sábado, 29 de enero de 2011

Chile: La primera quincena ardiente de 2011

Por Andrés Figueroa Cornejo

1. Melisa Silva de 23 años y Claudia Castillo de 19 fueron asesinadas en Punta Arenas –Región de Magallanes- por un vehículo cuyo conductor, sospechosamente, todavía no es encontrado por las policías. Cuando fueron arrolladas por el carro, las muchachas batían cacerolas en el marco del paro general y protesta histórica –apenas comparable al “magallanazo” de 1984 acaecido durante una visita de Pinochet a la zona más austral de Chile y el mundo- convocada por la Asamblea Ciudadana de Magallanes que aglutina a todas las fuerzas en términos políticos y sociales, de manera transversal ante el alza arbitraria del gas de casi un 17%. La Región de Magallanes se encuentra asentada en uno de los territorios más extremos, duros e inclementes del planeta y sólo limita con la Antártica, donde Los Andes se hunden en el mar. Los 160 mil habitantes de la Región no sólo contienen una fuerte ascendencia de la colonia otrora yugoslava, sino que sus relaciones con la sociedad patagónica argentina se confunden en el fin helado del sur. Por lo demás, según el Banco Mundial, la zona sufre un 30% de carestía general superior al promedio nacional. La vida en el agreste suelo magallánico es carísima debido a su aislamiento y, a causa de las frías temperaturas, el consumo de gas de la población es como el pan y el agua. En la zona se asientan las principales reservas de petróleo y gas de Chile. Lo demás es ganado ovino, mucho después bovino, y algunas especies marinas. Por eso el anuncio del gobierno piñerista de elevar el precio del gas se liga inmediatamente a la preparación de condiciones para la privatización de la Empresa Nacional del Petróleo (ENAP), una de las pocas industrias, junto al 27% de la propiedad del cobre, que permanece en poder del Estado. Por ello en los primeros días de 2011, el paro y la protesta se multiplicaron mediante movilizaciones que adquirieron diversas formas. Las más aguerridas estuvieron protagonizadas por los trabajadores y sus familias empobrecidas, pero abarcaron el descontento de todos los sectores del territorio. El gobierno central inventó una mesa de diálogo, y puso a un obispo como mediador. Sin embargo, contradictoriamente, también negó la posibilidad de echar pie atrás a la medida antisocial. Podrá postergarla, amortiguarla, matizarla transitoriamente para intentar detener el descontento popular. Sin embargo, Piñera está mandatado por el programa contrarrevolucionario y antipopular del imperialismo financiero y sus instituciones tutelares sintetizados en el actual contenido del Estado, a continuar la gesta ominosa iniciada por la dictadura militar y profundizada por los gobiernos civiles de la Concertación, tendiente a maximizar las ganancias de la minoría en el poder mediante la apropiación privada de la riqueza socialmente producida, el despojo de las riquezas naturales, y la privatización de industria nacionalizada. A menos, naturalmente, que el pueblo trabajador oponga combate duro de acuerdo a su organización, estatura de resistencia, ampliación y legitimidad de la justeza de su lucha presente.

Por su parte, no faltaba más, la entidad de los dueños y capataces del país, la Confederación de la Producción y el Comercio (CPC), a través de su presidente, Lorenzo Constanz, y luego de reunirse con el ministro de Hacienda, Felipe Larraín, hizo un llamado a establecer “con urgencia” una mesa de diálogo. No vaya a ocurrir que las evaluadoras de riesgo internacionales dependientes de los capitales financieros acunados en los Estados imperialistas bajen la notas de Chile como país “confiable” y con la paz y mansedumbre socialmente necesarias para las inversiones transnacionales.

2. De acuerdo a la Dirección General de Relaciones Económicas Internacionales (Direcon), el 2010 las exportaciones de Chile alcanzaron más de 69 mil millones de dólares. Casi 40 mil millones de dólares correspondieron a cobre (monto que no considera todos los minerales valiosísimos que se extraen y sacan del país como trozos de roca no refinados en Chile), consolidando el patrón mono exportador, extractivista y negación de la diversificación industrial que gobierna la economía del país, volviéndolo extraordinariamente vulnerable y dependiente de la demanda de los mercados asiáticos. El resto fue celulosa, vino y fruta fresca. Las ganancias provenientes del metal rojo y sus estratégicos componentes minerales simplemente saqueados, terminan por reciclarse por medio de instrumentos y activos financieros y bursátiles, que son los que finalmente determinan su movimiento y precio.

Por su lado, el oficial Instituto Nacional de Estadísticas (INE), informó que en los primeros 9 meses del gobierno de Sebastián Piñera, se han “creado” 385 mil nuevos empleos a escala nacional. Sin embargo, más de 200 mil se explican por trabajo a cuenta propia, es decir, trabajo informal sin acceso a seguridad social de ninguna especie, y apenas 25 mil puestos de trabajo con contrato y previsión social (industria especulativa de las AFP’s). Lo demás es mal trabajo, subempleo y tercerización. En buenas cuentas, se amplia el trabajo asalariado en las peores condiciones posibles, irresponsabilizando al Estado del carácter estructuralmente precario, rotativo e inseguro del empleo.

