domingo, 31 de marzo de 2019

Chile. Macha No+ AFP: 10 mil personas contra el robo sin fin y la miseria previsional

Andrés Figueroa Cornejo 
Alrededor de diez mil personas marcharon este 31 de marzo en Santiago de Chile, en contra del sistema previsional de capitalización individual, forzoso, privado y gestionado por el sistema financiero a través de las denominadas Administradoras de Fondos de Pensiones, AFP.
Abundantes son las pruebas del fracaso social estrepitoso del modelo AFP impuesto por primera vez en el mundo en 1980, en el Chile de la tiranía de Augusto Pinochet, por medio del ultra liberal José Piñera, entonces ministro del Trabajo y Previsión Social, y hermano del actual presidente del país Sebastián Piñera. En su momento, ni siquiera el dictador accedió a que la fórmula del economista liberal ortodoxo José Piñera se implementara en las Fuerzas Armadas por el temor a provocar descontento en la “familia militar”. En los hechos, con las AFP, las y los trabajadores terminan con pensiones de hambre y que en el mejor de los casos, mensualmente alcanza a un tercio del último sueldo obtenido como empleado activo. De cada trabajador es obligatoriamente retirado de manera automática un 13% de su salario, del cual un porcentaje significativo se juega en el casino especulativo bursátil. De esta manera, los ahorros suelen perder su precio ante las sucesivas crisis financieras mundiales que han ocurrido desde 1980 hasta la fecha. Las decisiones sobre los recursos de las y los asalariados son adoptadas por los tecnócratas de las finanzas que hacen parte del personal de las distintas AFP, o corporaciones de capitales privados y transnacionales (dos de las AFP que más mercado concentran son estadounidenses). Especialistas de la salud mental, entre otras variables, han asociado el suicidio de las personas de la tercera edad a la depresión feroz causada por la miseria que sufren por los montos de sus pensiones. Y Chile, junto a Corea del Sur, son los países que ostentan las cifras récord en suicidio de ancianos a escala internacional.
“Estamos hablando de una catástrofe social”
Orietta Fuenzalida es dirigenta nacional de los empleados fiscales del país andino, agrupados en la ANEF, y pertenece a la Coordinadora No + AFP. La lideresa evaluó la jornada de protesta como “el hito inicial de 2019 que expresa nuestro rechazo a la propuesta previsional que el gobierno pretende realizar en el corto plazo y que favorece todavía más al capital en desmedro del trabajo. Las organizaciones sociales aquí reunidas no permitiremos que la reforma de la extrema derecha prospere. El Estado y sus administraciones de turno, sistemáticamente buscan arrebatarnos los escasos derechos que nos quedan. Sin embargo, no cejaremos en el objetivo justo de conquistar una verdadera seguridad social para nuestro pueblo, basado en un sistema previsional de reparto, solidario, público, y que incluso postula que los excedentes sean invertidos en industria productiva y economía real, que no en capital especulativo, financiero y ficticio”.
Al respecto, como el ahorro forzoso del trabajador que impone la AFP es valor realmente producido y acumulado, toda vez que corresponde a una fracción del salario devenido luego del plusvalor apropiado privadamente por su empleador, entonces funciona como soporte concreto de valor para los dueños de las AFP. Por ello ese ahorro pueden transarlo en las principales bolsas internacionales. Si los ahorros de los trabajadores no representaran valor genuino, no tendrían capacidad de transformarse en valor de cambio, esta vez metabolizado por el momento financiero del capital, el cual no produce valor real ni se reinvierte en trabajo productivo desde hace décadas (de hecho, en Chile prácticamente no se producen mercancías terminadas). O sea, las AFP no invierten los ahorros en industrias de alto valor agregado que amplifican la demanda de empleos seguros y bien pagos, y la fabricación de tecnología productiva. Las AFP usan los ahorros de millones de personas en la compra de acciones e instrumentos financieros de alto riesgo y según su sola “intuición” bursátil.
Orietta añadió que “en el sector público, que es mucho más estable que el privado, independientemente de su creciente precarización y subcontrato, compañeras de carrera que jubilan tras 40 años ininterrumpidos de labor, perciben una pensión menor a un tercio de su último salario. Y es la edad en que más nos enfermamos y más gastos de salud y cuidados tenemos. En igual sentido, con este sistema los jóvenes tienen un futuro negro y además deberán mantener a sus padres. Se verán impedidos de realizarse personal y familiarmente. Estamos hablando de una catástrofe social.”
-¿Y las mujeres?
“Somos las más perjudicadas. Recuerda que el trabajo doméstico no es reconocido laboral, previsional, legal ni socialmente. ¿Cuánto debería recibir de sueldo una dueña de casa por todo el trabajo que hace? ¿Quién es la primera que despierta en los hogares y la última en dormirse? ¿Y qué pasa con las mujeres que trabajan varias jornadas, les pagan a honorarios; que no tienen derecho a enfermarse, ni a pre ni a pos natal? La lucha en contra de las AFP es una tarea del feminismo de clase.”
Rodrigo Oyarzún, Presidente de la Federación de Trabajadoras y Trabajadores de la CCU, industria de bebestibles del grupo económico Luksic, el más poderoso del país, dijo que “aunque vino bastante gente, faltaron muchos. Que sea domingo no es excusa. Y si algún activista social cree que el combate en contra de las nefastas AFP no tiene que ver con su ‘frente de lucha’ está muy equivocado.”
-¿Cómo así?
“Ocurre que el capitalismo y sus poderes, su sentido común y su propaganda, han convencido a muchas personas, incluso luchadores sociales, de que los movimientos sociales tienen ‘identidades’ tan específicas y propias que no son compatibles con otros ámbitos. Por ejemplo, un sector del ambientalismo consecuente no se mezcla con el feminismo activo, o algunas luchas mapuche no se involucran con las protestas de los sin casa. Y pasa que el enemigo es el mismo y se llama régimen capitalista. Se trata del viejo ‘divide y vencerás’, pero ahora con la estrategia que utiliza el poder para que creamos que la lucha de cada cual es más importante que la del otro, cuando son expresiones del mismo capitalismo.”
¿Qué hacer, entonces?
“Articular las luchas, combinar las demandas y las batallas por los derechos humanos, sociales y económicos que consideran todos y cada uno de nuestros empeños. Si nuestro objetivo es cambiar la vida para que prime el bien común y los intereses de las grandes mayorías, entonces hay que destruir lo que nos separa artificialmente. Echar por tierra las falsas diferencias entre las distintas opresiones.”


