miércoles, 13 de noviembre de 2019

Chile. A casi un mes del alzamiento, Piñera tiembla frente al despeñadero

Andrés Figueroa Cornejo 

Una vez más, y cuando aún no acaba la jornada de protestas populares, este martes 12 de noviembre, Piñera y su gabinete ha aparecido en cadena nacional de medios masivos de comunicación para no ofrecer soluciones a los derechos sociales por los cuales hace casi un mes, millones de personas están en movilización permanente en todo el país.

Antes de su alocución, las opiniones en las redes sociales se dividían entre quienes esperaban el anuncio de su renuncia, y quienes aguardaban el establecimiento del estado de sitio y el retorno, todavía mucho más cruento, de los militares a las calles.
Sin embargo, el todavía presidente Piñera se limitó a ofrecer tres puntos que ya había mencionado profusamente antes: un “acuerdo por la paz y contra la violencia”; una indefinida “agenda social”; y el acuerdo con el sistema de partidos políticos de la institucionalidad para ‘cocinar’ una “nueva constitución”, con una inextricable mayor “participación de la ciudadanía”.

En términos de represión en contra del pueblo en lucha, llamó a reintegrarse a las policías a aquellos efectivos que habían pasado a retiro recientemente para que colaboren con los vigentes.

En el mismo tono, se atrevió a decir que su gobierno “no tolerará ninguna violación de los derechos humanos”, y, a la vez, que desde el miércoles 13 de noviembre se perseguirá y castigará a quienes hayan “incitado y fomentado actos de violencia”, de acuerdo a la Ley de Seguridad Interior del Estado. Esto último pareciera apuntar a reprimir a liderazgos sociales, aunque aún tiene que ponerse en práctica para evaluar su impacto y sentido.
Además de una intensificación de la criminalización sobre la población que se está manifestando, Piñera fue incapaz de mostrar nuevas cartas. Al parecer, ya no las tiene.

La debilidad política de Piñera respecto de los soportes de las fuerzas tradicionales de la derecha dura y subordinada al imperialismo estadounidense, como la misma oficialidad de la FFAA o el alto clero, lo coloca al desnudo frente a una población que sólo espera su caída definitiva.

Él es el principal responsable político de la violación sistemática de todos los derechos humanos contra miles de chilenos. Ni siquiera merece la pena recordar las más de 20 personas muertas en las protestas; las violaciones a mujeres y hombres por uniformados; la tortura repetida contra menores de edad; el horror de la pérdida de la visión, parcial o total, que provocado el espanto mundial; el uso de armamento de guerra ante un pueblo desarmado.

Lo cierto es que a las fuerzas, intereses y grupos sociales que representa Piñera, les interesa mucho menos “acordar” alguna combinatoria de cambio constitucional con la oposición institucional, que perder su puesto en La Moneda. ¿Habrán medido con mayor exactitud las relaciones de fuerza y la naturaleza del movimiento que la propia oposición? ¿Prefieren mantener a su peón de turno en el Ejecutivo que realizar algunas concesiones menores a la Constitución de Pinochet?

La lucha por la salida de Piñera del Ejecutivo continúa siendo el primer desafío de un pueblo que ha despertado y durante cuatro semanas no deja de multiplicarse y destruir el miedo tras su paso. Los procesos constituyentes son posteriores a la resolución del problema del poder. Y el poder está en manos de la oligarquía aún. Por lo demás, cualquier fórmula de nueva constitución demanda los tiempos largos que Piñera y los suyos necesitan para intentar recomponerse. La oposición institucional no termina de comprender la totalidad contradictoria y en pleno desenvolvimiento de un movimiento inédito. Los manifestantes continúan reproduciendo su descontento antiguo, pese al terror mediático y las municiones. Duros son los caminos de la libertad.

