martes, 10 de diciembre de 2019

Chile. El ojo popular denuncia las violaciones de los derechos humanos y organiza el porvenir

Andrés Figueroa Cornejo 
En el Día Internacional de los Derechos Humanos y en la jornada 53 días desde el inicio del levantamiento social en Chile, en la Plaza de la Dignidad de Santiago fueron los ojos. Agrupados, multiplicados, trazados sobre cartón. Los ojos, la humanidad y su sentido más sagrado. La medida de la justicia, ojo por ojo, y el espejo, retorno y reconocimiento. El ojo y su pupila insomne, la puntería y la traducción de la luz. El ojo que, según las últimas cifras del Instituto Nacional de Derechos Humanos, ha sido lesionado o mutilado a más de 350 personas.
Durante la tarde de este 10 de diciembre, la Coordinadora por los Derechos de los Pueblos (una articulación de colectivos, defensores de los DDHH, piquetes jurídicos, asambleas territoriales, etc.), luego de realizar un periplo por el centro de la ciudad, arribó a la Plaza de la Dignidad, ex Plaza Italia.
“Nacimos para dar respuesta a la violación sistemática de los DDHH producida por el régimen de Sebastián Piñera y de sus dos ministros del Interior, Andrés Chadwick y Gonzalo Blumel, a partir del 18 de octubre”, explica Roberto Dorival, miembro de la Coordinadora y activista histórico por la lucha, defensa y promoción de los DDHH en el país.
“Creemos que el movimiento tradicional de DDHH ha sido sobrepasado por la actual coyuntura, debido a una lógica que entiende que los DDHH sólo se violan en tiempos de dictadura, no dando cuenta de que en los 30 años de democracia tutelada han continuado los abusos, la impunidad y se ha coexistido con un andamiaje dictatorial”, dice Dorival y añade que “Los mismos jóvenes que apoyaron a Pinochet allá en Chacarillas por el año 1977, son ahora los que están gobernando el país. Son los civiles de la tiranía quienes continúan perpetuando la herencia dictatorial. Por eso nos apuntan a los ojos. Por eso desde el poder se aplica el método tristemente conocido en Colombia de los ‘falsos positivos’, como la aparición de cuerpos de personas calcinadas que han sido encontradas luego de cruentos incendios de grandes establecimientos comerciales y que fueron asesinadas con antelación, tal como lo demuestran los informes forenses”.
Roberto Dorival indica que el Estado “se ha tornado mucho más sofisticado en sus maniobras. Para eso envió a funcionarios policiales a ‘estudiar’ fuera de Chile. Y es por ello que decimos que el movimiento tradicional de DDHH tiene que ponerse al día. Ahora bien, confiamos en que despierte y comprenda que nuestra lucha es una tarea permanente e independiente del gobierno de turno. Las administraciones de la Concertación y de la Nueva Mayoría también aumentaron los presupuestos de las policías, también facilitaron la destrucción extractivista de la naturaleza y de las comunidades en ella; también militarizaron criminalmente al Wallmapu y a la resistencia del pueblo mapuche”.
-¿Cómo volver nacional la Coordinadora?
“Concentrándose en la base, en las asambleas territoriales, populares y ciudadanas. En todos los espacios que se da nuestro propio pueblo, deben surgir las articulaciones por la defensa de los DDHH. Para la actividad de hoy, Los ojos del Pueblo acusan al Estado terrorista, creamos un evento en Facebook con esa consigna. Allí pueden contactarse quienes se consideren un aporte en esta dimensión de la lucha”.
En la Plaza, los manifestantes fueron duramente reprimidos. Temprano, Piñera se refirió a los DDHH haciendo un fuerte hincapié en los ‘daños’ sufridos por la policía militar y, cómo no, silenciando los resultados de las investigaciones realizadas por Amnistía Internacional, Human Rights Watch, otras entidades mundiales y todas las nacionales en orden a denunciar la brutal violencia con que el gobierno ha intentado destruir las protestas sociales.
Por otra parte, sin dejar las calles, son muchos los grupos sociales que han resuelto enmontañarse en la organización territorial, poblaciones y barrios, establecimientos educacionales y lugares de trabajo, con el objetivo de convertir la energía popular acumulada en formas superiores de articulación y resistencia.
La crisis económica global ya inicia sus expresiones en Chile mediante la caída de la inversión y el estancamiento o franca baja en todos los índices macroeconómicos. Igualmente, el Fondo Monetario Internacional recién se refirió a que la intensificación de la guerra económica entre China y Estados Unidos tendrá repercusiones especialmente negativas en las economías latinoamericanas más expuestas, como Chile y Perú. Al respecto, la economía chilena, precisamente, en materia de exportaciones e importaciones, se explica por sus lazos sanguíneos con China y EEUU, primero, luego países de la Unión Europea y, finalmente, algunas naciones de la región.
Frente a ese panorama, los sectores más atentos del movimiento popular buscan su fortalecimiento acelerado ante el despliegue de nuevos momentos de la crisis en curso que, tal como ocurre secularmente, los poderes que gobiernan pretenden que pague la inmensa mayoría social.

jueves, 5 de diciembre de 2019

Chile. Dos mil prisioneros políticos y la emergencia de una coordinadora de derechos humanos