La marcha terminó con las palabras de los voceros de la Coordinadora No + AFP, y presentaciones artísticas, entre las cuales se destacó la de Francisco Villa y Patricia Carmona que junto a los miles reunidos entonaron el legendario himno “El Pueblo Unido”.

sábado, 23 de marzo de 2019

Chile. Violenta represión contra disidencia social de Prosur o convenio latinoamericano de extrema derecha

Andrés Figueroa Cornejo
¿De qué manera continúo aislando a Venezuela y Bolivia, suelos ricos en energías fósiles y minerales que me urgen buenas, bonitas y baratas para producir mercancías competitivas en la guerra económica con China, y al mismo tiempo me reposiciono geopolíticamente como dueño absoluto de Latinoamérica?, se preguntó el Presidente Donald Trump, y uno o muchos de sus asesores le respondieron que, por ejemplo, sería buena cosa terminar de una vez con la Unasur e inventar una especie de concierto funcional de extrema derecha que podría llamarse Prosur.

Así fue que entre el 21 y 23 de marzo arribaron a un Chile que administra Sebastián Piñera, el multimillonario pinochetista, los mandatarios de Brasil, Jair Bolsonaro; de Colombia, Iván Duque; de Argentina, Mauricio Macri; y otros de menor tonelaje, pero que adornaron las jornadas disfrutando de la polución de Santiago, metrópolis de la Capitanía General, en el lugar 20 de las ciudades más contaminadas del planeta.
Por su parte, medio millar de personas se autoconvocaron en el Paseo Bulnes, a unos 200 metros frente al Palacio de La Moneda, el mismo que fue vuelto escombros por el ataque militar conjunto de cielo y tierra que también destruyó de golpe los únicos tres años de democracia que ha vivido Chile en toda su historia, el 11 de septiembre de 1973.
“El prontuario de Bolsonaro es conocido y de terror”, dijo el líder de la comunidad LGBTTI, Víctor Hugo Robles, ‘El Che de los Gay’. “Por este brasileño, como por Piñera, que toda la disidencia sexual del mundo nos muriéramos lo antes posible.”
-¿Por qué?
“Los Estados de Brasil y Chile son capitalistas, patriarcales, racistas, homofóbicos, misóginos y odian a todos quienes no son iguales a ellos. En Chile, por ejemplo, la epidemia de VIH entre los jóvenes gay es de tal gravedad que las alarmas han sido encendidas por la OMS de la ONU. Sin embargo, el Estado y sus administraciones de turno, podridos en su conservadurismo de doble moral, no han movido un dedo para evitar la progresión del flagelo. Deben considerar que es el “castigo divino” que nos merecemos por vivir una sexualidad distinta.”
Por su parte, el Presidente del Sindicato de Bomberos de Shell-Copec, Juan Caripán, señaló que todos y cada uno de los presidentes reunidos “se caracterizan por aplicar políticas antilaborales en contra del pueblo trabajador. Bolsonaro admira el ultraliberalismo chileno y quiere vender hasta la Amazonía por metro cuadrado a la empresa privada. Impondrá un ajuste estructural en contra de las y los asalariados. Iván Duque es una suerte de narco-mafioso y fiero extractivista, enemigo de la naturaleza y las comunidades. Mauricio Macri tiene a la Argentina desnutrida. Y Piñera quiere acabar derechamente con cualquier tipo de organización de los trabajadores. Compiten entre ellos para ver quién saca el premio a negrero del mes”.
De igual modo, el Presidente de la Federación de los Trabajadores de la CCU, Rodrigo Oyarzún, destacó, “las comunes direcciones que comparten esas cuatro administraciones gubernativas para acabar con los derechos humanos, sociales y económicos de la gente de trabajo. Asaltan los ahorros previsionales, hunden el precio del trabajo, multiplican el endeudamiento doméstico y ponen por completo al Estado al servicio de los intereses de la minoría social que forman los grandes grupos económicos”.
La manifestación social en contra del llamado Prosur (Pronorte, en realidad), denunció la convergencia fascista con sede en Chile. Junto con los clásicos gritos, carteles y pancartas, la protesta fue pacífica. Lo que no tuvo nada de pacífico fue el violento despliegue policial protagonizado por las Fuerzas Especiales de Carabineros los días previos al evento, el cual se intensificó en sobremanera los días 21 y 22 de marzo. No sólo se empleó la tradicional exposición de amedrentamiento por presencia que ha convertido a Chile es un Estado policial en toda norma, sino que además se agregaron drones y helicópteros que vigilaron lo que no ocurrió.
De hecho, cuando se congregó medio millar de personas para expresar su absoluto desacuerdo con la cumbre de extrema derecha y subordinada a los intereses del imperialismo estadounidense, en la Plaza Bulnes a eso de la 19.00 horas del 22 de marzo, nadie siquiera alcanzó a tocar la calle, cuando la policía militar descargó gases lacrimógenos a granel y agua tóxica, además de tomar detenidos ‘por sospecha’. De acuerdo a Verónica Brito, responsable del Observatorio de Derechos Humanos Sutra-Chile, Convenios Internacionales, Derechos Individuales, al cierre de esta nota se habían registrado diez adultos detenidos que permanecen en la Tercera Comisaría de Santiago Centro, y dos menores de edad que se encuentran en la Comisaría 48.
Producto de la represión policial, un escolar menor de edad fue arrollado por un coche particular mientras huía de los carros blindados de carabineros.

