sábado, 19 de octubre de 2019

Chile. Santiago alzado: No es el Metro, es el pinochetismo que agoniza


Andrés Figueroa Cornejo 


Ver a mi pueblo humillado huyendo, pisoteado, gaseado, baleado, apaleado, es mi derrota.

Ver a mi pueblo desesperado buscando una salida, es mi derrota.

¡Nosotros y nuestras derrotas somos invencibles!

Mauricio Redolés

"Protesto por tanta injusticia, por tanto abuso y porque nuestra voz no es escuchada jamás", dice una persona anónima, un perfecto y corriente desconocido en la Plaza Ñuñoa de Santiago. Ya es sábado 19 de octubre y las protestas populares que arrancaron con el alza del pasaje del Metro, se han tornado en expresión de los derechos sociales inexistentes en un país que representa la caricatura del manual del liberalismo ortodoxo más doctrinario. Las relaciones sociales, vueltas mercancía; los bienes comunes privatizados; una oligarquía conservadora culturalmente y rabiosamente liberal en el plano económico. Un orden sintetizado desde la dictadura militar como Estado policial y antipopular; fiesta de la concentración capitalista, y dominio de los grandes grupos económicos que brutalmente destruyen competencia, imponen los precios y subordinan a las pymes en la cadena de valorización, de acuerdo a la proyección de su tasa de ganancias. Chile primario exportador, plataforma financiera de buena parte de Sudamérica, agobiado por el extractivismo y sus consecuencias nefastas sobre las comunidades y la naturaleza. Chile desigual, que importa no sólo las tecnologías que no producen sus industrias ausentes, sino que hasta los alimentos y los bienes textiles. Chile dependiente de la economía China, estadounidense, de Europa y al final, del intercambio con los países de la región. Chile grisáceo, suicida, explotado y expoliado: viejos que no quieren jubilar porque los espera la miseria, y jóvenes sin porvenir con o sin títulos de educación superior.

“Yo voy a protestar hasta que se arregle la vida”, afirma una joven que golpea una cacerola ante la cara de un militar. Sí, un militar. Porque el presidente de ultraderecha Sebastián Piñera, una de las piezas de Washington en el continente, y su equipo de gobierno, con el fin de terminar con las poderosas manifestaciones populares del 17 y sobre todo del 18 de octubre, en la madrugada del 19 decretó el estado de excepción en su forma de estado de emergencia constitucional. ¿Qué significa? Además de aumentar todavía más la dotación de Fuerzas Especiales de Carabineros, la seguridad nacional queda en manos del general Iturriaga del Campo durante 15 días y tropas militares se toman las calles de la Región Metropolitana. Se prohíben las protestas, las reuniones públicas y la movilización. Es un virtual estado de sitio y con posible toque de queda basado en la Doctrina y Ley de Seguridad Nacional Interior del Estado. O sea, el enemigo político militar del Estado y sus administradores es el propio pueblo chileno. Aunque el pueblo, en este caso, sólo se manifiesta pacíficamente. Está desarmado. Su izquierda política está diezmada. La institucional y la otra. Claro que el pueblo tomó la precaución hace mucho tiempo de no tener ninguna confianza con ninguna institución, desde la nomenclatura de la iglesia católica hasta el sistema de partidos políticos tradicionales. Lo cierto es que la toma de las calles por el ejército, en vez de amedrentar al pueblo de Santiago, ha multiplicado su indignación. Así, pese a que más de algún militar hace puntería sobre la gente, los manifestantes se les acercan, les sacan fotografías y los emplazan a volver a los cuarteles. Pero las fuerzas de guerra en vez de marcharse, provocan a la ciudadanía realizando ejercicios bélicos en plena Plaza Italia de la capital chilena.

La consigna inmediata es “Fin al estado de emergencia”. El miedo ya no derrota la protesta. Por cadena nacional, Piñera informa que presentará una propuesta para “amortiguar” el alza del pasaje. Pero además de ofrecer represión, no existen soluciones, mientras el mandatario se encuentra reunido con su equipo.

Hace un par de días nadie habría imaginado que Chile sería protagonista de un levantamiento popular pacífico no sólo contra el mal gobierno, sino que contra la totalidad del régimen profundo chileno y sus relaciones sociales. Subterráneamente, de manera invisible, el malestar de las mayorías sociales se acumuló durante largos años, expresándose de manera parcial mediante luchas desagregadas.

