miércoles, 30 de julio de 2008

CHILE: TRABAJADORES DE SANTANDER BANEFE INICIAN HUELGA DE HAMBRE ANTE INTRANSIGENCIA EMPRESARIAL


En el marco de la huelga más larga de los trabajadores bancarios chilenos en casi 40 años, los empleados de la fuerza de venta Santander Banefe Multinegocios –parte del holding financiero Santander-, luego de 26 días de huelga legal, rechazaron la pobre oferta de la empresa a sus reivindicaciones y votaron la huelga de hambre.
En una larga asamblea general de trabajadores, después de recibir una propuesta por parte de la gerencia de Recursos Humanos del Grupo Santander España consistente en un bono de colación, de locomoción, un insignificante aumento del salario base, y un bono de fin de negociación muy distante del solicitado, los funcionarios bancarios desestimaron por unanimidad la propuesta empresarial, y resolvieron acentuar la movilización, votando una huelga de hambre que harán cinco trabajadores, públicamente, desde el martes 29 de julio.
La huelga de los más de 700 empleados de Santander Banefe es producto de un salario base que no alcanza los 100 dólares, la inexistencia de bonos de transporte y almuerzo, y la solicitud de un bono de término de conflicto de, al menos, un millón de pesos (2 mil dólares, aproximadamente). La intransigencia de la empresa financiera que más renta en Chile, y una de las que encabeza el ranking mundial del sector, ha sido acompañada de represión policial, golpizas a los trabajadores por vigilantes de la casa matriz del grupo, dirigentes sindicales hospitalizados, agresiones sexuales a trabajadoras y seguimientos armados a representantes de los funcionarios.
De acuerdo al último informe de la Superintendencia de Bancos e Instituciones Financieras, entre enero y junio de 2008, la banca chilena alcanzó valores netos de 967,69 millones de dólares, esto es, un 5,55 % más que en el mismo período del año pasado.
En particular, el Banco Santander Chile, controlado por el grupo español Santander Central Hispano (SCH), se mantuvo en el primer lugar en cuanto a resultados, con un beneficio de 156.095 millones de pesos (unos 312,19 millones de dólares) y una rentabilidad del 25,65 por ciento sobre capital y reservas.
Cuando faltan pocos días para que la huelga legal de los empleados del Santander Banefe cumpla un mes, los trabajadores decidieron combinar la movilización activa con la huelga de hambre ante un conflicto prolongado arbitrariamente por la poderosa empresa. Durante una asamblea general, los funcionarios bancarios calificaron la oferta de la gerencia como “indecente”, y manifestaron en sus intervenciones y votos su voluntad de luchar unidos por demandas que van en el sentido de mejorar sus condiciones de vida y trabajo.
Luego de la explotación cuprífera, la industria bancaria es la actividad económica que más utilidades genera en Chile. Sus ganancias y expansión no guardan ninguna relación con el magro crecimiento de la economía, pese a la contracción crediticia aplicada por el área y el aumento de las tasas de interés impuesto por el Banco Central como receta para paliar la inflación creciente.

Andrés Figueroa Cornejo
Miembro del Polo de Trabajador@s por el Socialismo
Julio 28 de 2008

CHILE: AHORA POLICÍA DE LA MONEDA REPRIME A TRABAJADORES DE SANTANDER BANEFE EN HUELGA



Cuando corre el día 26 de huelga legal de los más de 700 trabajadores de Santander Banefe Multinegocios, en medio de una manifestación absolutamente pacífica en la Plaza de la Constitución, frente al Palacio de La Moneda enrejado, los empleados fueron brutalmente reprimidos por un fuerte contingente de Carabineros sin mediar motivo.
Junto a una huelga de hambre de cuatro dirigentes y trabajadores sindicalizados, los funcionarios decidieron expresar su descontento frente a la casa de gobierno chileno debido al silencio y la indolente actitud de las autoridades frente a un conflicto laboral donde el empresariado ha actuado con extraordinaria intransigencia y violencia.
El holding Santander España es el grupo financiero que más utilidades obtuvo en el período enero-junio de 2008, según la propia Superintendencia de Bancos, creciendo en más de un 25 % en su rentabilidad, entre capitales y reservas.
En la manifestación, los trabajadores vociferaron arengas exigiendo la intervención gubernamental ante las negativas reiteradas de la gerencia a sus demandas, las cuales se reducen a bonos de locomoción, colación, y término de negociación. Un 85 % de la fuerza de venta de Santander Banefe en huelga es femenina y cuenta con un salario base de $ 53 mil pesos mensuales (menos de 100 dólares, y menos de un tercio del salario mínimo).
Durante la protesta pacífica –en un lugar donde normalmente se realizan sin que sucedan incidentes-, los carabineros de Palacio se ensañaron con especial violencia contra los funcionarios bancarios, deteniendo a alrededor de 10 de ellos, entre dirigentes y empleados en huelga.
Por otra parte, de acuerdo a fuentes emanadas de la propia policía, mientras se termina esta nota, la gerencia de la casa matriz del grupo Santander está exigiendo a Fuerzas Especiales de carabineros el desalojo de los trabajadores allí apostados.
Mientras tanto, la huelga de hambre mantiene su carácter indefinido.