miércoles, 30 de octubre de 2019

Chile. Jornada 13 del alzamiento popular: Piñera cruje

Andrés Figueroa Cornejo 


Cuando corre la jornada treceava del alzamiento popular en Chile, no existe agrupación ni partido político capaz de liderar la movilización. Sólo existen convocatorias anónimamente viralizadas o firmadas con publicidad. Pero se trata sólo de convocatorias, de anuncios de puntos de encuentro. Esto es, resulta imposible en términos reales, que alguna fuerza en particular o grupo de interés, por bienintencionado que sea, pueda arrogarse el acaudillamiento de una pueblada cuya fortaleza se sostiene principalmente en la juventud, en estudiantes, trabajadores menores de 30 años, en escolares feministas que enarbolan la bandera mapuche, en quinceañeros animalistas y veinteañeros eco-luchadores. Por supuesto que participan diversas generaciones de pueblo empobrecido y profesionales precariados. En esta nota sólo se releva al sujeto social predominante. Que de jubilados en la miseria también se aplanan las calles del país.
Este 30 de octubre, el aún presidente Sebastián Piñera informó que los encuentros internacionales APEC (Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico) y COP25 (Conferencia sobre el Cambio Climático de la ONU) ya no tendrán por sede a Chile. Algunos gobiernos habían anunciado días antes que no asistirían a las cumbres multinacionales debido a las protestas populares.
Del mismo modo, el peso se deprecia verticalmente respecto del dólar y las acciones de las empresas que cotizan en los casinos bursátiles se desploman a diario. El disruptivo retorno de Chile a Latinoamérica, en todos los sentidos, pero sobre todo financiera y económicamente, adelantan el despliegue de la crisis mundial en curso, y cuyo pico se pronosticaba para el año venidero. La imagen país y su atractivo para la inversión capitalista, desapareció en menos de dos semanas. La paz social que requiere el gran empresariado para su reproducción y ganancia, comienza a extinguirse. Piñera y su administración se vuelve un escollo para los grandes grupos económicos. Pero los ricos no tienen amigos sino que intereses. Por tanto, si Piñera, aun siendo de los mismos, pone en riesgo sus utilidades, pues se cambia.
Las causas de la crisis social y la exposición nítida de la lucha de clases, se han situado genéricamente en la desigualdad social y la ausencia de derechos sociales y humanos garantizados. Al respecto, el académico marxista argentino Rolando Astarita, en un artículo reciente señala que, “el crecimiento capitalista en Chile genera riqueza, y en relación a esa riqueza, la pobreza aumentó. Es que la pobreza se define en relación con la riqueza general de la sociedad. Y en particular, en relación a la riqueza concentrada en la clase dominante”.
En el mismo texto, Astarita cita a Marx cuando el filósofo habla de períodos en los cuales aumenta el capital productivo: “Una casa puede ser grande o pequeña, y en tanto las casas circundantes sean igualmente pequeñas, la misma satisface todos los requisitos sociales que se plantea una vivienda. Pero si se levanta un palacio junto a la casita, esta se reduce hasta convertirse en una choza”.
La explicación aplica en algunos segmentos medios de la sociedad chilena que, ciertamente, no remuneran el salario mínimo, ni el promedio nacional de los sueldos que es apenas un poco superior al mínimo. Al respecto, debido al liberalismo ortodoxo impuesto desde la segunda parte de los 70’ del siglo XX, en Chile las mercancías en forma de bienes y servicios saturan todas las relaciones sociales existentes. Todo tiene valor de cambio o debe comprarse o venderse. En consecuencia, es el propio pueblo en su automovimiento quien debe conquistar esos derechos sociales, sin que tengan que ser costeados por los salarios o ingresos (la relación entre trabajo en relación de dependencia y el trabajo informal es prácticamente mitad y mitad), los cuales ya están deprimidos sustantivamente por la deuda doméstica.
Siempre en el campo de las causas del alzamiento popular y la hegemonía de la juventud en ella, al menos cabe dejar planteado que el régimen capitalista específico del país, al sostenerse, tanto por efecto como premeditadamente, sobre una alienación y disciplinamiento social altamente sofisticado y represivo, produce su propia negación. La juventud se observa así misma carente de porvenir, distópica, muy lejos de la épica que alimentó a la generación de jóvenes que lucharon contra la dictadura. Esta vez se trata de menores de 30 años que nacieron a la consciencia en medio de una crisis civilizatoria y de horizonte de sentido. Amanecieron existencialmente secuestrados por el calentamiento global, la guerra armamentista atómica y la más feroz incertidumbre; su tratamiento como segmento de mercado; su condición de súper explotado.
Por otra parte, y más allá de considerar que las asambleas constituyentes son procesos que se implementan luego de resolver el problema del poder (como lo ilustra la historia, tanto en América Latina, como en el mundo), cualquier transformación estructural para conquistar parcialmente el bienestar de las grandes mayorías, tiene como condición la caída del régimen de Piñera.
En tanto, la humanidad desarmada de los pueblos de Chile está llamada a procurarse su más pronta auto organización y autodefensa racional básica.
Es insoportable el olor de la sangre de tanto pobre asesinado, torturado, violado, desaparecido, baleado, tuerto y malherido por las municiones del monopolio de las armas del Estado.
La resistencia continúa y el final es abierto.
Fotos: Osvaldo Tello, Antonio Kadima, CC y AFC.