Tras las protestas no hay partidos políticos ni organizaciones sociales puntuales. De hecho, la oposición institucional llegó tarde y nadie la ha llamado, más allá de que ha opinado de manera tibia y distante sobre una medida gubernamental extraordinaria, como si viviera en otro mundo.

Los personeros de gobierno hablan de unidad nacional y de mesas de diálogo. Pero la desigualdad social, la precarización general de la vida y los atropellos acumulados son los condimentos que explicitan la lucha de clases de manera multidimensional, más allá de reivindicaciones estrictamente económicas que motorizan parcialmente el movimiento. Y no habrá comisiones ni mesas de diálogo que resuelvan contradicciones irreconciliables.

Como naranjos encendidos y luego de décadas, amanece el pueblo chileno. Y no hay que olvidar jamás que este mismo pueblo hace casi medio siglo eligió con el voto al primer presidente marxista en la historia. ¿No será la consciencia popular de la sociedad mayoritaria chilena un estado de latencia que se despierta como irrumpe un relámpago en mitad de la noche?



Chile. Ante la lucha por la tarifa social del transporte público, Piñera impone estado de emergencia

Andrés Figueroa Cornejo  
Piñera aplica restricción de libertades cívicas por movilizaciones sociales: prohibido reunirse y los militares a la calle
Al igual que en dictadura, por cadena nacional, con el fin de disciplinar, atemorizar y reprimir impunemente, y con la excusa de incidentes repetidamente televisados, el presidente Sebastián Piñera para ahogar el descontento social por la alza arbitraria del pasaje del Metro, decretó estado de emergencia en la Región Metropolitana. El general Javier Iturriaga quedó como «jefe de la seguridad nacional» y será responsable de Santiago durante 15 días. El estado de emergencia prohíbe la libertad de reunión pública, de movilización, el derecho a protestar, y permite a los militares a cumplir funciones de la policía.
Todavía no termina de secarse la ropa del autor del presente texto, luego de ser bañado junto a tantos por los carros lanza aguas de las Fuerzas Especiales de Carabineros que arrojan una mezcla líquida de toxinas lacrimógenas e irritantes de origen desconocido, cuando aún resuenan las cacerolas y los gritos en contra del mal gobierno en innumerables comunas de la Región Metropolitana.
Esta vez no sólo se trata de escolares, de secundarios o de la resistencia del pueblo nación mapuche. La protesta frente al alza del pasaje del Metro S.A. de Santiago inició apenas la semana que este viernes 18 de octubre termina, y con velocidad lumínica alcanzó una masividad no vista desde las protestas contra la dictadura. No confundir la masividad aquí mencionada con los niveles de violencia organizada de los años en que el tirano todavía gobernaba. El salto de calidad de la lucha social alcanzado por la cantidad de sujetos sociales en ella integrados tiene de desobediencia pacífica popular y ciudadana.
La causa inmediata del despertar de la población santiaguina fue la segunda alza consecutiva del año de uno de los pasajes más caros del mundo de transporte colectivo subterráneo o Metro. Ello impulsó a los jóvenes estudiantes escolares a realizar «evasiones masivas» en ese medio de transporte. Esto es, saltar los torniquetes de entrada a los andenes del Metro. La práctica se generalizó velozmente y entonces las estaciones se convirtieron en cuarteles y comisarías policiales.
Al respecto, el Presidente del Sindicato de Trabajadores del Metro, Eric Campos, señaló que, «El problema es el alza del pasaje. Compartimos absolutamente la legitimidad de la demanda en contra del alza de los pasajes del Transantiago. Nos parece que es el momento que el gobierno saque a los carabineros de las estaciones y ponga en una mesa a los trabajadores y a los estudiantes a conversar.»