martes, 19 de febrero de 2019

Chile. Federación Sindicatos CCU de Luksic: “Nuestra misión es crear consciencia crítica”

Entrevista con Rodrigo Oyarzún, Presidente de la agrupación de asalariados del grupo económico más poderoso del país 

Andrés Figueroa Cornejo

Rodrigo se desempeña hace 21 años en la planta de la Compañía Cerveceras Unidas de Chile, CCU, de Quilicura, la más grande del país y donde se realiza todo el proceso de producción de la cerveza, desde la mezcla de granos hasta su distribución. Desde el 2004 es dirigente sindical y preside la Federación de Sindicatos de Trabajadores de la CCU-Heineken hace 5 años.

-Tú trabajas y lideras una Federación de trabajadores de una de las empresas más importantes del grupo económico Luksic, que a su vez es el principal holding del país y cuyos intereses e inversiones se extienden, al menos, a varios países de la región. Según la revista Forbes 2018, el grupo Luksic representado por Iris Fontbona se ubica en el lugar 80 de las más abultadas fortunas mundiales, con un patrimonio de 16.300 millones de dólares. ¿Qué significa este contexto en tu condición de representante de la parte de los intereses del trabajo?

No hago muchas diferencias entre ser presidente de una organización de trabajadores de un conglomerado corporativo gigantesco, o serlo de una empresa menor. Las y los dirigentes sindicales tienen una responsabilidad enorme en el lugar donde se encuentren. En términos estructurales, la misión del representante de los asalariados es la misma: no sólo mejorar las condiciones salariales y laborales de la clase social históricamente explotada, sino que la tarea de aportar al mejoramiento del conjunto de la sociedad.

-¿De qué se trata una sociedad mejor?

De acuerdo al actual estado de las relaciones de fuerza entre opresores y oprimidos, siempre fluctuante y en movimiento, no creo que esté a la orden del día la posibilidad inmediata de construir un gobierno de los trabajadores y el pueblo. Pero al menos podemos actuar hacia la creación de una realidad donde exista una mejor distribución de la riqueza (o del excedente socialmente producido). En la actualidad mundial 26 personas acumulan la riqueza equivalente a la distribuida entre la mitad de toda la humanidad. Resulta muy difícil aspirar a la superación del modo de producción dominante de un día para otro. Lo que sí podemos hacer es luchar por los derechos sociales que nos corresponden, como un trabajo digno y seguro, no tener que endeudarse para comer, una salud, educación, vivienda, recreación, medioambiente, igualitarios y de excelencia para todos.

El problema del endeudamiento en Chile es especialmente grave. Más de 4 millones y medio de personas están en morosidad, y según el Banco Central, los hogares deben distraer alrededor de un 70% de sus ingresos en pago de deudas. En los supermercados se puede ver gente comprar pan con tarjetas de crédito. Y el fenómeno del increíble endeudamiento en el país es transversal, no existen diferencias entre los empleados que ganan más y los que ganan menos.