Andrés Figueroa Cornejo  

El 14 de noviembre, carabineros le instaló una bomba molotov en el bolso al trabajador Mauricio Cheuque de la Población la Victoria, “sólo porque es de apellido mapuche”, dice su esposa. “Ya le hicieron el peritaje de manos y no le encontraron nada. Fue torturado y atropellado por la policía. Sin embargo, estará preso por lo menos dos meses, que es lo que tarda la investigación. Me destruyeron la vida”.
El caso lo tomó primero la Defensoría Pública del Estado. “Pero no avanzó nada. Tuve que contactar a la Defensoría Popular para que progresara su situación”, asegura la pareja del poblador cautivo.
Otra familiar de prisionero político afirma que “hay carabineros de civil infiltrados entre la multitud, como el teniente David Gaete, que van repartiendo implementos a los chicos para defenderse de la Fuerzas Especiales, y luego son tomados detenidos, como mi sobrino”.
Según el informe de la Fiscalía Nacional de Chile, desde el 18 de octubre, inicio del estallido social en el país, al 30 de noviembre, la cifra de personas que pasaron por audiencia de control y detención fue de 30.102 personas. De ellas, 20.217 fueron formalizadas, y 1.957 han quedado en prisión preventiva.
Por su parte, Candelaria Cortés, vocera de la Coordinadora por la Libertad de las Prisioneras y Prisioneros Políticos 18 de Octubre, informa que “nuestra organización nació hace pocos días con el fin de visibilizar la situación de las y los prisioneros políticos que han sido detenidos durante este período. También buscamos aunar a todas las familias de las personas privadas de libertad. En muchos casos, las familias están acompañando a sus presos sin mucho soporte ni conocimiento. Por eso en la Coordinadora nos hemos juntado distintas individualidades y agrupaciones de derechos humanos para exigir la liberación inmediata de las y los compañeros”.
Asimismo, el abogado del Comité de Defensa del Pueblo Hermanos Vergara Toledo indica que “son dos mil prisioneros políticos en las cárceles. Acá existe un trato represivo durísimo contra las personas que luchan y hacen uso de su derecho a rebelarse frente a este sistema injusto. A todas estas personas se les ha aplicado la Ley de Control de Armas, que es una legislación draconiana y que permite que las personas pasen inmediatamente a prisión preventiva. También han aplicado la Ley de Seguridad Interior del Estado, doctrina política que busca intentar que la gente no se alce. Además, hoy nos vemos en medio de un paquete de leyes represivas que vienen a profundizar lo opresión. La tendencia de este, como de los anteriores gobiernos, es criminalizar a los movimientos populares a través de la cárcel. La demanda urgente es la libertad de las y los prisioneros políticos y su reconocimiento”.
En el nombre de los familiares y amigos de las y los prisioneros políticos, una de las voceras de la recién amanecida Coordinadora 18 de Octubre manifiesta que “Desde hace un mes y medio hemos sido remecidos por masivas movilizaciones contra la desigualdad social, las privatizaciones, la corrupción y el saqueo. Millones han cuestionado en las calles el modelo económico y la Constitución impuesta en la dictadura de Pinochet. Contra el clamor popular, el gobierno impone una represión violenta y sistemática; una veintena de asesinadas y asesinados, cientos de mutilaciones y pérdidas de uno o dos ojos a causa de balines disparados por carabineros, junto a miles que han sido baleados. Se trata de detenciones ilegales, torturas, abusos sexuales, violaciones y represión diaria contra un pueblo que no retrocede”, y añade que “La política represiva de Piñera ha buscado criminalizar las movilizaciones, capturando a miles de manifestantes, reforzando la función de la cárcel como una perversa herramienta de control social que busca castigar la pobreza, la disidencia y a los que luchamos”.
La vocera de la iniciativa plantea que “Como familiares y amigos de los prisioneros políticos, más individualidades y colectivos comprometidos con esta lucha, invitamos a formar una coordinadora amplia que aglutine el reclamo de libertad inmediata. Estar detenidos o detenidas es la otra cara de la violación de los derechos humanos del pueblo chileno. Son, por lo tanto, presos políticos que están secuestrados por las fuerzas represivas del Estado. Exigimos la inmediata liberación junto al reconocimiento nacional e internacional de su condición de prisioneros políticos. Rechazamos la aplicación arbitraria del paquete de leyes represivas por parte del gobierno de Piñera”. La luchadora social termina llamando “a dirigentes sociales, estudiantiles, sindicales, políticos, feministas, ambientales, a todos y todas a coordinar una campaña internacionalista como apoyo a las y los presos políticos del país, que rechace tajantemente la violación sistemática de los derechos humanos y la represión impuesta por el gobierno.”
Lo de arriba ocurrió en las afueras de la cárcel Santiago 1, este 5 de diciembre. La dependencia penitenciaria está a cuatro estaciones del Metro donde se levanta La Moneda. Allí, bajo las órdenes del jefe del Departamento de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, Piñera, su gabinete y los intereses que representa, planifica la organización del odio contra el movimiento popular. Incluso con la anuencia, salvos honrosas excepciones, de prácticamente todo el sistema de partidos políticos con representación parlamentaria, como quedó demostrado, una vez más, en la votación del 4 de diciembre pasado en el Congreso que prohíbe el derecho a la protesta social con penas que cualquier autocracia fascista envidiaría.

domingo, 17 de noviembre de 2019

Chile. Asambleas Populares: “Estamos por una nueva sociedad proveniente desde abajo”

