¿Qué modos de organización demanda el actual estado de la división y multifragmentación del trabajo impuestos por el capital?
La actual Central Unitaria de Trabajadores y su composición pueden sobrevivir con tranquilidad. El sostén real de sus fuerzas está en los funcionarios públicos, los profesores (que son una mezcla de profesionales-proletarios), y un conjunto de sindicatos-empresa sin capacidad objetiva de negociación. En este caso, la tesis del desarrollo desigual y combinado del capitalismo funciona inmejorablemente. En rigor, la CUT del siglo XXI, con su conducción, procedimientos, composición, formas de enfrentar los conflictos, discursos y maneras de negociar, no representan sino una parte minoritaria de los trabajadores chilenos. De algún modo, hoy vive sus límites históricos posibles de acuerdo a la organización hegemónica del trabajo. Aunque un buen día, la mayoría de los asalariados chilenos quisieran ser parte de CUT y desde allí mejorar sus condiciones de existencia, simplemente, no podrían hacerlo. Al respecto, vale decir que el Código del Trabajo –fundado en el derecho civil y no laboral- es fiel reflejo de las relaciones capital / trabajo realmente existentes y la organización social dominante de la producción de la riqueza.

4. ¿Para qué sirve la CUT, entonces? En términos simbólicos, la Central todavía contiene grados significativos de autoridad popular a la hora potencial de convocar al movimiento social tras demandas convenidas. Ello es parte de la historia chilena, más allá de las fuerzas concretas que agrupe la multisindical. Sin embargo –y colocando entre paréntesis el carácter de institución domesticada y altamente funcional respecto del gobierno concertacionista, y, por extensión, de los intereses estratégicos de la minoría en el poder-, una Central de trabajadores que rime con las condiciones reales de la explotación laboral y sus formas actuales hegemónicas, tendría, necesariamente, que dar una vuelta de tuerca más que relevante a sus propios fundamentos, métodos, prácticas y discursos. La refundación de la organización de los trabajadores, además de recobrar sus notas originales de independencia de clase y lucha anticapitalista, debe construir formas flexibles, multidimensionales, inclusivas, que, en los hechos, desborde los límites del sindicalismo tal como está constituido hoy. En este sentido, las conducciones y embriones de organización de trabajadores más avanzadas y jóvenes, más democráticas y éticas, más independientes y antiburocratizantes, tienen que componer sus propias respuestas, asumir creativamente las nuevas modalidades de la organización del trabajo para el combate franco contra el capital en mejores condiciones de lucha. Los anarquistas de finales del siglo XIX y principios del XX; junto a Recabarren y Clotario Blest siempre serán fuente de inspiración ética y volitiva en esta hora dura. Ellos supieron enfrentar con imaginación, convicción unitaria y claridad estratégica las imposiciones del capital. Respondieron, sin duda, con fortaleza y en medio de la incertidumbre las más crueles embestidas de la oligarquía de su época. Y, si bien, la organización del trabajo ha cambiado esencialmente respecto de ese período fundacional del movimiento obrero en Chile, los materiales hondos de su madera deben constituir continuidad ética y horizonte político de las maneras que demanda hoy la recomposición de la organización necesaria y contemporánea de los trabajadores y trabajadoras de Chile. Por historia, y por el lugar objetivo en el proceso de acumulación y base de dominación del capital en Chile, los asalariados –en su presentación compleja- son motor capilar para remontar el reflujo transitorio del protagonismo político de los intereses de los trabajadores y el pueblo.

5. Las encuestas continúan reflejando el descontento de los chilenos ante el sistema político que manda, sus instituciones, iniciativas y movimientos. Según el último estudio de Adimark (consultora de estudios de mercado de capitales chilenos y alemanes), en agosto de 2008, un 42,1 % de la gente aprueba la gestión de Bachelet y un 46,1 % la desaprueba. Un 80 % desaprueba el sistema de transporte colectivo Transantiago; y sólo un 30 % aprueba la actual política económica. En general, un 16,8 % de los consultados aprueba la gestión de la Concertación (ya no personificada en Bachelet); un 19,9 % aprueba a la Alianza por Chile, y cerca de un 50 % no se pronuncia. Un 62 % de los encuestados manifiesta una percepción negativa de la Concertación, mientras un 57 % siente lo mismo por la Alianza por Chile. Sobre temas específicos, los consultados en un 62 % desaprueban la gestión educacional del gobierno; un 58 % desaprueba la política económica; un 57 % la gestión en el ámbito de la salubridad; y un 51 % rechaza la gestión en orden al medio ambiente.
Como en Chile no existen referendos ni plebiscitos de ninguna especie, y las encuestas en su conjunto, ya denuncian una clara tendencia en las áreas arriba enunciadas, se puede avizorar una crisis de credibilidad y confianza en relación al actual ordenamiento político dominante que cobra rangos estructurales. Naturalmente, sin alternativas construidas desde el campo popular y anticapitalista –salvo episodios e iniciativas simbólicas y testimoniales- la reproducción del actual orden de cosas puede todavía dormir en paz. Mientras se escribe este artículo, aún no ha transcurrido la noche del 11 de septiembre donde diversas organizaciones sociales y políticas han convocado a caceroleos y protestas ante los nefastos efectos de la inflación sobre los salarios, que a 12 meses, varía entre un 9 % a un 11 %. Sólo los alimentos han aumentado su precio en casi un 15 %, mientras las remuneraciones nominalmente congeladas y realmente arrastradas a la baja, gatillan un malestar atmosférico incuestionable. El superávit fiscal –que a fin de año alcanzará los 30 mil millones de dólares producto, principalmente, de la demanda cuprífera- continúa bajo llave, aguardando la agudización de la crisis económica para ir a socorrer a la minoría empresarial.
A 100 años del natalicio de Salvador Allende, y a 35 del golpe de Estado, las fuerzas de abajo convocadas históricamente para revertir un Chile injusto, desigual y oligárquico, comienzan a expresar su descontento de manera confusa, pero sostenida. Y, como suele ocurrir, si los rebeldes de ayer son hoy parte del aparato del Estado, han jubilado sus proyectos sociales emancipatorios, y, en el mejor de los casos, permanecen mordiendo la nostalgia, tendrán que ser las nuevas generaciones junto a franjas de militancia popular que enfrentó bajo jefaturas invisibles el último tramo de la lucha antidictatorial, quienes tomen de una buena vez las riendas de la reconstrucción política de los trabajadores y el pueblo. Con imaginación, con unidad, y a tientas. Que ya está claro que nada volverá a repetirse tal cual y sólo se cuenta con los presentes.

Andrés Figueroa CornejoSeptiembre 11 de 20



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