La compañía vive diciéndonos que nosotros estamos sobrepagados respecto del mercado. Sin embargo, se trata de una distorsión de la realidad. Un asalariado que obtiene por la venta de su fuerza de trabajo un millón de pesos (1.500 dólares mensuales), no significa que vive en medio de lujos. De hecho, debe endeudarse para vivir, endeudarse si es que alguien de su grupo familiar sufre una enfermedad seria. Un millón de pesos no alcanza para nada en Chile. Aquí es muy fácil caer en la pobreza. Estamos refiriéndonos a un país donde todo es mercancía comerciable, todo hay que comprarlo. El salario es la medida de todas las cosas porque no hay derechos sociales garantizados. El 60% de los trabajadores gana alrededor de 450 mil pesos mensuales (680 dólares). Ir un par de veces al mes al supermercado para abastecerse de la alimentación básica equivale a unos 200 mil pesos (300 dólares). Sin contar los dividendos hipotecarios, ni los servicios básicos (agua, electricidad, gas, telefonía) que están privatizados y son de los más caros del continente junto con el transporte público.

El precio del salario lo determina el mercado, la competencia entre empresarios y la lucha social

-¿Qué ocurre entonces con los argumentos que usa la CCU para ‘conformarlos’ a ustedes?

Respondemos que no es que nosotros estemos tan bien pagados, sino que la mayoría de los trabajadores están muy mal pagados.

Por eso laborar en uno de los grupos económicos más poderosos a escala nacional, regional e incluso mundial, no es tan distinto de lo que ocurre en otros holding de menor tonelaje en materia de capital e inversiones. En otras palabras, el precio del salario no está determinado por el tamaño de la empresa, sino que por el mercado, la competencia entre empresarios y la lucha de los trabajadores.

-¿Y cómo es la relación formal con la empresa CCU?

Tratamos de mantener un diálogo lo más fluido posible, independientemente de que tengamos posiciones contrapuestas. Existen, por supuesto, muchas dicotomías entre las cosas que se dicen y las que se hacen. Por ejemplo, que los trabajadores tercerizados carezcan de los beneficios de los empleados de planta, no nos parece adecuado. Yo en la planta de Quilicura convivo con trabajadores que rentan el sueldo mínimo (435 dólares), y se ven obligados a realizar dos turnos continuos para obtener un poco más. Ello pone en riesgo su seguridad laboral, su salud, sus relaciones familiares y su misma productividad.
Al igual que en el resto del país, la empresa ha intentado aumentar la tercerización y el subcontrato laboral, pero hasta el momento hemos logrado frenarla.

La responsabilidad social de los trabajadores

-¿Qué ocurriría si no existieran los sindicatos base y la Federación?

No podríamos negociar colectivamente, sin contar que sus resultados son mejores que el promedio. Como nuestra tasa de sindicalización es de alrededor de un 60% -altísima respecto del promedio nacional-, hemos conseguido importantes reajustes salariales. Y no se trata sólo de la cantidad de asociados. Con el tiempo hemos conquistado el diseño de una agrupación fuerte, sólida, respetada. Por lo demás, somos trabajadores que nos desempeñamos en la industria alimenticia y de bebestibles, o sea, somos conscientes que nuestra labor está asociada a la salud pública, y en consecuencia trabajamos con un alto sentido de la responsabilidad social. Nosotros, los asalariados, producimos los bebestibles y alimentos que luego nuestras familias, vecinos, las grandes mayorías van a consumir. Cualquier error que cometamos tendrá un impacto en la ciudadanía. Allí se concentra nuestro compromiso principal.

“La relación conflictiva entre capital y trabajo es una lucha permanente”

-Una tasa de sindicalización de un 60% supera con creces la media del país.

En efecto. De hecho, según qué entidad la contabilice, el promedio sindical en Chile está entre un 10 a un 15% de toda la fuerza de trabajo en relación de dependencia. Y de esos porcentajes, es mucho menor la cantidad de sindicatos que pueden negociar colectivamente. Ahora bien, para nosotros, más allá de las negociaciones formales, tenemos la política de negociar permanentemente. La Federación, que es reconocida por la firma, asesora a diario a los sindicatos que la componen, aunque no tengamos siempre éxito.

Para nosotros la relación conflictiva entre capital y trabajo es una lucha permanente. No aparece y desaparece con la apertura y el cierre de las negociaciones colectivas.

“A la concentración empresarial, unidad de los asalariados”

-Tú además eres consejero nacional de la Central Unitaria de Trabajadores, CUT. Con el bajo nivel de sindicalización que existe en Chile, desde afuera es difícil entender que existan otras tres multisindicales más. ¿Por qué?

Para mí es un despropósito. Como también es un despropósito que en la compañía CCU existan tres federaciones de trabajadores y más de 50 sindicatos. En nivel de atomización es enorme, así como ocurre en el resto del país. La proliferación de sindicatos pequeños, sin fuerza, no hacen más que incrementar la desigualdad de la distribución de la riqueza. En estas condiciones, el capital hace lo que quiere con los asalariados. Si quiere nos destruye, si quiere nos mantiene.