Sobre el protagonismo original de los escolares, el dirigente indicó que, «las sucesivas alzas del pasaje en estos últimos dos años responden a los caprichos de la ministra Hutt (Transporte), en la medida en que compra buses eléctricos y no licita con las nuevas bases del Transantiago, el pasaje se encarece y esos caprichos los están pagando los padres y las madres de esos estudiantes, que hoy con mucha razón se manifiestan porque ven que sus salarios no alcanzan», y añadió que, «de los $810 (1,2 dólares) que los trabajadores pagan en el Metro, la empresa no recibe más de $490, la diferencia del alza va a financiar el fracasado plan de transporte Transantiago, ahora mal llamado Red Movilidad».
El Transantiago corresponde a un servicio de buses de transporte colectivo de propiedad privada creado bajo el gobierno del socialista Ricardo Lagos Escobar a comienzos del siglo XXI, y que ha sufrido una serie de transformaciones e incluso ha estelarizado escándalos financieros. Cuando un usuario paga un pasaje del Metro, al mismo tiempo está cubriendo los gastos que comporta la pésima gestión del Transantiago.
Sobre el precio del pasaje del Metro, el sindicalista propuso establecer una «tarifa social accesible». Campos dijo que, «no puede ser que la tarifa que se cobra a los usuarios de Santiago alcance el 15% de un salario mínimo líquido. Se requiere que los millonarios subsidios que se ponen en el Transantiago impacten en la tarifa. Los ciudadanos de Santiago pagan doblemente la tarifa, la pagan desde su bolsillo y la pagan a través de los subsidios».
Frente a esto agregó que «Nosotros sin temor creemos que llegó el momento del debate de la estatización del transporte público».
Lo cierto es que el alza del pasaje del Metro ha funcionado como un verdadero catalizador y gatillante del descontento social ante el conjunto de derechos sociales y humanos inexistentes en Chile. A diferencia de la «imagen país» que el marketing ultra liberal pretende instalar entre los inversionistas del extractivismo y los negocios financieros, la sociedad chilena cuenta con promedios salariales que no le permiten llegar a fin de mes, fenómeno que vuelve la deuda doméstica en una tragedia de infinitas cuotas. Por lo demás, con el objetivo de mantener y aumentar la tasa de ganancias de los grandes oligopolios y monopolios que operan en Chile, se ha incrementado explosivamente el empleo informal, así como los accidentes y enfermedades asociadas a las malas condiciones laborales y de sueldos. Por eso, este 18 de octubre, la Alameda, arteria principal de la capital del país andino, junto al no pago masivo del Metro, ha sido escenario de protestas donde la represión del Estado policial chileno ha enseñado su dentadura fascistoide, resultado del proceso de militarización de Carabineros, inaugurado en los 80 del siglo pasado y perfeccionado durante los gobiernos civiles.
Heridos graves con balas del armas de servicio de la policía, balines, apaleados, detenidos, presos, aún se cuentan en tanto no acaba la jornada de manifestaciones.
Al igual que en dictadura, por cadena nacional, con el fin de disciplinar, atemorizar y reprimir impunemente, y con la excusa de incidentes repetidamente televisados, el presidente Sebastián Piñera para ahogar el descontento social por la alza arbitraria del pasaje del Metro, decretó estado de emergencia en la Región Metropolitana. El general Javier Iturriaga quedó como «jefe de la seguridad nacional» y será responsable de Santiago durante 15 días. El estado de emergencia prohíbe la libertad de reunión pública, de movilización, el derecho a protestar, y permite a los militares a cumplir funciones de la policía.
Sin dudas, el cuestionamiento de la gobernanza política de un país que hasta ayer nada más parecía una taza de leche, impactará negativamente en el precio del cobre, otras materias primas, bonos del Estado y paquetes financieros ligados a los fondos jubilatorios del privado sistema de AFP, que se cotizan en bolsas internacionales; a la vez que las calificadoras de riesgo, terror de la tecnocracia liberal en el poder, podrían degradar la ‘confiabilidad’ del país para eventuales inversionistas.

sábado, 12 de octubre de 2019

Chile. 12 de octubre: La marcha mapuche concita a miles, es reprimida sin éxito y abraza a indígenas de Ecuador