Andrés Figueroa Cornejo 
Luego de la fórmula constituyente fraguada a puerta cerrada por los parlamentarios miembros del sistema de partidos políticos institucionales, ya comienzan a hacerse oír las voces profundas de un pueblo que arrancó su organización propia, en negación y promesa de superación del régimen de la ganancia privada. Es el caso de las Asambleas Populares Autoconvocadas del gran Santiago.
Uno de sus voceros, Fernando Palma, informó que, “somos una coordinadora de asambleas de la Región Metropolitana. Acá estamos tres de los cuatro voceros, porque ayer la vocera de la seccional norte, la Paloma, recibió una lacrimógena en la cabeza y se encuentra de cuidado. Nos estamos organizando desde el mismo 18 de octubre, cuando inició el movimiento, y como pueblo, somos el poder constituyente, somos la soberanía”.
Por su parte, Renato Milla, también vocero, señaló que, “nosotros no estamos esperando a que la casta política y el empresariado sigan poniéndose de acuerdo en cómo seguir defendiendo sus privilegios y granjerías. Muy por el contrario, nosotros estamos levantando las grandes demandas y derechos del pueblo de Chile, en la idea de edificar una gran constituyente popular autoconvocada”.
-¿Y cómo se ligan con otras experiencias similares a las de ustedes que existen a lo largo del país?
“Lo nuestro es una coordinación en permanente crecimiento y articulación con otras formas de organización que resuelva cada zona, de acuerdo a sus modos. Esperamos que en determinado momento, se elijan delegados que participen de una gran constituyente popular que sintetice las demandas del pueblo. Y realizamos esta práctica frente a una institucionalidad que secuestró nuestra soberanía. La fuerza popular constituyente ya se puso en marcha”.
Daniel Jiménez, otro vocero de la coordinación, comunicó que, “este 18 de noviembre se cumple un mes del alzamiento, y junto con muchos buscamos que se exprese la voluntad popular de que nuestro proceso constituyente termine con la creación de un nuevo Estado y una nueva sociedad proveniente desde abajo. Totalmente lo contrario que las pretensiones e intereses de las élites. Este 18 de noviembre efectuaremos cortes de calle, toma de instituciones simbólicas del poder, para acabar con una concentración masiva en la Plaza de la Dignidad, ex Plaza Italia, a las 17.00 horas”.
-¿Ustedes están construyendo un proceso independiente respecto del Estado y las clases sociales que lo soportan?
“El proceso constituyente del pueblo comenzó el 18 de octubre, y debido a la exclusión propia del sistema, se ha desenvuelto por fuera de la institucionalidad. Y esa independencia la practicamos en asambleas y en las calles, a la vez. Rechazamos los cabildos inventados por las municipalidades y por el sistema de partidos políticos del parlamento que sólo quieren aprovechar las energías y fuerzas populares para sus fines e intereses, completamente contrarios a los de la mayoría social”.
-¿Cuándo se reunirán como Asambleas y de qué manera se puede tomar contacto con ustedes?
“El próximo sábado 23 de noviembre, en la comuna de Santiago, en la calle Maipú 424, tenemos una nueva cita, pero esta vez a nivel nacional. Y mientras tanto, la forma de contactarnos lo más rápido posible es mediante la cuenta Twitter @AsambleasA”
Por su parte, Víctor Chanfreau, vocero de la Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios, ACES, indicó que, “la solución no está en la falsa paz y la nueva constitución de la que hablan los parlamentarios, sino que en la lucha, en las calles y los territorios”.
La otra vocera de la ACES, Ayelén Salgado, dijo que, “en el congreso vendieron las demandas de los movimientos sociales. Nos hablan de paz cuando estamos sufriendo una represión policial brutal. Sólo en la población Lo Hermida, los uniformados realizan invasiones que se han saldado con más de 350 personas heridas. A los secundarios y dirigentes sociales nos continúan persiguiendo. Ya vimos que la institucionalidad existe sólo para defender a los empresarios y a la clase política. Por eso seguiremos movilizados”.
Los miembros de las Asambleas Populares, justo antes de ofrecer su mensaje, se percataron de que muy cerca de allí se encontraba en un punto de prensa Beatriz Sánchez, la ex candidata a la presidencia del Frente Amplio, uno de los grupos que participó en la cocción constituyente de los partidos políticos de la institucionalidad. La gente de las Asambleas Populares, como los ciclistas que se estaban reuniendo en la Plaza de la Dignidad para protestar sobre ruedas, rodearon a Sánchez, acusándola de ‘traidora’ y ‘cómplice’ del proyecto constitucional antipopular. La funa o denuncia pública interrumpió la conferencia de prensa de la líder del Frente Amplio, quien debió retirarse rápidamente en su coche, en medio de cánticos y gritos nada amistosos con su papel político en la actual contingencia.


miércoles, 13 de noviembre de 2019

Chile. A casi un mes del alzamiento, Piñera tiembla frente al despeñadero

Andrés Figueroa Cornejo 

Una vez más, y cuando aún no acaba la jornada de protestas populares, este martes 12 de noviembre, Piñera y su gabinete ha aparecido en cadena nacional de medios masivos de comunicación para no ofrecer soluciones a los derechos sociales por los cuales hace casi un mes, millones de personas están en movilización permanente en todo el país.

Antes de su alocución, las opiniones en las redes sociales se dividían entre quienes esperaban el anuncio de su renuncia, y quienes aguardaban el establecimiento del estado de sitio y el retorno, todavía mucho más cruento, de los militares a las calles.
Sin embargo, el todavía presidente Piñera se limitó a ofrecer tres puntos que ya había mencionado profusamente antes: un “acuerdo por la paz y contra la violencia”; una indefinida “agenda social”; y el acuerdo con el sistema de partidos políticos de la institucionalidad para ‘cocinar’ una “nueva constitución”, con una inextricable mayor “participación de la ciudadanía”.

En términos de represión en contra del pueblo en lucha, llamó a reintegrarse a las policías a aquellos efectivos que habían pasado a retiro recientemente para que colaboren con los vigentes.

En el mismo tono, se atrevió a decir que su gobierno “no tolerará ninguna violación de los derechos humanos”, y, a la vez, que desde el miércoles 13 de noviembre se perseguirá y castigará a quienes hayan “incitado y fomentado actos de violencia”, de acuerdo a la Ley de Seguridad Interior del Estado. Esto último pareciera apuntar a reprimir a liderazgos sociales, aunque aún tiene que ponerse en práctica para evaluar su impacto y sentido.
Además de una intensificación de la criminalización sobre la población que se está manifestando, Piñera fue incapaz de mostrar nuevas cartas. Al parecer, ya no las tiene.

La debilidad política de Piñera respecto de los soportes de las fuerzas tradicionales de la derecha dura y subordinada al imperialismo estadounidense, como la misma oficialidad de la FFAA o el alto clero, lo coloca al desnudo frente a una población que sólo espera su caída definitiva.

Él es el principal responsable político de la violación sistemática de todos los derechos humanos contra miles de chilenos. Ni siquiera merece la pena recordar las más de 20 personas muertas en las protestas; las violaciones a mujeres y hombres por uniformados; la tortura repetida contra menores de edad; el horror de la pérdida de la visión, parcial o total, que provocado el espanto mundial; el uso de armamento de guerra ante un pueblo desarmado.

Lo cierto es que a las fuerzas, intereses y grupos sociales que representa Piñera, les interesa mucho menos “acordar” alguna combinatoria de cambio constitucional con la oposición institucional, que perder su puesto en La Moneda. ¿Habrán medido con mayor exactitud las relaciones de fuerza y la naturaleza del movimiento que la propia oposición? ¿Prefieren mantener a su peón de turno en el Ejecutivo que realizar algunas concesiones menores a la Constitución de Pinochet?