En la CCU, las gerencias nos han repetido hasta el cansancio que la prueba de que la empresa no es antisindical, es, justamente, la gran cantidad de sindicatos que hay. Lo que no dicen es que con la inmensa dispersión sindical, la potencial fuerza de los trabajadores para obtener beneficios, se diluye.

Mira, el diagnóstico sobre lo mal que nos hace la atomización sindical, al interior de nuestra Federación la hicimos hace mucho tiempo. Lo que resolvimos fue pasar a la acción. De este modo, de un tiempo a esta parte, hemos propiciado y conseguido la fusión de sindicatos, al menos por unidades de negocio. Lo que hay detrás de esta práctica es una lógica muy sencilla: ante la concentración del capital, respondemos con la concentración de los empleados.

-Los de arriba tienen sus intereses clarísimos. El problema está abajo…

Y es político. Demasiados trabajadores se sienten parte del actual orden de cosas, parte de un régimen que consideran natural, normal, y que creen que es imposible de modificar. Y por tanto, se resignan a sobrevivir en él. Al respecto, en una ocasión un compañero sentenció que ‘el sistema nos doblegó’. Y estamos otros compañeros que consideramos que sí se puede, que es duro hacerlo, pero no nos rendiremos.

Asimismo, existen otros problemas, como el caudillismo, la práctica de muchos dirigentes que se pretenden dueños de sus parcelas, aceptan prebendas personales por sobre el bien común. Pero pasa que cuando tenemos encuentros con las bases sindicales, con los asociados, en espacios horizontales, los trabajadores plantean que hay que tener una sola organización. Esto es, los socios comunes y silvestres tienen más conciencia de sus intereses como clase social que varios dirigentes.

“Combinamos lo político con la ética”

-¿Y qué está haciendo la Federación para ir superando la resignación y el doblegamiento sistémico?

En concreto, escuelas sindicales y de formación para dirigentes. El objetivo es ofrecerles un conjunto de saberes teóricos y prácticos, distribuidos en módulos de economía, oratoria, teatro, historia del movimiento obrero, para aportar a los procesos que requiere un dirigente integral, combinando lo político con lo ético. Hasta ahora la escuela nos ha dado resultados satisfactorios. Hoy contamos con dirigentes que, efectivamente, realizan el ejercicio de la consciencia crítica. Y el propósito inmediato es que los dirigentes, a su vez, colaboren en la formación de la reflexión y la práctica crítica de los socios. En este sentido, todavía hemos tenido efectos relativos porque entendemos que se trata de procesos largos. Ahora sí, esta tarea es estratégica.

-¿Por qué?

Porque a la hora del relevo de los dirigentes, necesitamos socios con consciencia de clase, que se la jueguen por los intereses de los trabajadores y no defiendan, consciente o inconscientemente, a los capitalistas. Ello tiende a evitar la burocratización y la dependencia de la organización en los mismos de siempre. Mientras más participativa se vuelva la democracia interna, menos delegativa y cada socio se transforma en un protagonista de su vida social, en este caso en el sindicato. Es un cambio cultural complejo en un régimen capitalista como el chileno.

“Los trabajadores deben ligarse con el conjunto de las luchas sociales”

-¿Cuáles son los desafíos inmediatos de la Federación?

Además de la escuela y la negociación permanente, está el antiguo desafío de la unidad al interior de los trabajadores de la CCU. Y eso lo trasladamos a la CUT, tratando de llegar a los mayores acuerdos con el mundo social, independientemente, de las distintas perspectivas políticas, tipos de organización y estilos que allí existen. Hoy la mayoría social enfrentamos un alto riesgo en relación a quién está gobernando y para qué lo está haciendo. El Estado chileno es capitalista y sabemos muy bien que está al servicio del empresariado. Por eso tenemos que conquistar la más amplia unidad de las fuerzas sociales, como el ambientalismo, la lucha por la igualdad de género, la solidaridad activa con la resistencia del pueblo nación mapuche, etc. Ese es uno de los fines del llamado a Paro Nacional Activo que hizo la CUT para el próximo 11 de abril.

Nuestra Federación es político sindical. No lucha sólo por los salarios. El sindicalismo que practicamos es político y está por la independencia de los intereses de la clase trabajadora.

-Como tienen opinión política, tú, como presidente de la Federación, ¿qué piensas de la crisis en Venezuela?