sábado, 26 de octubre de 2019

Chile. Millones de corazones para cambiar la vida

Andrés Figueroa Cornejo 
25 de octubre de 2019, Santiago de Chile, octava jornada de movilización popular. Alrededor de dos millones de personas en la capital y tres millones en todo el país, marchando. Las grandes alamedas, avenida y espalda fundamental de esta plaza austral que contiene 18 millones de seres humanos, se intimidaron ante tanto mundo reunido.
Todos los géneros nacidos y por nacer, todo el amanecer agrupado. Nadie hegemonizó. Ni un partido político ni muchos partidos políticos. Ningún grupo de interés ligado al poder. Ni líderes de ocasión, ni ex líderes, ni post líderes. Los átomos diversos de tanta humanidad constelada no hicieron ni escucharon discursos. Simplemente se reconocieron como iguales y únicos. Contradictorios, frágiles, veteranos, recién brotados. Mestizo, mapuche, pálido, feminista, ambientalista, crítico absoluto, crítico parcial, combatiente contra el régimen capitalista, antimilitarista rabioso, luchador por los derechos sociales y humanos. Aventurero, tímido, nostálgico, futurista, huraño, besador. Combinado y asimétrico. Tal cual la realidad cuando se expresa plenamente.
(La televisión de los pocos dueños de todo, dice que “habló la calle”. Donde pone “calle” debe ir “pueblo”. Releva hasta el hartazgo que se trató de “la marcha más grande de la historia de Chile”, pero, premeditadamente, convierte el medio en el fin. Fetichiza el instrumento popular. El objetivo, la justicia social y las transformaciones estructurales para vivir con la dignidad que aún no existe, lo rezaga a un lugar anecdótico. No importa, porque al menos tres millones de corazones saben la verdad.)
La encuesta Pulso Ciudadano de Activa Research “Crisis en Chile”, realizada los días martes 22 y miércoles 23 de octubre pasados, reveló que las movilizaciones cuentan con un 83 % de aprobación popular. El rechazo al gobierno de Sebastián Piñera alcanzó el 80 %. El ministro del Interior y primo-hermano de Piñera, Andrés Chadwick, tuvo apenas un 5% de aprobación. El 61,5 % de los consultados consideró que las medidas anunciadas por Piñera no son suficientes para resolver la crisis devenida, principalmente y según el 56 %, de la desigualdad social. Casi el 89 % de los sondeados estima que es preciso aumentar el salario mínimo, mientras el 77,5 % que los servicios básicos deben bajar de precio.
¿Qué banderas hubo? Dos: de Chile y del Pueblo Nación Mapuche. Es majaderamente necesario reiterar que nadie condujo la marcha. Esto es, nadie puede “capitalizar” electoralmente la movilización millonaria. Cuando la gente grita que “Chile despertó”, se quiere significar que la población mayoritaria de las clases populares y trabajadoras ya no está dispuesta a sobrevivir como lo ha hecho hasta ahora. Que las relaciones sociales, el orden establecido, deben modificarse orgánicamente. Este es uno de los procesos históricos en que la magnitud, la cantidad, alcanza un nivel capaz de dar un salto de cualidad respecto de una situación determinada. La inflexión de calidad es histórica. Por tanto, las cosas ya no pueden mantenerse como hasta ahora se desenvolvían. Lo público cuestiona lo privado; el protagonismo de la sociedad critica en la práctica el régimen de la oligarquía y la ganancia; el derecho a la vida subordina el derecho a la propiedad.
Las y los jóvenes, como los no tanto, exigieron la renuncia de Piñera, el fin del estado de emergencia, la vuelta de los militares a los cuarteles, justicia para los asesinados, malheridos, desaparecidos, violadas y torturados por uniformados durante estos días. Y también entonaron las canciones del grupo de rock Los Prisioneros, el más popular del país desde que lanzaron su placa “La voz de los 80” en plena dictadura pinochetista. Los temas más coreados fueron ‘El baile de los que sobran’, y ‘No necesitamos banderas’. Al respecto no es necesario abundar en explicaciones. Igualmente se vitoreó el estribillo del internacionalmente conocido “El pueblo unido”, y “El derecho de vivir en paz” del asesinado artista los primeros días de la tiranía, Víctor Jara. La canción de Víctor Jara fue creada en el marco de la solidaridad con el pueblo de Vietnam que entonces decidía su libertad e independencia, combatiendo contra las tropas estadounidenses.
La marcha que divide la realidad social entre un antes y un después, fue reprimida en puntos mínimos. Gases químicos y agua mezclada con gases químicos fueron profusamente lanzados sobre los manifestantes que se encontraban a una cuadra de La Moneda. No importa. Desde hace ocho días es el aire natural que se respira en Santiago.