Andrés Figueroa Cornejo
Miembro del Polo de Trabajador@s por el Socialismo

Julio 29 de 2008

lunes, 28 de julio de 2008

CHILE: LAS CONDICIONES DE LA BURGUESÍA Y EL DESAFÍO DE LOS EMPEÑOS ANTICAPITALISTAS

CHILE: LAS CONDICIONES DE LA BURGUESÍA Y EL DESAFÍO DE LOS EMPEÑOS ANTICAPITALISTAS


1. La experiencia grabada a fuego de los mil días de la Unidad Popular fue, entre muchas cosas, el resumen de un largo derrotero de luchas populares, altibajos, derrotas, maduraciones y aprendizajes colectivos, los cuales se tradujeron en múltiples fenómenos asociados al fortalecimiento de la Central Única de Trabajadores (CUT), el crecimiento de los partidos obreros y de los de origen pequeño burgués e inspiración socialista, y el agotamiento del proyecto imperialista vehiculado por la Democracia Cristiana de Frei Montalva (años después asesinado por la dictadura pinochetista, pese al apoyo brindado a la junta militar por la dirección de su tienda). Asimismo, el gobierno del doctor Salvador Allende (que obtuvo mayoría relativa ante una burguesía dividida, y cuya victoria debió ser refrendada condicionadamente por el Congreso Nacional) expresó los límites históricos del Estado burgués de impronta nacional desarrollista, en un marco internacional extraordinariamente gravitante para un país de 9 millones de habitantes, signado por la guerra fría, la revolución cubana, la guerra de Vietnam, y las luchas de liberación nacional anticolonialistas. La denominada “vía chilena al socialismo” confirmó trágicamente las leyes de hierro de la lucha de clases en una fórmula política que ofreció territorios y tiempo suficientes para el rearme de las clases dominantes. Nunca antes en el planeta, a través de elecciones generales y sobre un poderoso soporte de organización de sustantivas franjas de los trabajadores y el pueblo, gobierno alguno alcanzó nacionalizaciones y transformaciones de carácter estratégico en áreas de la economía intocables hasta entonces (cobre, banca, tierra), ni más serios intentos de redistribución de la riqueza y propulsión de derechos sociales, sin reprimir a la minoría oligárquica históricamente arriba. Sin la existencia de la descrita constelación de variables nacionales e internacionales (relativa simetría en la pugna capital / trabajo a escala mundial), habría resultado imposible imaginar siquiera el fenómeno de la Unidad Popular. Se estaba en presencia de un Estado fuerte que lograba influir notablemente en la economía y dotaba al conjunto social de un altísimo porcentaje de empleo fiscal, y frente a una burguesía golpeada duramente en Chile y el mundo ante el avance incontenible del campo de la conciencia y la organización de los trabajadores y el pueblo.. Si bien, Allende siempre notificó que su gobierno sería nacional, popular, antiimperialista y revolucionario, pero que sólo estaba construyendo las condiciones necesarias para implementar la hegemonía de relaciones de vida socialistas, los patrones y el imperio acudieron al recurso castrense para echar abajo el proyecto de sociedad más avanzado de la historia de los chilenos. Cuando ocurría el golpe de Estado de 1973, la intelectualidad tecno-económica amaestrada en las escuelas más ortodoxas del capitalismo en Usamérica, apenas balbuceaba el paradigma ultra liberal que implementaría, primero en Chile y luego en grandes extensiones del planeta, las nuevas modalidades y contenidos de la refundación del reinado del capital que transformarían estructuralmente el patrón de acumulación burgués, el Estado, la geo-política global y las relaciones de poder en todas sus dimensiones.
No por accidente, los fundamentos económicos emanados de los acuerdos de Bretton Woods en 1944 (“época dorada” del capitalismo denominado de bienestar, y período de creación del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, prestamistas y formateadores político-económicos de los países dependientes), terminaron ante la crisis de la convertibilidad del dólar en oro en 1973. En Chile, con más de 10 años de anticipación, se impuso a sangre y fuego el paradigma neoliberal consolidado mediante el Consenso de Washington, que en sus claves nucleares instaló la liberalización del comercio internacional asimétrico, las privatizaciones de los recursos de propiedad estatal y social, y la financiarización de los derechos conquistados en el período anterior. El deseo devorador del capital y su movimiento creciente, expansivo y productor de desigualdades se sintetiza hoy, como nunca, en la hegemonía del capital financiero imperialista, transnacionalizado, monopólico y especulativo. Ante la descompensación de fuerzas entre el capital y el trabajo a favor del primero, el Estado de bienestar se convierte en pieza de museo y gobierna por medio de la versión más brutal y radicalizada del capitalismo que garantiza –a costa de humanidad y naturaleza- la ganancia demandada por la minoría dueña de todo.