Andrés Figueroa Cornejo 
Plomizo lucía el encielado santiaguino mientras este 12 de octubre en la capital de Chile, y por la Alameda, de cordillera a mar, miles de mapuche y mestizos marcharon por la vida, el agua, la tierra, los territorios, la desmilitarización del wallmapu, la libertad de los prisioneros políticos y contra un Estado que a un pueblo entero da trato de ‘terroristas’.
Desde temprano, las Fuerzas Especiales de Carabineros o policía militar chilena efectuaron controles de identidad mientras desplegaron un dispositivo de seguridad de magnitud oceánica. Sin embargo, y pese a la represión y detenciones habituales del Estado racista, oligarca y policial del país andino ante cualquier movimiento que disienta con el orden establecido, la caminata brilló por su organización y el cumplimiento de sus objetivos.
Las voces del camino
“Lo que en un principio fue calificado de suicidio, hoy es un homicidio”, dice Marcelino Collío, suegro de Macarena Valdés, la luchadora ambientalista mapuche hallada muerta hace tres años en Tranguil, Los Lagos, sur de Chile. “Los tribunales han sido irresponsables y cómplices en el caso de Macarena. Con todas las pruebas científicas que hemos entregado hasta ahora, ya no debiera caber ninguna duda del asesinato. Sin embargo, la justicia se resiste a reconocerlo”, señala Marcelino y continúa, “están los peritajes del doctor Luis Rabanal, de la doctora Cerda, de la Policía de Investigaciones, que dicen que en la propia cuerda con la que colgaron a Macarena hay huellas de terceros. Y finalmente está el informe que aportó la Haya a través del médico John Clark, quien efectuó un meta peritaje que incluso describe la forma como mataron a ‘La Negra’. Se ha llegado al absurdo de que tribunales ha desechado testimonios sobre el homicidio porque el caso no lo consideran un crimen sino que un suicidio”.
-¿Y qué les resta por hacer?
“Durante los próximos días entregaremos a tribunales dos peritajes más. Si pese a ello no varía la situación, buscaremos justicia en otras partes porque el Estado chileno no la garantiza. Suponemos que la justicia internacional tendrá las facultades para presionar a las cortes chilenas sobre la verdad de un asesinato cometido con todas las pruebas a la vista.”
Antonia Huentecura es mapuche urbana, “no por opción, sino que por la imposición de una migración forzada. Entonces resistimos desde donde estamos. En la ciudad nos encontramos en las poblaciones, en los espacios educativos y laborales. La mantención de nuestra lengua y de la producción de bienes simbólicos y textiles mapuche también son un territorio”.
-¿Su resistencia es simbólica y económica al mismo tiempo?
“El caminar nuestro en la ciudad no se aleja de la autodeterminación ni de la autonomía. Cuando resolvemos autoeducarnos es una decisión nuestra, no del Estado. Y esa formación propia es deconstrucción del ‘blanqueamiento’, es práctica descolonizadora. Asimismo creamos joyería, instrumentos musicales y bienes mapuche que vendemos para autogestionarnos la vida misma. La calles se convierten en un espacio de lucha, de denuncia, de sobrevivencia.”
Antonia pertenece al Bloque Antipatriarcal Mapuche y al colectivo de economía solidaria Nañawén. Respecto del levantamiento de los pueblos indígenas en Ecuador indica que, “lo admiramos y, a la vez, no nos sorprende. El liderazgo femenino indígena en los movimientos populares del continente se ha vuelto corriente. Nosotrxs siempre decimos en forma irónica, ‘ahora se vinieron a dar cuenta que el dinero no se puede comer, que si no cuidamos la tierra desaparecemos todxs’. La lucha contra el régimen patriarcal y capitalista que nos oprime demanda enormes sacrificios de la humanidad. A mis hermanxs de Ecuador les digo que esta lucha la ganaremos porque con nosotrxs van nuestros ancestros”.