viernes, 25 de octubre de 2019

Chile. El factor anticapitalista

Andrés Figueroa Cornejo 
Que el alzamiento popular en Chile ya transite su séptima jornada este 24 de octubre sin conocerse espacios sociales y políticos que por sí solos puedan proclamar sus prerrogativas sobre el movimiento, no significa que no existan organizaciones en su interior. De hecho, en medio de las multitudes, tanto en las concentraciones populares a escala territorial, como en las más centrales y visibles, los grupos sociales que se referencian con una identidad política distintiva son un lugar común.
La sensibilidad política general de la protesta se expresa en contra de las instituciones en su sentido más amplio. ¿Qué quiere decir eso? El malestar de la población corresponde a un complejo profundo que no limita con objetivos puramente económicos. Incorpora en sus motivaciones un acumulado histórico propio de las relaciones sociales devenidas del vínculo contradictorio entre señor y siervo, entre opresores y oprimidos. Entonces no se trata de una «masa» que persigue una mera “negociación sindical” o un “promedio” entre peticiones y ofertas. El movimiento no busca “un consenso”. No emergió desde abajo, volcánicamente, para “llegar a un acuerdo” con los poderes establecidos, independientemente de cómo se resuelva la coyuntura. El movimiento, en su propio despliegue y conforme a las particularidades originales de la sociedad chilena en un espacio-tiempo dado, crea la narración identitaria de su despliegue. “Renuncia de Piñera y establecimiento de una sociedad justa”, “Que termine la represión y el estado de excepción, el toque de queda, y que los milicos vuelvan a los cuarteles”, son conceptualizaciones elementales que podrían aproximarse, hasta hoy, este 24 de octubre, a las aspiraciones mediatas e inmediatas del alzamiento popular.
No obstante, y como parte dinámica de la realidad, por diferentes causas y momentos anteriores a la explosión de la protesta, existe, por ejemplo, un compuesto de dirigentes sociales ligados a fracciones del Frente Amplio y a la ex Nueva Mayoría, y su entorno no militante orgánicamente. No es una formación homogénea. Es inestable, pero su cemento se resume en un conjunto de acuerdos mínimos y vocación orientadora políticamente.
Pero no es la única fuerza que aspira a “tener su lugar en el mundo”, y en el movimiento real en lucha, con el objetivo de constituirse en autoridad democráticamente legitimada.
Además de grupos ligados a las culturas libertarias, y de otras tradiciones emancipatorias, se acaba de formalizar el Polo Social Anticapitalista. Según la dirigenta de la Central Sindical Clasista de Trabajadoras y Trabajadores de Chile, Catalina Rojas, “Nuestro llamado es a la conformación de un polo social anticapitalista que avance en la confluencia de organizaciones sindicales y sociales, y articule a trabajadoras, trabajadores, estudiantes y pobladores y pobladoras bajo una plataforma de lucha común que ponga como horizonte la lucha contra el capitalismo para acabar con toda opresión y explotación”, y añadió que, “este polo social debe germinar desde la independencia de clase sin permitir la cooptación de la clase en el poder ni de ninguno de sus organismos ni organizaciones”.
La sindicalista informó que “Se realizará una convocatoria amplia a conformar este bloque a todas las organizaciones que se definan anticapitalistas y antipatriarcales para levantar la articulación del pueblo en lucha”.
Sin dudas, no sólo se multiplica una politización y consciencia respecto de los derechos sociales y humanos por parte del movimiento popular y social que, en su derrotero, cuestiona el régimen de la ganancia e impone la necesidad vital del bienestar común, como no ocurría desde hace décadas. No sólo el miedo se desploma como arma disolvente del poder. También diversas composiciones políticas y sociales con mayores definiciones y tomas de posición, se suman al movimiento de desobediencia popular, esta vez, de manera diferenciada. Semejante comportamiento político amerita un análisis e interpretación que no cabe en una nota tan breve como la presente.
Al término del texto, el Instituto Nacional de Derechos Humanos reportó que este 24 de octubre hubo casi 3 mil personas detenidas en todo el país; 582 personas heridas, de las cuales 295 lo fueron con armas de fuego. En el centro de Santiago trascendió que hay 40 personas heridas con perdigones en la Posta Central. Los perdigones son municiones policiales de 6 milímetros, de metal recubierto con goma. Por eso tantos heridos han perdido la visión de uno de sus ojos. La comisión de DDHH del Senado solicitó a los uniformados la no utilización de perdigones. Sin embargo, las razones de la represión no platican con el parlamentarismo.