Allá ocurre que los Estados Unidos están buscando por todos los medios quedarse con los recursos naturales de Venezuela. Y lamentablemente hay gobiernos de países que se prestan para los objetivos norteamericanos, probablemente por algún tipo de interés económico no declarado. Pero es el pueblo venezolano quien debe definir su destino.

viernes, 4 de enero de 2019

Nieto de Salvador Allende: “Si el movimiento popular lo pide, sería candidato a presidente de Chile”

Entrevista con Pablo Sepúlveda Allende
Andrés Figueroa Cornejo  
Pablo Sepúlveda Allende, de 40 años de edad y médico de profesión, actualmente es Coordinador Internacional de la Red de Intelectuales, Artistas y Movimientos Sociales en Defensa de la Humanidad de la Venezuela Bolivariana, país en el que reside. Hijo de Carmen Paz Allende Bussi, a su vez, hija del Presidente revolucionario Salvador Allende, Pablo está de visita en Chile. Aquí participa como expositor en la Escuela de Verano Ernesto Guevara que se realiza en Santiago entre el 3 y el 6 de enero de 2019, y que ya cumple su décimo octavo aniversario. La actividad organizada por el activo político Inquietando desde el margen tiene por objetivo debatir los temas cardinales de la izquierda anticapitalista de la nación andina.
Pablo señala en términos geopolíticos que, “Estamos ante un retroceso de las fuerzas progresistas a escala latinoamericana, mientras que la contraofensiva de las fuerzas de la restauración capitalista neoliberal es brutal. Sobre todo considerando que Brasil, el país con mayor peso de la región, cayó en las manos del fascismo, independientemente de que lo haya hecho de una forma tramposa.”
-¿Cómo ves la situación política de Chile a nivel continental?
“Chile más claramente se está alineando con los gobiernos de ultraderecha. No es casualidad que hace poco haya estado aquí el hijo del actual presidente del Brasil, Ernesto Bolsonaro, y que paralelamente, el ultraderechista chileno José Antonio Kast haya visitado a Bolsonaro en Brasil. Si bien los gobiernos de la Concertación han sido continuistas en materia económica, esto es, neoliberales, depredadores del medioambiente, injustos con los pueblos; en política exterior fueron ‘un poco más neutros’ (aunque Heraldo Muñoz, canciller de Bachelet, siempre fue antivenezolano). Ahora con Piñera, francamente Chile será parte del eje de administraciones latinoamericanas que buscan derrocar el régimen de Venezuela.
Y digo Venezuela, porque se trata de un verdadero paradigma en los procesos de cambios a favor de los pueblos en la región. Allí se inició lo que algunos llaman ‘el ciclo progresista’. Se creó la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, ALBA; la Unión de Naciones Suramericanas, UNASUR; luego la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, CELAC. O sea, instancias de unidad continental que antes no existían. En su lugar siempre estuvo la Organización de Estados Americanos, OEA, bajo la tutela de los intereses de los Estados Unidos (de hecho en Cuba le llamaban ‘el ministerio de las colonias’).
Venezuela ha sido el epicentro de las transformaciones sociales, y por eso se explica el bestial ataque que han efectuado para despeñarla.
En ese sentido, Chile ha manifestado que no reconocerá el próximo período presidencial de Nicolás Maduro, quien ganó limpiamente las elecciones. En los comicios participaron candidatos opositores al chavismo, y no hay ninguna acusación o prueba de fraude. El sistema electoral venezolano es uno de los más eficientes y controlados del planeta. Tal es así, que el propio ex presidente estadounidense Jimmy Carter, luego de estudiar el proceso electoral de Venezuela, lo calificó como ‘el más perfecto del mundo’.
Pues bien, el propósito de la guerra diplomática contra Venezuela es provocar algún tipo de intervención externa, que es la única opción que les queda a los enemigos de la Revolución. Incluso la guerra económica, que ha sido brutal, se ha ido resistiendo. Y ahí está el papel de Chile: es una pieza más para abatir a Venezuela.”
-Sobre una eventual intervención castrense sobre Venezuela, la tesis más barajada es que podría producirse a través de la Colombia del uribista Iván Duque…
“La frontera entre Venezuela y Colombia es un territorio muy complejo. Existe mucho paramilitarismo colombiano metido allí. Y lo que está persiguiendo la administración Duque es un conflicto con Venezuela mediante algún tipo de incidente fronterizo que dé pie a una escalada de violencia injerencista. Todos los líderes opositores al proceso bolivariano hablan de una ‘intervención humanitaria’. Sin embargo, el apoyo de Rusia y China ha colocado un poco de freno al respecto. Venezuela también se ha convertido en un centro de disputa entre las grandes potencias mundiales.”
“En el Partido Socialista de Chile no queda nada de Allende”
-Sabemos que la experiencia que lideró Salvador Allende con la Unidad Popular, inspiró poderosamente a las iniciativas políticas de lo que nombran hoy como ‘ciclo progresista’, no sólo en América Latina, sino que también en otras partes del mundo. ¿Qué legado político queda de Salvador Allende en su propio partido de origen, y del cual fue uno de sus fundadores, el Partido Socialista de Chile?
“Para el mundo y Latinoamérica, según el intelectual de izquierda argentino Atilio Borón, Salvador Allende fue el precursor del ‘Socialismo del Siglo XXI’. Es decir, la visión política de Allende, al proponer por vía democrática y participativa cambios profundos (que en aquel entonces fue un fenómeno social inédito), fue retomada a fines del siglo XX por Hugo Chávez en Venezuela, y luego por otros distintos gobiernos del continente. Y sobre todo las formas de agresión e inestabilidad multidimensional que sufrió la Unidad Popular chilena, se siguen aplicando en Venezuela de una manera aún más sofisticada, con el fin de provocar una situación de caos que justifique una injerencia de consecuencias insospechadas.