El vocero de Arauco y que hace parte de las comunidades territoriales en conflicto, José Huenchunao, cuenta que, “las empresas con las que tenemos problemas se han retirado de nuestra zona debido a que las comunidades las hemos expulsado. En cuanto ingresan de nuevo a nuestros territorios, la cosa cambia, por supuesto. La resistencia de nuestro pueblo está viendo sus frutos. Ya podemos hablar de franjas de tierra que mantenemos semi ocupadas”.
-¿Cuáles son las conquistas principales?
“Espacios territoriales semi controlados; se han alejado empresas forestales de nuestras tierras; hemos frenado inversiones capitalistas mineras, turísticas y pesqueras. Ello nos ha permitido cobrar mayor organización.”
-¿Y económicamente?
“Ha mejorado la vida de las comunidades. Con las recuperaciones territoriales ahora tenemos más holgura para sembrar y criar animales. Y eso nos permite realizar trueque y ventas para hacernos de lo que no producimos aún. Mira, todavía no hemos resuelto cómo será la economía mapuche, pero gracias a la lucha hemos logrado llegar a plantearnos esta cuestión que antes nos resultaba imposible. Contamos con principios: toda economía mapuche debe ser comunitaria, donde prime el bien común y no la ganancia privada.”
-¿Cuál es su proyecto estratégico?
“Reconstruir un territorio histórico y la liberación de nuestro pueblo. Pero una liberación anticapitalista, una liberación según nuestros modos de pensar y hacer el mundo.”
-¿Qué piensas de los combates que libran los pueblos indígenas de Ecuador?
“Los distintos pueblos indígenas que hoy luchan contra las políticas abusivas del gobierno del Ecuador de Lenín Moreno, presidente de derecha y de corte capitalista neoliberal, cuyo gobierno defiende los intereses de las corporaciones capitalistas que tienen sus inversiones en los territorios indígenas y que son los responsables directos de la usurpación y devastación de esos territorios, cuentan con todo nuestro apoyo político.
Como pueblos hermanos, nos une la lucha por la existencia, la lucha por la resistencia cultural y política, la defensa, respeto y liberación de nuestros territorios. Nos une la misma historia de despojo violento del cual fuimos objeto por los Estados que hoy ocupan nuestros territorios. Valoramos profundamente sus acciones políticas y consideramos que lo están haciendo es una evidencia irrefutable de que los pueblos indígenas que alguna vez los Estados creyeron derrotados, están plenamente vigentes. Somos pueblos con memoria, con capacidad organizativa y lo lógico es que los gobiernos no pueden tomar determinaciones sin nuestro consentimiento.
Lamentamos que los costos de la lucha siempre traen sangre, muerte y encarcelamiento. Esto lo hemos sufrido a lo largo de cientos de año de brutalidad, discriminación racial, despojo territorial y crímenes de lesa humanidad que siguen en nuestra memoria. Valoramos su valentía en desarrollar tal nivel de movilización política y social que hoy son un ejemplo para otros pueblos indígenas del continente y del mundo. Una muestra de valor para nuestras legítimas y justas causas ante la opresión que los Estados ejercen contra nuestros pueblos.”