jueves, 24 de octubre de 2019

Chile. 6ª Jornada de lucha: Hasta que renuncie Piñera y prime el bien común

Andrés Figueroa Cornejo  
Ya en la sexta jornada de lucha del pueblo chileno por la conquista de sus derechos sociales y humanos inexistentes desde hace casi medio siglo, en las principales ciudades del país se realizaron marchas pacíficas que, a diferencia de las anteriores, no sólo reunieron a jóvenes entre los 15 y los 30 años de edad, sino que a una franja etaria que promedió los 35 a 45 años. ¿Por qué? Debido al llamado a huelga general hecho por la agrupación Unidad Social en cuyo seno está la Central Unitaria de Trabajadores, CUT, y, especial y numerosamente, la Asociación Nacional de Empleados Fiscales, ANEF.
No se trata de que existe todavía alguna organización o grupo de organizaciones sociales con la capacidad y autoridad popular suficiente para convocar por sí sola a las incontables personas que participan a diario y de manera exponencial en las manifestaciones. Al respecto, la crisis del sistema de partidos políticos y de aglutinamientos sociales dentro y fuera de la institucionalidad, es la norma hasta ahora. Ocurre sí, que la convocatoria a huelga general de este 23 de octubre, en efecto, contó con la asistencia de sindicatos, gremios y la autorización para marchar desde la Plaza Italia de Santiago hasta la calle Santa Rosa, hecho que, felizmente, permitió una caminata de inestable tranquilidad por un par de horas. Otro tanto ocurrió en Concepción, Valparaíso y otras localidades.
Pero no por permitidas, las marchas no fueron reprimidas por las Fuerzas Especiales de Carabineros, como se ilustra profusamente en las imágenes de la jornada.
De acuerdo a las autoridades de DDHH del país, oficialmente habrían 22 personas muertas, más de 5 mil detenidas, cientos de torturados, jóvenes violadas por uniformados, y población desaparecida.
Se mantiene el estado de emergencia y el toque de queda. En Santiago, a diferencia de días anteriores, se dictaminó el toque de queda desde las 22.00 del 23 de octubre hasta las 04.00 horas del 24 de octubre. O sea, se atrasó la medida con el probable fin de dar señales de normalización a los mercados.
En ese sentido, tanto JP Morgan como las bolsas internacionales golpearon la economía chilena, depreciando el peso respecto del dólar de manera ostensible, y castigando el riesgo país que orienta las inversiones. Ello, más las presiones de la costilla liberal de la derecha en relación a la conservadora, han provocado el distanciamiento y «quitada de piso» a Piñera y su régimen a causa de las pérdidas en las ganancias de los grupos económicos más poderosos e influyentes del país. Hay quienes aventuran que incluso podría ser posible que sectores de la propia oligarquía y la embajada de EEUU en Chile estén considerando seriamente la renuncia de Piñera y el término de su forma de enfrentar el alzamiento popular. De hecho, con la militarización de todo el territorio nacional, no se ha frenado el movimiento, sino que todo lo contrario, con el agravante de las negativas consecuencias financieras para la minoría ínfima del gran empresariado, clase social que es la que verdaderamente sostiene el orden existente, las relaciones sociales dominantes y el poder. Por eso la actual ingobernabilidad daña estratégicamente sus utilidades y multiplica su incertidumbre.
Este jueves 24 continúan las protestas. Que no por las utilidades, claro. Sino que por el bien común.