Y en la dirigencia del Partido Socialista chileno (PS) no queda nada de Allende. Sin embargo, conozco a socialistas de base, normalmente mayores, que sí se identifican con todos los procesos revolucionarios y mantienen el espíritu socialista real. En cambio, la capa directiva de esa tienda, que ha estado tres veces liderando el Ejecutivo del Estado chileno desde el retorno de los gobiernos civiles en 1990, se ha dedicado a administrar el mismo modelo que dejó la dictadura de Pinochet, sin ninguna intención de transformarlo. Entonces la directiva del PS, del PPD, de algunos dirigentes históricos que estuvieron en la Unidad Popular, ahora están al servicio de las élites, de los grandes grupos económicos, de la derecha, de la oligarquía a la cual, en los 70 del siglo pasado, combatían, y en contra de los intereses del pueblo. Incluso en el plano internacional, el PS ha jugado un rol divisionista y no integracionista, como sí lo jugó Salvador Allende.”
“El antifascismo debería ser anticapitalista”
-¿A qué estrategia política te acercas?
“Todas las manifestaciones de poder popular y de movimientos sociales actuales, en algún momento deben ir tomando estructuras del Estado para ponerlas al servicio del campo popular y en contra de gran empresariado capitalista. Es lo que ocurre con las expresiones del mentado ‘ciclo progresista’ latinoamericano en curso. La construcción de base social es imprescindible, pero no sólo puede quedarse en ese nivel. Hay que tener vocación de poder y de mayorías también en los espacios establecidos para volcarlos a los intereses populares en todas las dimensiones posibles.”
-El pinochetismo en Chile, ¿murió con Pinochet o sigue vivo?
“Parece que con José Antonio Kast (jefe de la ultraderechista Acción Republicana) continúa bastante vivo. Kast no tiene escrúpulos para reivindicar públicamente al genocida Pinochet, igual que Bolsonaro en Brasil. Yo creo que existe una estrategia de la derecha mundial de polarizar políticamente a la sociedad, levantado a la ultraderecha y al fascismo. ¿Por qué? Porque en estos momentos de crisis capitalista internacional, la única forma de que las élites logren mantener el poder será a través del fascismo. Estoy hablando de una crisis que yo estimo prácticamente terminal, debido a la destrucción de la naturaleza que demanda el propio capital para su reproducción. En el caso de Chile, es posible que surja el pinochetismo, como existe el peligro de que vuelva a emerger el fascismo en otras latitudes.”
-¿Y el antifascismo es anticapitalista?
“El antifascismo debería ser anticapitalista. De hecho, creo que el ‘centro’ político hoy tiende a desaparecer. Cuando en Europa se dio la lucha antifascista durante la segunda guerra mundial, principalmente, esa resistencia estuvo formada por comunistas.”
Ecosocialismo comunitario
-Han variado las formas de dominación y de la explotación asalariada en el propio desenvolvimiento del régimen capitalista, ¿cómo evalúas este fenómeno?
“El capitalismo tiene la capacidad de mudar de formas, efectivamente. No obstante, el uno % más rico del mundo tiene más del 50 % de la riqueza producida socialmente. Cómo enfrentar esas mutaciones sistémicas es la gran tarea que tenemos. En otras palabras, la cuestión es qué alternativa creamos frente al sistema-mundo capitalista. Yo considero que nuestro proyecto no puede ser el mismo socialismo real del siglo XX porque las mismas relaciones de producción han variado. Tengo la impresión de que la contradicción capital / naturaleza ha ido cobrando hegemonía, teniendo en cuenta las nuevas expresiones del trabajo. Sin embargo, el capital continúa requiriendo para su reproducción las materias primas que se extraen de la naturaleza, incluso más intensamente que antes. Y esos recursos naturales siguen estando en el tercer mundo, en América Latina, África, parte de Asia. Por eso es preciso rescatar la relación armónica y recíproca de nuestros pueblos ancestrales con la naturaleza. Al respecto, en los últimos tiempos en Venezuela se está postulando el ecosocialismo como un nuevo horizonte de sentido. De hecho, es probable que, al ritmo de producción desarrollista del capital, en 100 años más ya el planeta no aguante tanta expoliación. La minoría podrá salvarse, ¿pero la inmensa mayoría de la población mundial? Por eso en el nuevo proyecto ecosocialista, el consumo no puede ser la práctica predominante. Hace años, Fidel Castro advirtió que harían falta cinco planetas Tierra más si los siete mil millones de habitantes del mundo vivieran como las clases medias europeas. O sea, precisamos de un proyecto civilizatorio completamente otro al que actualmente existe. No se trata de volver a las cavernas, que para ello está el conocimiento humano y las tecnologías acumuladas históricamente para que todos llevemos una vida digna. La cuestión es evitar los lujos, lo innecesario, lo inútil, lo suntuario, el híper consumo. Para mí el Buen Vivir de los pueblos originarios es el Ecosocialismo comunitario.
Lo que jamás podemos olvidar es que el enemigo principal de la humanidad es el régimen capitalista.
-Tú vives en Venezuela actualmente, pero piensas volver pronto a residir en Chile, Pablo. Y el movimiento popular chileno no continuará para siempre disgregado. Ya muchos plantean y ejercen en la práctica la articulación entre las diversas luchas sociales. ¿Qué pasaría si un eventual movimiento popular potente y unitario te demandara como candidato a la presidencia de Chile?
“A mi regreso yo aspiro a ser lo más eficiente posible en el espacio que sea. Tengo que construir mi trabajo político aquí todavía. Yo creo que los líderes populares nacen del pueblo y cuando ya existe una masa crítica consistente. Y entonces, si el movimiento popular lo pide, sería candidato a presidente de Chile.”