2. Después de 35 años del fin de la experiencia trágica y luminosa de la “vía chilena al socialismo”, el país es administrado por los intereses del gran capital, bajo la hegemonía inhumana de las relaciones económicas, políticas, culturales, simbólicas y sociales del fetiche de la mercancía y la supuesta teoría del libre mercado (que en la práctica, promueve los oligopolios, la concentración de la riqueza y osifica la desigualdad de clases y la dependencia del capital financiero y especulativo). El pacto interburgués que puso término a la dictadura militar y abrió el actual período de gobiernos civiles, ha mantenido intactos los resortes profundos de los intereses del capital y su dinámica antipopular. Gobierno tras gobierno, la Concertación , primero acudiendo al temor de los cuartelazos, y luego actuando francamente desde el acomodo y la conveniencia, ha consolidado una sociedad estamental, sin derechos sociales asegurados para las grandes mayorías, y ha terminado de desmantelar y vender a privados las rémoras de la propiedad estatal. De esta manera, los gobiernos concertacionistas –cuya confianza la burguesía, recién a casi 20 años de elecciones, comienza a relativizar- han prometido cambios pro populares reiteradamente incumplidos; impedido la organización de los trabajadores y el pueblo; y castigado cualquier asomo de cabeza de los de abajo, muertos mediante. El Estado subsidiario, tutelado transitoriamente por la Concertación , ha reducido su “vocación popular” a insuficientes programas sociales, mientras en la realidad dominante ofrece señales de descomposición, envejecimiento de horizonte de sentido (si es que lo tuvo, más allá de la buena publicidad de los primeros años), corrupción, reformas aparentes, alienación, desastres en el ámbito educacional, sanitario y medioambiental, precariedad y pésimo pago del empleo; pan caro y mal circo.
De este modo, Chile padece la mutación y extinción del Estado tal como se conoció hasta 1973. El aparato fiscal, históricamente de contenido burgués, actualmente se expresa anémicamente en su peso burocrático, poderosamente en su papel militar, y defensor a ultranza de la propiedad privada en materia jurídica. ¿Qué puede ofrecer como objeto de demanda un Estado impotente, enrejado en las tramas de la subordinación del gran capital? ¿Qué más recursos le quedan a un Fisco, sino los ahorros millonarios devenidos del alza provisional del precio del cobre? Hoy el Estado parece ser una caja fuerte repleta de dólares para la contención parcial de eventuales conflictos sociales (Transantiago, Fondo de Estabilización del Precio Petróleo, bonos miseria) y útil como aval de los poderosos en aprietos; tiene el monopolio de la fuerza militar; es el guardia privado de la burguesía; y sostiene un parlamento monocorde y legitimador del poder de los privilegiados. La extraña transparencia sin contradicciones del rol del Estado chileno en una sociedad de clases, mandata la reconstrucción de las fuerzas anticapitalistas al calor de la lucha entre capital y trabajo, en sus maneras más desnudas, multidimensionales y originarias.

3. Las cifras oficiales de 2008 hablan que el promedio de los trabajadores gasta más de lo que gana y adeuda un año de salario; menos de la mitad de la fuerza laboral está contratada; apenas un 8,7 % puede negociar colectivamente (independientemente de los resultados de los convenios); el desempleo se empina sobre el 8 % a nivel nacional; la inflación para el 40 % más pobre está en un 20 %; la pobreza es femenina y juvenil; el subcontratismo y la precariedad laboral campean y el descrédito del sistema político supera el 50 %. Asimismo, la desaceleración económica producto de la crisis cíclica del capital financiero parasitario y del alza estructural de los precios de los alimentos y la energía, destruyen el poder adquisitivo de las remuneraciones, mientras el Banco Central aumenta las tasas de interés para paliar la inflación a costa de las grandes mayorías. Las proyecciones del Ministerio de Hacienda en materia de crecimiento varían a la baja en tanto pasan las semanas. Al respecto, el país crecerá alrededor de un 4 %, el número más bajo de la región.

4. Como resulta histórico –salvando algunas nuevas maneras-, los dispositivos materiales que reproducen el sostén cultural de la alienación requerida por el capital se encuentra en la escuela, el ejército, la iglesia, la empresa, el relato político dominante y el control monopólico de la clase en el poder de los medios de comunicación de masas (en especial, de la televisión). En su conjunto, los dispositivos de la alienación propalan la resignación, la igualación del consumo a la felicidad, la fatalidad del actual orden de cosas, el temor, la espectacularización de los acontecimientos y sus personajes, el espejismo de la enseñanza formal como palanca social, los metadiscursos para especialistas, la mala conciencia, la participación bajo control e irrelevante, el analfabetismo funcional, el consenso como imposición vertical, la lumpenización de las relaciones sociales, la idiotez indolente y el egoísmo.