jueves, 19 de septiembre de 2019

Chile. Toma Violeta Parra de Cerro Navia: Los sin techo organizan la conquista de la vivienda

Andrés Figueroa Cornejo 
“Necesitamos de todo”, dice la señora María Soledad, mientras un filo de sol que atraviesa un toldo de plástico le araña la cara. Ella participa desde el primero de septiembre en la toma de terreno Violeta Parra de la comuna de Cerro Navia, en la periferia de Santiago de Chile. Junto a la señora María Soledad, 400 familias ocuparon un paño de tierra del fundo Santa Elvira. Las y los dirigentes de los comités ya se han reunido con el consejo municipal de la comuna y el Servicio de Vivienda y Urbanismo, Serviu. Las instituciones pertinentes están noticiadas.
La señora María Soledad cuenta que sus padres, “igual que la mayoría de la gente de aquí, también obtuvieron sus viviendas mediante tomas de peladeros, de sitios eriazos. Así se formó la comuna de Cerro Navia”. Ella está prácticamente inválida y como buena parte de las personas sin techo de la toma, trabaja en ferias libres. Estudió para cajera, “pero nadie me contrata porque me traslado en un andador”.
Juan Caripán lucha que lucha. Es dirigente sindical, ambientalista consecuente, mapuche urbano que acompaña el proceso de autonomía y territorio de su pueblo-nación, coordinador de la ocupación Violeta Parra. Austero, franco, cálido, organizador nato, autoridad entre las clases populares que lo vieron nacer. Lector impenitente, no sabe gritar, pero su voz tranquilizadora es un manojo de convicciones blindadas. “El primer conflicto lo tuvimos con los administradores del fundo que intentaron desalojarnos por la fuerza, de manera ilegal, y la inmediata detención de algunos de nosotros, que nos sirvió para notificar de la ocupación”, narra Juan y afirma que “existen muchos comités de gente sin techo en el entorno inmediato que quieren hacerse parte de la toma. Nosotros los entendemos, por supuesto. Se trata de la Unión Comunal de allegados de Cerro Navia, que agrupa unas mil familias (4 mil personas) y un comité mapuche de unas 500 familias. Aún está por resolverse esa situación”.
-¿Y cómo va la organización interna?
“Madurando paulatinamente. Cualquier iniciativa social tiene dificultades que limar durante su propio tránsito. Por ejemplo, en asamblea, democráticamente, se determina un plan de trabajo con personas responsables. Pero ocurre muchas veces que los acuerdos se incumplen debido a irresponsabilidades personales. Entonces nos distraemos en enmendarlas.”
-¿Con quién negocian los terrenos?
“Nos interesa hacerlo con los dueños, pero ni siquiera se han aparecido. Por el momento, contamos con una mesa de trabajo con el municipio, y con el Servicio de Vivienda y Urbanismo del Estado que se ha hecho presente en algunas reuniones nuestras. Con el Serviu ya existe un plan de acuerdo de catastro y registro social de hogares, e inscripciones en el Ministerio de Vivienda. Tanto con la municipalidad como con el Serviu, hemos conversado sobre las normas formales de las postulaciones a viviendas. Es lo que puede hacerse, sabiendo siempre que no existe en Chile una política concreta de vivienda social digna.”
Juan Caripán recuerda que la comuna de Cerro Navia, “como la mayoría de la periferia santiaguina nació a partir de tomas de terreno. Y acá ya existe una tradición de ocupaciones de terreno ante la necesidad de un techo. Un poco más allá vivió el ‘Luchín’ de la canción de Víctor Jara, por ejemplo. Esta zona es histórica en la práctica comunitaria de los pobladores de conquistar por sus propios medios un sitio para vivir”.
Cansado de aplanar tierra, Yordy Hormazábal Mena trabaja en la toma para que su madre y hermano tengan una casa. “Yo viví mucho tiempo en la calle y ahora estoy en un tratamiento de rehabilitación de drogas en otra comuna. De hecho, hacer tareas en la toma me ayuda a desintoxicarme. Por eso pienso que me cambió el mundo desde que estoy aquí”. 
-¿Qué necesitan?
“Apoyo en la lucha. Porque la vida me enseñó que no se consigue nada si no es peleando, protestando. Estas autoridades, esta política, este país de mierda sólo piensan en sus grandezas, jamás en nosotros”.
Va y viene la señora Yovanka Quizoz Gatica, lideresa del comité Nuevo Comienzo. Las familias están sentadas y comiendo sobre una tabla con mantel, mientras ella sale de la cocina, salpicada de aceite. “Yo estoy desde el principio, muchos meses antes de tomarnos el fundo”, aclara la señora Yovanka mientras vuelve a atarse el delantal. “Este proceso es nuevo para mí. Por eso quizás lo encuentro difícil”. Ella es madre soltera, jefa de hogar y trabaja en distintas ferias de la comuna. “Aquí somos todos de carácter diferente, tenemos distintas opiniones, pero con los vecinos solucionamos las cosas conversando”.
-¿Qué es lo que requieren de manera urgente?
“Alimentación y abarrotes, materiales para fabricar casetas, una sede. O sea, madera, clavos, martillos, serruchos. Por otro lado, aquí se ha visto que las mujeres somos más fuertes que los hombres. Las mujeres no dudamos de hacer guardia por la noche, incluso con los niños. Por todos los peligros del exterior. De hecho, nos han mandado hasta drones y helicópteros de carabineros para sobrevolar la toma. Y hacer presión es la única forma que tenemos para conseguir una vivienda. Los ahorros en plata que nos piden para recién postular a una habitación no los tenemos. Ni siquiera endeudándonos nos alcanza para iniciar la postulación. Las casas en Chile son súper caras. Y la mía me la imagino con tres dormitorios: uno para mi hijo, otro para mi hija y otro para mí. En este mismo sitio, con vecinos solidarios, respetuosos.”
Empieza a hundirse el sol en Cerro Navia, en Barrancas. Tienen que organizarse para la asamblea de la noche y resolver los turnos de guardia del terreno. Como pañuelos vibrantes, se levantan sobre las carpas banderas de Chile, del Wallmapu, de Haití. Un viejo se toma un respiro luego de martillar sin tregua sobre madera y plástico. El cielo enrojece.
Fotografías: Tito Carreño