La lucha por la salida de Piñera del Ejecutivo continúa siendo el primer desafío de un pueblo que ha despertado y durante cuatro semanas no deja de multiplicarse y destruir el miedo tras su paso. Los procesos constituyentes son posteriores a la resolución del problema del poder. Y el poder está en manos de la oligarquía aún. Por lo demás, cualquier fórmula de nueva constitución demanda los tiempos largos que Piñera y los suyos necesitan para intentar recomponerse. La oposición institucional no termina de comprender la totalidad contradictoria y en pleno desenvolvimiento de un movimiento inédito. Los manifestantes continúan reproduciendo su descontento antiguo, pese al terror mediático y las municiones. Duros son los caminos de la libertad.

miércoles, 30 de octubre de 2019

Chile. Jornada 13 del alzamiento popular: Piñera cruje

Andrés Figueroa Cornejo 


Cuando corre la jornada treceava del alzamiento popular en Chile, no existe agrupación ni partido político capaz de liderar la movilización. Sólo existen convocatorias anónimamente viralizadas o firmadas con publicidad. Pero se trata sólo de convocatorias, de anuncios de puntos de encuentro. Esto es, resulta imposible en términos reales, que alguna fuerza en particular o grupo de interés, por bienintencionado que sea, pueda arrogarse el acaudillamiento de una pueblada cuya fortaleza se sostiene principalmente en la juventud, en estudiantes, trabajadores menores de 30 años, en escolares feministas que enarbolan la bandera mapuche, en quinceañeros animalistas y veinteañeros eco-luchadores. Por supuesto que participan diversas generaciones de pueblo empobrecido y profesionales precariados. En esta nota sólo se releva al sujeto social predominante. Que de jubilados en la miseria también se aplanan las calles del país.
Este 30 de octubre, el aún presidente Sebastián Piñera informó que los encuentros internacionales APEC (Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico) y COP25 (Conferencia sobre el Cambio Climático de la ONU) ya no tendrán por sede a Chile. Algunos gobiernos habían anunciado días antes que no asistirían a las cumbres multinacionales debido a las protestas populares.
Del mismo modo, el peso se deprecia verticalmente respecto del dólar y las acciones de las empresas que cotizan en los casinos bursátiles se desploman a diario. El disruptivo retorno de Chile a Latinoamérica, en todos los sentidos, pero sobre todo financiera y económicamente, adelantan el despliegue de la crisis mundial en curso, y cuyo pico se pronosticaba para el año venidero. La imagen país y su atractivo para la inversión capitalista, desapareció en menos de dos semanas. La paz social que requiere el gran empresariado para su reproducción y ganancia, comienza a extinguirse. Piñera y su administración se vuelve un escollo para los grandes grupos económicos. Pero los ricos no tienen amigos sino que intereses. Por tanto, si Piñera, aun siendo de los mismos, pone en riesgo sus utilidades, pues se cambia.
Las causas de la crisis social y la exposición nítida de la lucha de clases, se han situado genéricamente en la desigualdad social y la ausencia de derechos sociales y humanos garantizados. Al respecto, el académico marxista argentino Rolando Astarita, en un artículo reciente señala que, “el crecimiento capitalista en Chile genera riqueza, y en relación a esa riqueza, la pobreza aumentó. Es que la pobreza se define en relación con la riqueza general de la sociedad. Y en particular, en relación a la riqueza concentrada en la clase dominante”.
En el mismo texto, Astarita cita a Marx cuando el filósofo habla de períodos en los cuales aumenta el capital productivo: “Una casa puede ser grande o pequeña, y en tanto las casas circundantes sean igualmente pequeñas, la misma satisface todos los requisitos sociales que se plantea una vivienda. Pero si se levanta un palacio junto a la casita, esta se reduce hasta convertirse en una choza”.
La explicación aplica en algunos segmentos medios de la sociedad chilena que, ciertamente, no remuneran el salario mínimo, ni el promedio nacional de los sueldos que es apenas un poco superior al mínimo. Al respecto, debido al liberalismo ortodoxo impuesto desde la segunda parte de los 70’ del siglo XX, en Chile las mercancías en forma de bienes y servicios saturan todas las relaciones sociales existentes. Todo tiene valor de cambio o debe comprarse o venderse. En consecuencia, es el propio pueblo en su automovimiento quien debe conquistar esos derechos sociales, sin que tengan que ser costeados por los salarios o ingresos (la relación entre trabajo en relación de dependencia y el trabajo informal es prácticamente mitad y mitad), los cuales ya están deprimidos sustantivamente por la deuda doméstica.
Siempre en el campo de las causas del alzamiento popular y la hegemonía de la juventud en ella, al menos cabe dejar planteado que el régimen capitalista específico del país, al sostenerse, tanto por efecto como premeditadamente, sobre una alienación y disciplinamiento social altamente sofisticado y represivo, produce su propia negación. La juventud se observa así misma carente de porvenir, distópica, muy lejos de la épica que alimentó a la generación de jóvenes que lucharon contra la dictadura. Esta vez se trata de menores de 30 años que nacieron a la consciencia en medio de una crisis civilizatoria y de horizonte de sentido. Amanecieron existencialmente secuestrados por el calentamiento global, la guerra armamentista atómica y la más feroz incertidumbre; su tratamiento como segmento de mercado; su condición de súper explotado.
Por otra parte, y más allá de considerar que las asambleas constituyentes son procesos que se implementan luego de resolver el problema del poder (como lo ilustra la historia, tanto en América Latina, como en el mundo), cualquier transformación estructural para conquistar parcialmente el bienestar de las grandes mayorías, tiene como condición la caída del régimen de Piñera.
En tanto, la humanidad desarmada de los pueblos de Chile está llamada a procurarse su más pronta auto organización y autodefensa racional básica.
Es insoportable el olor de la sangre de tanto pobre asesinado, torturado, violado, desaparecido, baleado, tuerto y malherido por las municiones del monopolio de las armas del Estado.
La resistencia continúa y el final es abierto.
Fotos: Osvaldo Tello, Antonio Kadima, CC y AFC.