5. Históricamente, las posibilidades de la construcción de la hegemonía de los intereses de los trabajadores y el pueblo están ligadas a las luchas concretas contra las relaciones de dominación, el capital y los patrones; la alfabetización política; la arquitectura sincrética, mestiza, creativa, cultural y simbólica devenida de las necesidades y experiencias concretas propias de las grandes mayorías; la religión liberadora; la ética insobornable; la solidaridad; la dignificación de los contenidos y formas genuinas de las clases dominadas; y la edificación incesante del malestar colectivo frente a los privilegios de la minoría en el poder.

6. Pero “¿De dónde saldrá el martillo, verdugo de esta cadena?”. Sobre todo de los trabajadores precarizados y tercerizados del conjunto de las áreas económicas; de los jóvenes excluidos; de los estudiantes arrojados al mal empleo y la expoliación; de las mujeres; de los mapuche cuya pelea rime con la de los mestizos castigados; de los ecologistas auténticos cuyas luchas se contraponen al capital; de los intelectuales críticos; de los artistas incómodos; de los sexualmente marginados; del pueblo profundo que advierte su desgracia como potencia y necesidad liberadora. Y de los militantes populares provenientes de esas fuentes. De la memoria y la recreación de la convicción de poder.
En este sentido, la independencia política de los intereses de los trabajadores y el pueblo es el eje determinante a la hora de recomponer las fuerzas y el proyecto emancipador de los de abajo. De no cautelar con celo metálico este principio, se corre el riesgo alto de, al igual que bajo la dictadura pinochetista, de entregar la hegemonía política a fracciones sociales formalmente democráticas y pro populares, pero incapacitadas para transformar el orden estructural de las cosas. De ganar el empresario derechista Sebastián Piñera las elecciones presidenciales de fines de 2009, los cuadros de la Concertación deberán aterrizar –al menos en algún porcentaje significativo- al territorio popular que abandonaron hace 20 años. Al respecto, sólo la convicción y madurez política de las agrupaciones anticapitalistas estarán en condiciones de jugarse políticamente en la disputa. Y toda política de alianzas debe conducirse sobre esta matriz.
La diáspora de los empeños políticos anticapitalistas e inspiración emancipadora deben abandonar la autoreferencia infructuosa, cobrar fuerzas e incorporarse desde el seno mismo de las luchas concretas de los trabajadores y el pueblo. De lo contrario, simplemente, no existe sintonía entre el empeño político y los intereses, modos, ritmos y expresiones mixtas del pueblo, y se corre rápidamente hacia el encapsulamiento sin porvenir. En el mejor de los casos, sus ilustraciones propagandísticas se convierten en puro lema estrategista, deseo o máxima edificante, pero jamás en comunicación o política justa para el período. Lo que sí tiene sentido es la promoción popular de la lucha directa y llana contra los enclaves patronales, donde, de algún modo, se produce la mayor densidad de lucha de clases.
En el actual período, los trabajadores y el pueblo están recién comenzando un nuevo ciclo de luchas sociales, el cual, si supera su fragilidad sensible, puede aspirar a sostenerse sobre dos pies. La frecuencia de la lucha, la urgencia de victorias parciales, el aumento de su tonelaje, junto a la recomposición de los embriones aspirantes a compartir la conducción política, al menos, territorial y sectorial, son las condiciones para la multiplicación y reunión de las fuerzas anticapitalistas. La incipiente organización del o los futuros destacamentos orgánicos y políticos de los intereses de los trabajadores y el pueblo serán fruto de la lucha de clases, su naturaleza, composición, maneras nuevas y continuidad liberadora. Más allá de los segmentos sociales ordenadores, los sujetos centrales y las formas de lucha adecuadas al estadio potencial de los de abajo, hoy debe abrazarse toda lucha que atente contra el imperio del capital. La cualidad del conflicto no es escindible de sus posibilidades de futuro multiplicado.

7. De cara a la actual coyuntura, entregada la lectura sobre la naturaleza del Estado chileno y sus extensiones, se advierte la debilidad menos que relativa del cuerpo legislativo, la realidad tangible de habitar una democracia sin pueblo y oligárquica (como condición sin la cual el capital no podría gozar de las tasas de ganancia que luce, ni la burguesía podría llevar un tren de vida primermundista a expensas de la sobrevida de la mayoría) y, por tanto, el papel probadamente adjetivo que comporta la participación en las elecciones de los poderosos. Los empeños anticapitalistas no pueden desdeñar por principio ningún modo de lucha, aunque sea en el ámbito testimonial de un parlamento sin fueros y reflejo fiel de la hegemonía de los intereses de la burguesía. Pero las iniciativas capilares de los empeños anticapitalistas diseminados deben reconcentrase en la formulación de las fuerzas populares por abajo. Aun para aquellos que todavía consideran que es posible reeditar una experiencia meridianamente parecida a la Unidad Popular de 1970, como para quienes apuran su cabeza, manos y corazón en la transformación integral de la sociedad, no esquivan el poder como objetivo, y comprenden la política emancipadora como un conjunto complejo de construcción de fuerzas, incluso más allá de las fronteras acotadas que enjaula el concepto de país en la era de la mundialización del devenir en todas las esferas del quehacer humano.