viernes, 16 de noviembre de 2018

Chile. Asesinato de comunero mapuche por la policía: La solidaridad antifascista arde en Santiago

Andrés Figueroa Cornejo  
Demasiado parecido al trato de la dictadura cívico militar de Pinochet contra quienes la resistieron. Salvo porque las Fuerzas Especiales de Carabineros son mucho más sofisticadas en la actualidad que en los 80' del siglo pasado. 
El 15 de noviembre, a las 19.30 horas, alrededor de cinco mil personas se reunieron en la Plaza Italia de Santiago de Chile, punto neurálgico de la capital del país andino, para protestar tanto contra el vil asesinato del comunero mapuche Camilo Catrillanca por agentes del Comando Jungla en Ercilla el 14 de noviembre; como por las demandas de las comunidades de Quintero-Puchuncaví que sufren los estragos tóxicos y mortales del cordón industrial de esa zona, que ya cobró la vida del dirigente de los pescadores Alejandro Castro. Las marchas y concentraciones se realizaron en varias ciudades de Chile y en el Wallmapu.
En la capital chilena, muchas horas antes de que iniciara la caminata, ya el centro de la ciudad estaba sitiada por numerosos contingentes de Fuerzas Especiales de Carabineros.  Aún no comenzaba la marcha, donde iban además de jóvenes, niños y personas mayores, los carros lanza aguas entraron en acción, arrojando chorros de líquido con químicos de origen indeterminado y bombas lacrimógenas antimotines. La estampida de gente fue inmediata. Y también como en la dictadura pinochetista, vecinos del lugar abrieron solidariamente sus puertas a las/os manifestantes intoxicados y heridos. Pequeños niños debieron recibir respiración boca a boca, mientras las personas mayores levantaban sus manos para que se detuviera la represión, que no se detuvo.
Día de ira antifascista
Buena parte de la manifestación, originalmente pacífica, debió correr por el Parque Baquedano, hacia el sur, siendo perseguida por carros blindados y verdaderas tropas de Fuerzas Especiales. Los activistas ambientalistas y pro resistencia mapuche, ante los arrestos indiscriminados y la artillería policial a quemarropa de bombas lacrimógenas antimotines, recurrieron a la autodefensa histórica que se empleó durante las protestas céntricas de los tiempos de la tiranía. 
De esta forma, de manera prácticamente espontánea, se improvisaron barricadas en varios puntos del sector, deteniendo el tránsito vehicular incluso en la Alameda, avenida principal de Chile. La consciencia antifascista y popular agazapada por tanto tiempo, se hizo añicos frente a la rabia de los manifestantes no sólo por los crímenes en el Wallmapu y en las zonas de sacrificio, sino que también por la suma de dolores provenientes de los derechos sociales básicos inexistentes bajo el régimen capitalista de vanguardia chileno. Contra la privatización de todo; contra la criminalización de los estudiantes mediante la reciente aprobación del proyecto "Aula Segura"; contra los salarios y pensiones de hambre que sólo generan deuda doméstica; contra la desigualdad social vertiginosa, la cesantía y el trabajo informal. 
En uno de los momentos más álgidos de la protesta, agentes de carabineros se bajaron del furgón policial que conducían, y abandonaron el coche con sus armas de servicio apuntando hacia un cielo nublado por los gases tóxicos. Inmediatamente después de su huida, el furgón fue quemado por los manifestantes.
La jornada marcó una inflexión en las formas de enfrentar las muertes y atropellos contra los Derechos Humanos y Sociales provocadas por las fuerzas coercitivas del Estado capitalista. Al menos una minoría activa ya se cansó de sólo "poner los muertos" en la lucha social.
El miedo se quiebra y retorna la legítima autodefensa popular. 
Hasta el cierre de la presente nota, se contaban 36 personas heridas, pero se desconocía el número de gente arrestada por la policía y los cargos que se les imputan.