sábado, 26 de octubre de 2019

Chile. Millones de corazones para cambiar la vida

Andrés Figueroa Cornejo 
25 de octubre de 2019, Santiago de Chile, octava jornada de movilización popular. Alrededor de dos millones de personas en la capital y tres millones en todo el país, marchando. Las grandes alamedas, avenida y espalda fundamental de esta plaza austral que contiene 18 millones de seres humanos, se intimidaron ante tanto mundo reunido.
Todos los géneros nacidos y por nacer, todo el amanecer agrupado. Nadie hegemonizó. Ni un partido político ni muchos partidos políticos. Ningún grupo de interés ligado al poder. Ni líderes de ocasión, ni ex líderes, ni post líderes. Los átomos diversos de tanta humanidad constelada no hicieron ni escucharon discursos. Simplemente se reconocieron como iguales y únicos. Contradictorios, frágiles, veteranos, recién brotados. Mestizo, mapuche, pálido, feminista, ambientalista, crítico absoluto, crítico parcial, combatiente contra el régimen capitalista, antimilitarista rabioso, luchador por los derechos sociales y humanos. Aventurero, tímido, nostálgico, futurista, huraño, besador. Combinado y asimétrico. Tal cual la realidad cuando se expresa plenamente.
(La televisión de los pocos dueños de todo, dice que “habló la calle”. Donde pone “calle” debe ir “pueblo”. Releva hasta el hartazgo que se trató de “la marcha más grande de la historia de Chile”, pero, premeditadamente, convierte el medio en el fin. Fetichiza el instrumento popular. El objetivo, la justicia social y las transformaciones estructurales para vivir con la dignidad que aún no existe, lo rezaga a un lugar anecdótico. No importa, porque al menos tres millones de corazones saben la verdad.)
La encuesta Pulso Ciudadano de Activa Research “Crisis en Chile”, realizada los días martes 22 y miércoles 23 de octubre pasados, reveló que las movilizaciones cuentan con un 83 % de aprobación popular. El rechazo al gobierno de Sebastián Piñera alcanzó el 80 %. El ministro del Interior y primo-hermano de Piñera, Andrés Chadwick, tuvo apenas un 5% de aprobación. El 61,5 % de los consultados consideró que las medidas anunciadas por Piñera no son suficientes para resolver la crisis devenida, principalmente y según el 56 %, de la desigualdad social. Casi el 89 % de los sondeados estima que es preciso aumentar el salario mínimo, mientras el 77,5 % que los servicios básicos deben bajar de precio.
¿Qué banderas hubo? Dos: de Chile y del Pueblo Nación Mapuche. Es majaderamente necesario reiterar que nadie condujo la marcha. Esto es, nadie puede “capitalizar” electoralmente la movilización millonaria. Cuando la gente grita que “Chile despertó”, se quiere significar que la población mayoritaria de las clases populares y trabajadoras ya no está dispuesta a sobrevivir como lo ha hecho hasta ahora. Que las relaciones sociales, el orden establecido, deben modificarse orgánicamente. Este es uno de los procesos históricos en que la magnitud, la cantidad, alcanza un nivel capaz de dar un salto de cualidad respecto de una situación determinada. La inflexión de calidad es histórica. Por tanto, las cosas ya no pueden mantenerse como hasta ahora se desenvolvían. Lo público cuestiona lo privado; el protagonismo de la sociedad critica en la práctica el régimen de la oligarquía y la ganancia; el derecho a la vida subordina el derecho a la propiedad.
Las y los jóvenes, como los no tanto, exigieron la renuncia de Piñera, el fin del estado de emergencia, la vuelta de los militares a los cuarteles, justicia para los asesinados, malheridos, desaparecidos, violadas y torturados por uniformados durante estos días. Y también entonaron las canciones del grupo de rock Los Prisioneros, el más popular del país desde que lanzaron su placa “La voz de los 80” en plena dictadura pinochetista. Los temas más coreados fueron ‘El baile de los que sobran’, y ‘No necesitamos banderas’. Al respecto no es necesario abundar en explicaciones. Igualmente se vitoreó el estribillo del internacionalmente conocido “El pueblo unido”, y “El derecho de vivir en paz” del asesinado artista los primeros días de la tiranía, Víctor Jara. La canción de Víctor Jara fue creada en el marco de la solidaridad con el pueblo de Vietnam que entonces decidía su libertad e independencia, combatiendo contra las tropas estadounidenses.
La marcha que divide la realidad social entre un antes y un después, fue reprimida en puntos mínimos. Gases químicos y agua mezclada con gases químicos fueron profusamente lanzados sobre los manifestantes que se encontraban a una cuadra de La Moneda. No importa. Desde hace ocho días es el aire natural que se respira en Santiago.

viernes, 25 de octubre de 2019

Chile. El factor anticapitalista

Andrés Figueroa Cornejo 
Que el alzamiento popular en Chile ya transite su séptima jornada este 24 de octubre sin conocerse espacios sociales y políticos que por sí solos puedan proclamar sus prerrogativas sobre el movimiento, no significa que no existan organizaciones en su interior. De hecho, en medio de las multitudes, tanto en las concentraciones populares a escala territorial, como en las más centrales y visibles, los grupos sociales que se referencian con una identidad política distintiva son un lugar común.
La sensibilidad política general de la protesta se expresa en contra de las instituciones en su sentido más amplio. ¿Qué quiere decir eso? El malestar de la población corresponde a un complejo profundo que no limita con objetivos puramente económicos. Incorpora en sus motivaciones un acumulado histórico propio de las relaciones sociales devenidas del vínculo contradictorio entre señor y siervo, entre opresores y oprimidos. Entonces no se trata de una «masa» que persigue una mera “negociación sindical” o un “promedio” entre peticiones y ofertas. El movimiento no busca “un consenso”. No emergió desde abajo, volcánicamente, para “llegar a un acuerdo” con los poderes establecidos, independientemente de cómo se resuelva la coyuntura. El movimiento, en su propio despliegue y conforme a las particularidades originales de la sociedad chilena en un espacio-tiempo dado, crea la narración identitaria de su despliegue. “Renuncia de Piñera y establecimiento de una sociedad justa”, “Que termine la represión y el estado de excepción, el toque de queda, y que los milicos vuelvan a los cuarteles”, son conceptualizaciones elementales que podrían aproximarse, hasta hoy, este 24 de octubre, a las aspiraciones mediatas e inmediatas del alzamiento popular.
No obstante, y como parte dinámica de la realidad, por diferentes causas y momentos anteriores a la explosión de la protesta, existe, por ejemplo, un compuesto de dirigentes sociales ligados a fracciones del Frente Amplio y a la ex Nueva Mayoría, y su entorno no militante orgánicamente. No es una formación homogénea. Es inestable, pero su cemento se resume en un conjunto de acuerdos mínimos y vocación orientadora políticamente.
Pero no es la única fuerza que aspira a “tener su lugar en el mundo”, y en el movimiento real en lucha, con el objetivo de constituirse en autoridad democráticamente legitimada.
Además de grupos ligados a las culturas libertarias, y de otras tradiciones emancipatorias, se acaba de formalizar el Polo Social Anticapitalista. Según la dirigenta de la Central Sindical Clasista de Trabajadoras y Trabajadores de Chile, Catalina Rojas, “Nuestro llamado es a la conformación de un polo social anticapitalista que avance en la confluencia de organizaciones sindicales y sociales, y articule a trabajadoras, trabajadores, estudiantes y pobladores y pobladoras bajo una plataforma de lucha común que ponga como horizonte la lucha contra el capitalismo para acabar con toda opresión y explotación”, y añadió que, “este polo social debe germinar desde la independencia de clase sin permitir la cooptación de la clase en el poder ni de ninguno de sus organismos ni organizaciones”.
La sindicalista informó que “Se realizará una convocatoria amplia a conformar este bloque a todas las organizaciones que se definan anticapitalistas y antipatriarcales para levantar la articulación del pueblo en lucha”.
Sin dudas, no sólo se multiplica una politización y consciencia respecto de los derechos sociales y humanos por parte del movimiento popular y social que, en su derrotero, cuestiona el régimen de la ganancia e impone la necesidad vital del bienestar común, como no ocurría desde hace décadas. No sólo el miedo se desploma como arma disolvente del poder. También diversas composiciones políticas y sociales con mayores definiciones y tomas de posición, se suman al movimiento de desobediencia popular, esta vez, de manera diferenciada. Semejante comportamiento político amerita un análisis e interpretación que no cabe en una nota tan breve como la presente.
Al término del texto, el Instituto Nacional de Derechos Humanos reportó que este 24 de octubre hubo casi 3 mil personas detenidas en todo el país; 582 personas heridas, de las cuales 295 lo fueron con armas de fuego. En el centro de Santiago trascendió que hay 40 personas heridas con perdigones en la Posta Central. Los perdigones son municiones policiales de 6 milímetros, de metal recubierto con goma. Por eso tantos heridos han perdido la visión de uno de sus ojos. La comisión de DDHH del Senado solicitó a los uniformados la no utilización de perdigones. Sin embargo, las razones de la represión no platican con el parlamentarismo.