Andrés Figueroa Cornejo
Miembro del Polo de Trabajador@s por el Socialismo
Julio de 2008





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jueves, 17 de julio de 2008

CHILE: EMPRESA SANTANDER ESPAÑA ORDENA REPRESIÒN POLICIAL CONTRA TRABAJADORES EN HUELGA LEGAL


En el día 14 de huelga legal (jueves 17 de julio), los trabajadores de Santander Banefe, en otro capítulo del complejo proceso de negociación que protagonizan, fueron duramente reprimidos por carros lanzaaguas y gases lacrimógenos de Fuerzas Especiales de carabineros en las puertas de la casa matriz del Holding Santander, por orden de la gerencia de la empresa.
Sin embargo, pese a la ofensiva de la administración bancaria a través de carabineros, los empleados del Sindicato, en un 85 % mujeres, resistieron pacíficamente, entonando cánticos contra la institución. Luego de largas negociaciones entre los dirigentes sindicales, la Intendencia de Santiago y oficiales policiales, carabineros debió retirarse del lugar para alegría de los empleados movilizados, y desdicha de la gerencia y la jefatura de vigilancia de la empresa, que desplegó a sus funcionarios en la vía pública con el fin de intimidar a los huelguistas a través de fotografías.
La huelga de los trabajadores, que fue hecha efectiva el pasado 3 de julio, ha resultado extremadamente dura ante la intransigente negativa de la gerencia de acoger las demandas de los empleados (aumento del salario base que está actualmente en $ 53 mil pesos (100 dólares), bonos de locomoción y colación que contempla la ley y un bono de fin de conflicto). Cuatro dirigentes bancarios han sido malheridos por la policía y los vigilantes de la multimillonaria institución durante el transcurso de la huelga. Una trabajadora fue víctima de agresiones sexuales durante una masiva detención, y el dirigente nacional de la Confederación de Trabajadores Bancarios, Marcelo Rojas (ver foto), fue brutalmente golpeado por vigilantes de la sucursal principal ante la mirada impotente de una cincuentena de personas (incluso de carabineros) que no pudieron hacer ingreso al edificio para auxiliar a Rojas debido al cierre de las puertas del banco por dentro. Ya existen interpuestas dos demandas judiciales por parte de los trabajadores; una por agresión sexual a una empleada y otra por secuestro al dirigente antes mencionado.
El Sindicato Santander Banefe Multinegocios, que agrupa a 700 trabajadores a nivel nacional, y es parte de la Federación de los empleados del holding y de la única Confederación del sector, ha recibido el apoyo de innumerables agrupaciones de trabajadores en el ámbito nacional. Ha contado con la solidaridad expresa de senadores de la República; y ha empleado diversas estrategias de movilización; desde ocupar pacíficamente las dependencias del banco, protestar ante la embajada de España en Chile, sostener conversaciones con el Ministro del Trabajo e irrumpir en las sucursales de Santander Banefe para protestar y explicar las causas de la huelga. Los trabajadores nada han dejado de hacer para procurar instalar una mesa de negociaciones con la dirección empresarial o recibir una oferta que se aproxime a lo demandado. Sin embargo, sólo han recibido a cambio, negativas y represión.
Asimismo, las organizaciones sindicales más importantes en el país hispano han presionado solidariamente ante las gerencias centrales del holding español, y han exigido un pronunciamiento del Presidente del grupo financiero en Chile, Mauricio Larraín, el cual no ha hecho más que deshacerse en excusas y malas explicaciones. Al respecto, el Secretario General de la Confederación de Trabajadores Bancarios de Chile, Luis Mesina, afirmó que “aquí hay un doble estándar de la gerencia, porque mientras gastan millones en publicidad para dar una imagen de empresa responsable socialmente, por otro lado, tienen a los trabajadores desempeñándose con sueldos insignificantes y condiciones laborales absolutamente precarias.”
El grupo Santander España es el primer holding financiero en Chile en materia de utilidades y tercero a escala planetaria. La solución del conflicto resulta económica para la empresa. No obstante, razones de naturaleza desconocida han llevado a la gerencia a golpear con especial brutalidad a los empleados en huelga, y con la más extraordinaria indolencia gubernamental.