jueves, 5 de septiembre de 2019

Chile. El 5 de septiembre la protesta social saltó de la vereda a las calles

Andrés Figueroa Cornejo  

Las luchas distintas comienzan a converger contra los efectos depredadores e inhumanos del régimen capitalista y sus administradores. Diversas ciudades a lo largo de Chile amanecieron con barricadas, impidiendo el normal tránsito vehicular este 5 de septiembre. Por ejemplo, la protesta en Temuco combinó el derecho ancestral del Pueblo Nación Mapuche por su autonomía y territorio, con la exigencia de la libertad del prisionero político Mauricio Hernández Norambuena, recientemente extraditado de las celdas de Brasil a una de la Cárcel de Alta Seguridad de Santiago de Chile. En Quinteros-Puchuncaví, la comunidad paralizó por el agua envenenada proveniente del parque industrial que la castiga una y otra vez, sin la menor preocupación del gobierno central.
En Santiago, marchas provenientes de los cuatro puntos cardinales confluyeron en el centro de la metrópolis andina. Pero fueron marchas con obstáculos. Ilegalizada la manifestación por una administración estatal cuya aprobación se derrumba en todos sus aspectos para la opinión pública, el despliegue de Fuerzas Especiales de Carabineros fue similar al de los tiempos bravos de la tiranía pinochetista. Sólo el pasado 2 y 3 de septiembre, debido al éxito del proyecto de ley en la comisión de Trabajo de la cámara de diputados sobre modificar la jornada laboral de 45 a 40 horas semanales, el régimen de extrema derecha amenazó con acudir al Tribunal Constitucional (suprapoder impuesto en la Constitución de la dictadura militar que aún opera como normativa matriz de los gobiernos civiles) para echar abajo una eventual ley que beneficiaría a millones de asalariados. Igualmente, el gobierno amenazó con un ‘veto presidencial’, de prosperar la legislación. Sea por uno u otro camino, de destruir vía secretaría una medida bienvenida por la inmensa mayoría de la población, terminaría de develarse la dependencia de una institucionalidad secuestrada por los intereses de los grandes grupos económicos, e intensificadora y continuadora de la contrarrevolución ultra liberal inaugurada hace casi medio siglo en Chile. En otras palabras, finalmente se derrumbaría la ficción de la existencia de una democracia representativa en el país.
La convocatoria fue amplia. Desde la Central Unitaria de Trabajadores, hasta organizaciones antifascistas, movimientos progresistas y procesos anticapitalistas en lucha, concitaron el comienzo de la reunión virtuosa de todas las luchas. Lejos, los jóvenes estudiantes secundarios, en la mira del Estado policial y empresarial chileno, fueron los grandes protagonistas de la jornada. Su empeño justo, sus modos de organizarse, su valor incombustible, sus cualidades y su número, detuvieron largamente la Alameda, pese a la represión focalizada que concentraron los piquetes de las Fuerzas Especiales en su contra y en contra a su derecho a la protesta.
Por eso, de acuerdo a la organización de Derechos Humanos Sutra, cientos fueron los detenidos, agredidos, gaseados y empapados con sofisticadas armas represivas, mezclas de tóxicos con agua, gas pimienta y golpes.
Por otra parte, el pasado 4 de septiembre se conmemoró un año más de la victoria del Presidente Salvador Allende y la Unidad Popular en 1970. Al respecto, la máxima dirigenta de la Coordinadora de Derechos Humanos y Sociales, y Presidenta de la Agrupación de Familiares de Ejecutadxs Políticxs, Alicia Lira, anunció que “este domingo 8 de septiembre realizaremos la marcha por la memoria viva y el rescate actual de los miles de luchadores que cayeron en la construcción de una sociedad más justa y libre. Así conmemoramos el golpe de Estado de 1973. Invitamos a todas y todos a marchar con nosotros. Nos reuniremos a las 10.00 horas, a la altura de la estación de Metro Los Héroes en Santiago, y de ahí nos movilizaremos al Memorial del Cementerio General”.
El mismo 4 de septiembre, en el monumento a Salvador Allende de la Plaza de la Constitución, la Unión Bicentenaria de los Pueblos, UBP, realizó un homenaje al Presidente popular. En la ocasión, el líder de la UBP, Juan Cuevas, señaló que, “el horizonte de sentido de Allende estuvo inspirado en el independentismo antiimperialista de Simón Bolívar. Por eso Allende cobra nuevos sentidos en la resistencia de los pueblos y los dirigentes de Venezuela y Cuba”.
Finalmente, la protesta nacional del 5 de septiembre cumplió su objetivo. Demostró el descontento manifiesto y estructural de los sectores populares más conscientes de sus derechos por conquistar. Desde los laborales, hasta los medioambientales, antipatriarcales, económicos, culturales. Paulatinamente, como indicó Rodrigo Oyarzún, Presidente de la Federación de Trabajadores de la CCU, empresa del poderoso grupo económico Luksic, “las fuerzas populares retoman su lugar en la historia”.