jueves, 24 de octubre de 2019

Chile. 6ª Jornada de lucha: Hasta que renuncie Piñera y prime el bien común

Andrés Figueroa Cornejo  
Ya en la sexta jornada de lucha del pueblo chileno por la conquista de sus derechos sociales y humanos inexistentes desde hace casi medio siglo, en las principales ciudades del país se realizaron marchas pacíficas que, a diferencia de las anteriores, no sólo reunieron a jóvenes entre los 15 y los 30 años de edad, sino que a una franja etaria que promedió los 35 a 45 años. ¿Por qué? Debido al llamado a huelga general hecho por la agrupación Unidad Social en cuyo seno está la Central Unitaria de Trabajadores, CUT, y, especial y numerosamente, la Asociación Nacional de Empleados Fiscales, ANEF.
No se trata de que existe todavía alguna organización o grupo de organizaciones sociales con la capacidad y autoridad popular suficiente para convocar por sí sola a las incontables personas que participan a diario y de manera exponencial en las manifestaciones. Al respecto, la crisis del sistema de partidos políticos y de aglutinamientos sociales dentro y fuera de la institucionalidad, es la norma hasta ahora. Ocurre sí, que la convocatoria a huelga general de este 23 de octubre, en efecto, contó con la asistencia de sindicatos, gremios y la autorización para marchar desde la Plaza Italia de Santiago hasta la calle Santa Rosa, hecho que, felizmente, permitió una caminata de inestable tranquilidad por un par de horas. Otro tanto ocurrió en Concepción, Valparaíso y otras localidades.
Pero no por permitidas, las marchas no fueron reprimidas por las Fuerzas Especiales de Carabineros, como se ilustra profusamente en las imágenes de la jornada.
De acuerdo a las autoridades de DDHH del país, oficialmente habrían 22 personas muertas, más de 5 mil detenidas, cientos de torturados, jóvenes violadas por uniformados, y población desaparecida.
Se mantiene el estado de emergencia y el toque de queda. En Santiago, a diferencia de días anteriores, se dictaminó el toque de queda desde las 22.00 del 23 de octubre hasta las 04.00 horas del 24 de octubre. O sea, se atrasó la medida con el probable fin de dar señales de normalización a los mercados.
En ese sentido, tanto JP Morgan como las bolsas internacionales golpearon la economía chilena, depreciando el peso respecto del dólar de manera ostensible, y castigando el riesgo país que orienta las inversiones. Ello, más las presiones de la costilla liberal de la derecha en relación a la conservadora, han provocado el distanciamiento y «quitada de piso» a Piñera y su régimen a causa de las pérdidas en las ganancias de los grupos económicos más poderosos e influyentes del país. Hay quienes aventuran que incluso podría ser posible que sectores de la propia oligarquía y la embajada de EEUU en Chile estén considerando seriamente la renuncia de Piñera y el término de su forma de enfrentar el alzamiento popular. De hecho, con la militarización de todo el territorio nacional, no se ha frenado el movimiento, sino que todo lo contrario, con el agravante de las negativas consecuencias financieras para la minoría ínfima del gran empresariado, clase social que es la que verdaderamente sostiene el orden existente, las relaciones sociales dominantes y el poder. Por eso la actual ingobernabilidad daña estratégicamente sus utilidades y multiplica su incertidumbre.
Este jueves 24 continúan las protestas. Que no por las utilidades, claro. Sino que por el bien común.