Andrés Figueroa Cornejo
Miembro del Polo de Trabajador@s por el Socialismo

Julio 17 de 2008




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martes, 15 de julio de 2008

CHILE: TAREAS PARA LOS EMPEÑOS ANTICAPITALISTAS: CONTEXTO DE PRODUCCIÓN Y CONSTRUCCIÓN DE HEGEMONÍA


1. Lo que viene son apenas algunos titulares para la construcción colectiva de una política propia de los trabajadores y el pueblo en perspectiva de un diseño de ambiciones estratégicas para la emancipación de las grandes mayorías.

2. Que el imperio del capital gobierna las relaciones sociales en Chile desde hace 35 años es una verdad lapidaria, científica, histórica.
Mientras durante sus primeros años la dictadura pinochetista de refundación capitalista se dedicó a decapitar la conducción política popular y los destacamentos orgánicos de inspiración revolucionaria, paulatinamente retornó los bienes sociales expropiados a los expropiadores durante la Unidad Popular y antes, y hacia finales de los 70 del siglo pasado entregó la dirección económica del país a los jóvenes graduados de la Escuela Económica de Chicago. La generación capitaneada por Hernán Büchi aplicó en inmejorables condiciones –en medio del terror, persecuciones políticas de toda laya, ejecutados, detenidos desaparecidos, torturados y exiliados- la receta más ultra y ortodoxa del liberalismo económico. Ni siquiera sus promotores mundiales (Reagan y Thatcher) se atrevieron en sus propios países a aplicar el recetario íntegro de la privatización extrema de los recursos naturales, áreas estratégicas de la economía, y derechos sociales, como la salud, la educación, y la previsión social. Ellos nunca dejaron de cautelar zonas de su producción interna mediante medidas proteccionistas (dumping, impuestos a la importación, etc.) Coincidente con el proceso de financiarización de la economía mundial de origen usamericano, producto de la crisis de las tasas de ganancia emanadas de un fordismo en decadencia, se produjo la liberalización del dólar (su autonomía relativa respecto del Banco Central de USA (FED)), el control unidireccional pleno de los medios de comunicación de masas, la importación de los valores y estilos de vida norteamericanizantes (condición para su dominación económica e ideológica), y la descompensación de las relaciones de fuerza mundiales ante el prólogo de la descomposición del llamado “campo socialista”. En Chile, sólo la profunda crisis económica de inicio de los 80 recalentó los motores populares y dinamizó la lucha contra la dictadura. Sus puntos más álgidos estuvieron entre el 83 y 86. Rápidamente, las denominadas “fuerzas democráticas”, auspiciadas por naciones europeas y el Pentágono, ante la radicalización del movimiento popular y su acelerada rearticulación, suscribieron el pacto interburgués con el régimen pinochetista. Pronto llegaría la mega campaña por el “No” a la prolongación del mandato del extinto General Pinochet, y el comienzo de los gobiernos civiles. La Constitución Política de 1980, el traspaso a manos privadas de la administración de un territorio descomunal de la educación escolar y superior; la privatización sobre fundamentos especulativos del sistema de previsión social; y la venta del 70 % de la propiedad estatal del cobre, otrora nacionalizado, fueron, entre otras transformaciones nucleares de la sociedad chilena después del golpe de 1973, la expresión de las relaciones de fuerza entre capital y trabajo, hija del ciclo de lucha de clases durante la dictadura. Al respecto, la hegemonía de las facciones democrático burguesas en la lucha antidictatorial y la correspondiente insuficiencia política de los empeños anticapitalistas de inspiración socialista crearon la materia profunda, la estructura y su esmalte jurídico, la moral y la cultura, la democracia sin pueblo y la razón del capital imperante en Chile hasta hoy. El subdesarrollo del país es condición necesaria para mantener los estadios de desarrollo de los países capitalistas centrales, tanto como la existencia de pobres y la explotación es la condición necesaria para que en Chile una minoría goce de los privilegios que ofrece el actual estatus de la civilización humana. Chile no corre linealmente hacia el desarrollo –salvo en las agencias de publicidad del poder-; muy por el contrario, sigue viviendo malamente de la monoproducción cuprífera, la destrucción irracional de los recursos naturales, y el comercio de bienes importados. De este modo, el capital financiero y especulativo ordena la casa mundial –es decir, la economía-, dibuja con mano de hierro la división internacional del trabajo, y promueve la apertura comercial chilena volviendo estructural su dependencia imperialista en el marco de relaciones desiguales y excluyentes.

3. El contexto de producción de una política anticapitalista está asociado al análisis concreto de las relaciones de fuerza entre capital y trabajo en Chile y en el planeta; el nivel de desarrollo de las fuerzas productivas del país; las contradicciones esenciales del terreno; las piezas claves de la dominación, las clases principales, aliados y láminas sociales neutralizables para las posibilidades del nacimiento de la fuerza popular; y el “campo de conciencia” de los trabajadores y el pueblo en una situación concreta ofrecida por la realidad. La lucha de clases –resumen de las relaciones dinámicas entre la situación objetiva del capital, sus pliegues, contradicciones y potencias; y el “campo de conciencia” de los de abajo, sus formatos organizacionales, sus expresiones instrumentales de clase, su tonelaje político objetivo y su convicción de lucha y poder- es el termómetro y el insumo sustantivo de la brújula política para los empeños anticapitalistas de inspiración socialista. Lejos del vanguardismo (que no de la necesaria conducción política para la emancipación), del voluntarismo (que no del ánimo inquebrantable por transformar la sociedad), del dirigismo, las iluminaciones, megalomanías, esquematismos reduccionistas, remedos idealistas y sin contexto de experiencias populares liberadoras de otras latitudes, y muy lejos del puro deseo, es como se construye la fuerza social de los desheredados. El conocimiento acabado del actual período constituye el punto de arranque para cualquier diagnóstico ajustado y estado de situación para la formación compartida y democrática del proyecto liberador anticapitalista y antiimperialista.

4. La hegemonía política –o conducción y liderazgo-, en su sentido general, siempre es hegemonía de clase. Y esa hegemonía, que es burguesa y capitalista, corresponde al conjunto de herramientas interdependientes ligadas al dominio y recreación de un modo de producción económico, militar, burocrático, y sus manifestaciones legales, políticas y culturales. Como un todo modular, flexible, complejo, contradictorio, dinámico y funcional, el liderazgo de la burguesía en su fase imperialista mundializada y sin contrapesos todavía significativos, domina, disciplina, construye realidad y se reproduce aún, más allá de sus crisis cíclicas y estructurales. Cuando apenas un 20 % de los habitantes de la Tierra vive en las mejores condiciones materiales históricamente posibles, un 80 % sobrevive y abastece con su sola fuerza de trabajo el presente orden de cosas. En Chile ocurre, salvando las particularidades propias por un momento, exactamente lo mismo.

5. En la edificación de la hegemonía política de los intereses históricos de los trabajadores y el pueblo (poniendo entre paréntesis por un momento los dispositivos técnico-operativos más menudos y multifuncionales requeridos) es posible convenir que el papel de la reconstrucción de la voluntad, “campo de conciencia”, o rol de la subjetividad popular necesaria para la formación de la fuerza social liberadora está siempre a la orden del día. Incluso después de un eventual control político de la sociedad. Aquí, al parecer, se encuentran dos dimensiones intervinculadas que, de manera sincrónica, es decir, contemporáneamente, operan como tareas de largo plazo para el conjunto de empeños anticapitalistas de inspiración socialista y revolucionaria.
Existiría una suerte de plataforma básica, generalizada, amplia, instrumentalmente necesaria, y ética y políticamente legitimada, asociada a ideas fuerza distantes de la versión sobreideologizada y maximalista de las teorías emancipatorias. La incorporación de los trabajadores y el pueblo a la lucha por derechos incluso ilustrados por fracciones menos reaccionarias de la iglesia y la pequeña burguesía, según las capacidades de la conducción política y sus objetivos puntuales, ya comportan, en potencia, un salto cualitativo en el “campo de la conciencia”. Pero no se reducen estas ideas a los clásicos pliegos sindicales economicistas, sino que deben instalar la concepción de que la pelea es justa no sólo porque el salario no alcanza para vivir, sino que no alcanza para vivir porque el patrón o el empleador se queda con una parte de la riqueza que produce el trabajador. Es decir, porque las relaciones laborales se sostienen sobre un hecho fundadamente injusto, originalmente devenido de un robo legalizado. Rara vez, en las condiciones del Chile actual, las demandas de los trabajadores son satisfechas (de hecho, el código del trabajo obstruye la negociación colectiva y limita como en pocas partes del mundo, la posibilidad y eficiencia de las huelgas). Normalmente, los conflictos laborales se ofrecen en un contexto extraordinariamente asimétrico respecto de la patronal, y de manera aislada, acotada, donde la solidaridad de clase se expresa declarativamente, en el mejor de los casos. En este sentido, la idea de la unidad de los asalariados, el mayor contingente de fuerzas para enfrentar al capital y arrancarle parte de la ganancia proveniente de la explotación, suele ser una conclusión general producto del aprendizaje concreto. Aquí es preciso instalar la unidad, pero no sin contenidos; es la unidad para ganar demandas y promover la solidaridad activa, militante, entre personas que viven de un salario. Como la impotencia y premeditadas pobres facultades de la cartera del Trabajo –más allá de sus conflictos más o menos reales con Hacienda- se manifiestan como inútiles en los conflictos laborales, y el sistema de partidos políticos dominante es parte de la cartera de clientes de los patrones, allí tampoco los trabajadores encontrarán colaboración efectiva. Estos datos reales -sustancia de una democracia oligárquica- potencian la independencia política de la clase asalariada, la ponen en la necesidad de aumentar el tonelaje propio y la solidaridad entre pares, y desacredita las instituciones que sostienen el modelo sin pueblo imperante en Chile. Sin embargo, la edificación de un sentido común de los trabajadores en la línea presentada, podrá tener salidas esperanzadoras o demoledoras, dependiendo del tipo de liderazgos autorizados democráticamente por los propios trabajadores. El problema de la conducción no es una perogrullada, o una pieza adjetiva en la construcción de la recomposición de la hegemonía política de los trabajadores y el pueblo; es una condición determinante en el “campo de la conciencia”.
En el plano educacional (como en el de salubridad o previsión social), tan bien instalado como una de las demandas pilares del período en Chile por los estudiantes, el derecho a la enseñanza que no puede subordinarse a la ganancia o al lucro ya ha ganado prestigio en largos territorios sociales. En este sentido, la idea de la “igualdad”, al menos de oportunidades, campea coyunturalmente. No obstante, todavía la fuerza concreta constelada se sintetiza sólo en los actores inmediatamente involucrados. Nuevamente, las conducciones existentes tienen el papel de ampliar la base de apoyo social de la demanda. No basta que las encuestas encumbren el saludo popular a los escolares y sectores de profesores en lucha. De no integrar los trabajadores como demanda propia el derecho a una educación pública como eje del sistema (y a cuenta de un superior financiamiento, participación social y la destrucción de la educación privada subvencionada), se reducen drásticamente las posibilidades de imponer éxitos desde abajo en un plano tan sensible para el país, debido al mito de la educación como palanca de movilidad social.