miércoles, 23 de octubre de 2019

Chile. Piñera pretende frenar el alzamiento popular con medidas de miseria

Andrés Figueroa Cornejo  
Aumenta la muerte de manifestantes. 15 personar dice el gobierno. Pero el asesinato militar es de cifra oculta, de desaparición de cuerpos, de criminal adoctrinado contra los pueblos. ¿20 a 45 personas? Los heridos y torturados son nomenclatura más opaca todavía. Al compañero mío Juan Caripán, dirigente de la toma de terreno en la comuna de Cerro Navia, la Violeta Parra, efectivos de la policía lo llenaron de perdigones en el rostro, violando todo procedimiento, mientras protegía junto a otros un almacén de barrio miseria para impedir su ataque. ¿De quién los ataques? Algunos delincuentes comunes. Sí. Pero también, según grabaciones hechas con teléfonos móviles ciudadanos, se sorprende a carabineros y militares destruyendo propiedad pública y privada, montando escenarios para justificar la represión más impune. Y además están los grupos fascistas mezclados entre la población que protesta, con el fin de fabricar violencia artificial.
¿Quiénes protestan? Una mayoría social entre estudiantes de secundaria y jóvenes de 30 años. El precariado sin miedo que exige en la práctica tomar el devenir y el futuro en sus manos.
El Paquete de Piñera
Este 22 de octubre, a las 21.30 horas, por cadena nacional el mandatario Sebastián Piñera, en un mensaje desesperado ante el escalamiento de las protestas, anunció medidas de lo que llamó “agenda social”.
¿Cuáles fueron los titulares de la batería de proyectos de ley que, supuestamente, tendrían que comenzar a tratarse inmediatamente en el Congreso? Piñera mencionó aumentos de las pensiones más bajas a cargo de aportes fiscales directos y complementarios. La demanda popular de No más AFP se mantiene tan vigente como desde el comienzo: el negocio privado del ahorro forzoso fue intocado.
Sobre el ámbito de la salud pública, anunció un seguro de enfermedades catastróficas con un techo que, superado, cubrirá el Estado. Dijo que se ampliará el Fondo Nacional de Salud, Fonasa, para reducir el precio de los medicamentos.
Refirió a un ingreso mínimo garantizado de 350 mil pesos mensuales (482 dólares) para las y los trabajadores. La diferencia entre el actual salario mínimo y el Estado lo pagaría el fisco, lo que significa que el “incremento” sería un nuevo subsidio al empresariado.  Señaló “mecanismos de estabilización del precio de la electricidad” y anular el casi 10% de aumento de la electricidad que se impondría en lo inmediato. Piñera indicó el envío de un proyecto de un impuesto de un 40 % a las rentas superiores a los 8 millones de pesos mensuales (11 mil dólares). En concreto, se trata de la invención de un nuevo tramo impositivo a los ya existentes. Asimismo, manifestó que las comunas de altos ingresos deberían contribuir a las de menos ingresos. También expresó la reducción de la dieta parlamentaria y de los más altos sueldos de los funcionarios públicos, y la limitación del número de diputados y de reelecciones. De igual modo, hizo referencia a un proyecto de ley de beneficio a la infancia; y a sala cuna universal. Dijo que se disminuirían las contribuciones para los ancianos más pobres.
La “agenda social” de Piñera, que intenta retornar la gobernanza al momento anterior a las masivas protestas, no satisface en modo alguno los derechos sociales y demandas elaboradas por el pueblo alzado. No existe ninguna modificación estructural en el régimen chileno basado en la explotación de humanidad y expoliación de la naturaleza. Los recursos fiscales para financiar el paquete “social” (que costaría alrededor de 1200 millones de dólares, según los tecnócratas del gobierno) provienen de las propias tributaciones regresivas que paga la población, como el IVA. Se desconoce si esas mismas medidas no vendrán de, por ejemplo, préstamos del FMI o el Banco Mundial cuyas consecuencias nefastas sobre los pueblos son bien conocidas en la región.
No se nacionalizará ni medio nacionalizará ningún bien natural, como el litio, el cobre u otro mineral. No se tocó el levantamiento del estado de emergencia, el toque de queda ni la militarización del país. Nada se dijo sobre los asesinatos cometidos estos días. Ni siquiera se movió un solo ministro.
Lo último: Piñera tuvo la cara de invocar un verso del fallecido poeta y narrador uruguayo Mario Benedetti. El literato inolvidable sabrá atormentar el mal sueño del postulante a autócrata chileno.

lunes, 21 de octubre de 2019

Chile. Disculpe las molestias, estamos luchando para usted

Andrés Figueroa Cornejo  
Destruido el miedo a la libertad, se desmoronan los dioses del poder y sus fetiches auxiliares. Una juventud con tantos motivos como estrellas disparando luz, que llena las arterias de todo Chile. Ya no es sólo Santiago, ni el pasaje del Metro, ni sólo estudiantes. A lo largo del país estrechado entre mar y cordillera, también se agregaron los trabajadores portuarios y los mineros de La Escondida. El martes 22 de octubre el paro nacional fue convocado por las y los trabajadores de la salud pública, área completamente hecha polvo por la falta de presupuesto y trágicamente famosa por los miles de pacientes que han fallecido en espera de su turno de atención.
No es posible dar cuenta de todos los momentos de resistencia y lucha que llenaron y aún acontecen durante la jornada del 21 de octubre. Históricas son las cifras de detenidos (el 21 solamente, se alcanzó el guarismo oficial de más de 1500 personas), heridos, torturados por la policía, familiares que buscan a manifestantes desaparecidos, y asesinados.
Sebastián Piñera y el equipo central que administra el Estado oligarca, policial y militarizado de Chile, ya están estorbando hasta las clases dominantes. La bolsa ha caído un 4 por ciento y en cualquier instante se puede comunicar la debacle en el ranking de riesgo país. Lo cierto es que la imagen país está enterrada, librada al despeñadero de la fuerza de gravedad y descrédito para la inversión capitalista.
Por arriba, la institucionalidad no da pie en bola. Este lunes en la principal sede de la Central Unitaria de Trabajadores, CUT, de la capital, los presidentes de los partidos de la oposición institucional (de la Democracia Cristiana hasta el Frente Amplio y el Partido Comunista) se reunieron para acordar, sin éxito, alguna propuesta de salida política en común. Como no fue posible, se reunirán mañana 22. En la misma sede se efectuará una Asamblea Popular sindical y gremial.
Mientras tanto Piñera comienza a sentir la soledad y hostilidad de sus ex partidarios. Por cadena nacional habló de que está en guerra contra una entelequia que no explicó qué era, pero que tendría planes, organización y poderes sobrenaturales. No le creyó la vieja y terrorista retórica del alucinatorio enemigo interno ni siquiera el jefe de seguridad nacional, el general Iturriaga del Campo, puesto en ese cargo especial para casos de estado de emergencia y toque de queda por el propio Piñera. El militar, especialista en doctrina de guerra, dijo por la mañana del día siguiente que, “soy feliz y no tengo enemigos”. Horas antes, una fracción más “liberal” de la derecha, en voz de su intelectual orgánico y fabricación de la cadena oligopólica del diario El Mercurio, Carlos Peña, ya se desmarcaba por televisión del discurso oscurantista. Uno tras otro, los dirigentes de su sector expresan sus grietas políticas y le quitan el piso.
La solidaridad internacional, ternura de los pueblos y mano que nutre el ánimo incombustible de la población en lucha, se multiplicó como pan repartido por todo el mundo. Y también la resistencia mapuche tendió su mano. Diplomacia de los pueblos, le dicen.
Cuando la realidad es sólo tránsito, fugacidad, incertidumbre y combate pacífico por la conquista de los derechos sociales y humanos, este 21 de octubre, en el centro de Santiago (que no está muerto, Silvio, que no te lo mataron, como profetizaste en una canción hace más de cuatro décadas), el movimiento real, el factor subjetivo, las fuerzas sociales, en su protesta chocan contra los intereses de la minoría insignificante en el poder. Esa humanidad es sobre todo juventud de vocación libertaria. Antimilitarista, encara a los militares para que se vuelvan a los cuarteles, que esto no es cuestión de ustedes. Antifascista que ofrece razones y exige bienestar social ahora ya.
Ruge la esperanza en el temblor de la libertad; la democracia de decisiones comunitarias; la vida nueva y creada socialmente. No más objeto, ni mercancía, sino que sujeto protagonista, respetuoso de la naturaleza, feminista.
Esta inflexión histórica se encuentra en pleno desarrollo.