6. Los ejemplos anteriormente acotados, recorren la colmena integral de la plataforma básica en el plano del “campo de conciencia”, en tanto punto de partida en la batalla de recomponer la hegemonía política de los intereses de los trabajadores y el pueblo. Pero resultan completamente insuficientes para acaudalar fracciones relevantes de las iniciativas de lucha de la clase con el objetivo histórico de construir una nueva generación (en términos más culturales que etarios) mandatada a conducir, a través de nuevos instrumentos políticos y sociales (y/o transformando radicalmente los existentes) los próximos ciclos de lucha de clases en mejores condiciones.
Al mismo tiempo que se provocan -intencionadamente, por un lado, y con rasgos de espontaneidad en su organización, por otro- los fenómenos políticos populares que, de manera incipiente, van despercudiendo el Chile del siglo XXI de la paz de cementerios impuesta por el terror y la alienación de los de arriba, también es una tarea estratégica para los empeños anticapitalistas de inspiración socialista arriesgar racionalmente, ideas fuerza que atenten contra el sostén profundo del capital, sus maneras y contenidos. El ejercicio político necesario al respecto debe provocarse en alta frecuencia popular, en conjunto con los sectores más adelantados de lucha, y con una irrenunciable estatura ética y justificación contextual. La musculatura de la dominación y hegemonía de la minoría en el poder, en términos culturales y en el “campo de la conciencia”, deben enfrentarse con claridad, de manera creativa, y adecuándose a los sujetos que mañana –a través de diversas expresiones político-orgánicas- están llamados a conducir las transformaciones en beneficio de los intereses de las mayorías.
En este sentido, es dable cuestionar críticamente la contradicción capital-trabajo, considerando que la producción de la riqueza es social, pero su apropiación, privada. Que la propiedad privada no es un derecho natural sino el fundamento devenido de los privilegios de una minoría dueña de todo. Que la lucha permanente y creciente, y la unidad de los trabajadores y el pueblo es la condición que abre las posibilidades de una vida plena para las mayorías de Chile. Que el combate contra los patrones es internacional, anticapitalista y antiimperialista. Que la colaboración con los patrones, en toda coyuntura, a la larga, fortalece a la minoría en el poder. Que no es fatal el actual orden de cosas. Que se puede producir mejor y para bien del conjunto social, sin patrones. Que el egoísmo, la competencia, el lucro, el sectarismo y el sobre consumo son los valores y prácticas que publicitan y ejercitan históricamente los poderosos para reproducir y perpetuar sus privilegios. Que si, eventualmente, gana las elecciones presidenciales de 2009 la derecha histórica, y entonces, obligadamente, bajan los funcionarios concertacionistas de palacio con el fin de enrielar el movimiento popular en ciernes sobre objetivos electorales para recobrar el Ejecutivo, es preciso disputar con razones y fuerza la potencial hegemonía política del territorio popular. Que la educación debe volver al Estado, pero esa meta por sí sola, no resuelve las contradicciones irreconciliables de las clases antagónicas existentes objetivamente en Chile. Que detrás de las luchas economicistas en cualquier ámbito, debe palpitar la lucha por el poder político y un proyecto de nueva sociedad que promueva sus instrumentos más adecuados al contexto y las relaciones de fuerza actuales, y tenga a la vista la experiencia –sus aciertos y derrotas- de las batallas populares de la historia de Chile y del mundo. Y que la política es el arte de construir fuerzas y establecer alianzas.

Andrés Figueroa Cornejo
Miembro del Polo de Trabajador@s por el Socialismo

Julio 15 de 2008