sábado, 19 de octubre de 2019

Chile. Santiago alzado: No es el Metro, es el pinochetismo que agoniza


Andrés Figueroa Cornejo 


Ver a mi pueblo humillado huyendo, pisoteado, gaseado, baleado, apaleado, es mi derrota.

Ver a mi pueblo desesperado buscando una salida, es mi derrota.

¡Nosotros y nuestras derrotas somos invencibles!

Mauricio Redolés

"Protesto por tanta injusticia, por tanto abuso y porque nuestra voz no es escuchada jamás", dice una persona anónima, un perfecto y corriente desconocido en la Plaza Ñuñoa de Santiago. Ya es sábado 19 de octubre y las protestas populares que arrancaron con el alza del pasaje del Metro, se han tornado en expresión de los derechos sociales inexistentes en un país que representa la caricatura del manual del liberalismo ortodoxo más doctrinario. Las relaciones sociales, vueltas mercancía; los bienes comunes privatizados; una oligarquía conservadora culturalmente y rabiosamente liberal en el plano económico. Un orden sintetizado desde la dictadura militar como Estado policial y antipopular; fiesta de la concentración capitalista, y dominio de los grandes grupos económicos que brutalmente destruyen competencia, imponen los precios y subordinan a las pymes en la cadena de valorización, de acuerdo a la proyección de su tasa de ganancias. Chile primario exportador, plataforma financiera de buena parte de Sudamérica, agobiado por el extractivismo y sus consecuencias nefastas sobre las comunidades y la naturaleza. Chile desigual, que importa no sólo las tecnologías que no producen sus industrias ausentes, sino que hasta los alimentos y los bienes textiles. Chile dependiente de la economía China, estadounidense, de Europa y al final, del intercambio con los países de la región. Chile grisáceo, suicida, explotado y expoliado: viejos que no quieren jubilar porque los espera la miseria, y jóvenes sin porvenir con o sin títulos de educación superior.

“Yo voy a protestar hasta que se arregle la vida”, afirma una joven que golpea una cacerola ante la cara de un militar. Sí, un militar. Porque el presidente de ultraderecha Sebastián Piñera, una de las piezas de Washington en el continente, y su equipo de gobierno, con el fin de terminar con las poderosas manifestaciones populares del 17 y sobre todo del 18 de octubre, en la madrugada del 19 decretó el estado de excepción en su forma de estado de emergencia constitucional. ¿Qué significa? Además de aumentar todavía más la dotación de Fuerzas Especiales de Carabineros, la seguridad nacional queda en manos del general Iturriaga del Campo durante 15 días y tropas militares se toman las calles de la Región Metropolitana. Se prohíben las protestas, las reuniones públicas y la movilización. Es un virtual estado de sitio y con posible toque de queda basado en la Doctrina y Ley de Seguridad Nacional Interior del Estado. O sea, el enemigo político militar del Estado y sus administradores es el propio pueblo chileno. Aunque el pueblo, en este caso, sólo se manifiesta pacíficamente. Está desarmado. Su izquierda política está diezmada. La institucional y la otra. Claro que el pueblo tomó la precaución hace mucho tiempo de no tener ninguna confianza con ninguna institución, desde la nomenclatura de la iglesia católica hasta el sistema de partidos políticos tradicionales. Lo cierto es que la toma de las calles por el ejército, en vez de amedrentar al pueblo de Santiago, ha multiplicado su indignación. Así, pese a que más de algún militar hace puntería sobre la gente, los manifestantes se les acercan, les sacan fotografías y los emplazan a volver a los cuarteles. Pero las fuerzas de guerra en vez de marcharse, provocan a la ciudadanía realizando ejercicios bélicos en plena Plaza Italia de la capital chilena.

La consigna inmediata es “Fin al estado de emergencia”. El miedo ya no derrota la protesta. Por cadena nacional, Piñera informa que presentará una propuesta para “amortiguar” el alza del pasaje. Pero además de ofrecer represión, no existen soluciones, mientras el mandatario se encuentra reunido con su equipo.

Hace un par de días nadie habría imaginado que Chile sería protagonista de un levantamiento popular pacífico no sólo contra el mal gobierno, sino que contra la totalidad del régimen profundo chileno y sus relaciones sociales. Subterráneamente, de manera invisible, el malestar de las mayorías sociales se acumuló durante largos años, expresándose de manera parcial mediante luchas desagregadas.

Tras las protestas no hay partidos políticos ni organizaciones sociales puntuales. De hecho, la oposición institucional llegó tarde y nadie la ha llamado, más allá de que ha opinado de manera tibia y distante sobre una medida gubernamental extraordinaria, como si viviera en otro mundo.

Los personeros de gobierno hablan de unidad nacional y de mesas de diálogo. Pero la desigualdad social, la precarización general de la vida y los atropellos acumulados son los condimentos que explicitan la lucha de clases de manera multidimensional, más allá de reivindicaciones estrictamente económicas que motorizan parcialmente el movimiento. Y no habrá comisiones ni mesas de diálogo que resuelvan contradicciones irreconciliables.

Como naranjos encendidos y luego de décadas, amanece el pueblo chileno. Y no hay que olvidar jamás que este mismo pueblo hace casi medio siglo eligió con el voto al primer presidente marxista en la historia. ¿No será la consciencia popular de la sociedad mayoritaria chilena un estado de latencia que se despierta como irrumpe un relámpago en mitad de la noche?