Pero las malas noticias no se detienen aquí. En los días venideros el pasaje del transporte público de la Región Metropolitana, el Transantiago, aumentará a más de un dólar y el metro de la Capital, aun más. Toda vez que el combustible podría aumentar 40 pesos el litro, por efecto del incremento del precio internacional del petróleo, lo que a su vez, encarecería todas las mercancías, mientras los salarios se mantienen intactos hace mucho tiempo, y un porcentaje ascendente de trabajadores llega a fin de mes en virtud del crédito de consumo fácil y el subsecuente sobreendeudamiento.

El 40% de la propiedad estatal del sistema eléctrico asociado a la producción eléctrica de la industria del cobre (ex Edelnor), mientras tanto, en los próximos días será transado en la Bolsa de Comercio de Santiago por un valor estimado de mil millones de dólares que, de acuerdo al discurso gubernamental, serán reinvertidos en Codelco. Es como vender la visión para comprar un par de gafas.

3. Por arriba, políticamente, para dicha de la UDI y su fe de imponer para las presidenciales al actual ministro de Educación, Joaquín Lavín, fue revocado el único ex democratacristiano del Ejecutivo y que estaba a la cabeza de la cartera de Defensa, Jaime Ravinet, por sostener ante las cámaras, sin percatarse de ello el pobre, que la instalación del puente mecano sobre el río Biobío –una de las zonas más devastadas por el maremoto-terremoto de febrero de 2010- “vale callampa” (callampa=verga). Formalmente, Piñera cuestionó la gestión de Ravinet por la licitación del Ejército para comprar una casa de un millón de dólares al jefe del Estado Mayor Conjunto, general Cristian Le Dantec. Es el primer ministro que cae durante la actual administración, mientras la prensa de ultraderecha reivindica el éxito de Lavín en el aumento de los puntajes de la prueba de admisión de las universidades para estudiar carreras pedagógicas. Este punto es una de las medidas de Lavín para el supuesto mejoramiento de la calidad de la enseñanza en Chile, junto a la conversión de lo que queda de educación municipalizada dependiente del Estado en verdaderas empresas productoras de trabajadores obsecuentes y funcionales a la organización del trabajo ordenada por el capital y sus empresarios.

En tanto, tras la Junta Nacional democratacristiana, su Consejo Nacional quedó compuesto en más de un 70% de nuevos integrantes, muy allegados al conservador presidente de esa tienda, Ignacio Walker. Siguiendo los pasos de la UDI, la DC se quiere lavar la cara sin atractivo y en crisis con rostros jóvenes que representan los mismos objetivos de clase y similares políticas de un partido que es una especie de Renovación Nacional (tienda propiedad de Piñera) que en el pasado basculaba la política del país y decía reflejar el sentir de los sectores medios, pero que hoy se despeña a vista y presencia de quién guste.

4. Un nuevo incidente de la historia de la vergüenza histórica y antisoberanista, la protagonizó el chileno y socialista Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza, ubicando a Venezuela en el banquillo de los acusados y amenazando a la República Bolivariana de aplicarle la denominada "Carta Democrática" para excluirla de ese foro internacional, igual como hace casi medio siglo lo hicieran con Cuba. De peones del imperialismo norteamericano en Chile hay para exportar.

Enero 14 de 2011

Chile. Piñera: la caída



Por Andrés Figueroa Cornejo

1. La política es relaciones de fuerza e intereses de clase. Fuerza e intereses. Condensación de la economía, consenso y fuerza. La decisión del gobierno piñerista de imponer la Ley de Seguridad Interior del Estado –creada el segundo año de la dictadura militar (1975)- en la Región de Magallanes debido a la “guerra del gas” puede ser la mejor manera de intentar apagar el fuego con combustible. Bachelet amenazó con aplicarla en su administración. Lo que sí hizo fue emplear la tiránica Ley Antiterrorista contra los luchadores mapuche.


La Ley de Seguridad Interior del Estado, parte sustantiva de la Doctrina de Seguridad Nacional o empleo de las fuerzas armadas y carabineros ya no contra un enemigo externo sino contra los trabajadores y el pueblo en movimiento y lucha, en su letra d) artículo 6 resume el contenido de su concreción contra “los que inciten, promuevan o fomenten o de hecho y por cualquier medio, destruyan, inutilicen o impidan el libre acceso a puentes, calles, caminos u otros bienes de uso público o semejantes”. El anuncio lo realizó el ministro del Interior, Rodrigo Hinzpeter, después de que juraran los nuevos ministros en el marco de la peor crisis del gobierno de la derecha tradicional, cuando todavía no cumple un año. Al mismo tiempo, los representantes regionales de la Confederación de la Producción y el Comercio (gremio patronal), abandonaron la Asamblea Ciudadana de Magallanes. Es decir, luego de 6 días de paro general contra el alza de casi un 17% del precio del gas para la población de la región más austral del mundo, la Asamblea, como resulta histórico, al no cejar en su demanda, pierde transversalidad de clase, y se convierte en puro pueblo trabajador más algunos políticos muy oportunos que allí tienen su clientela. Todo en un día, en un solo acto. Se impone la Ley de Seguridad Interior del Estado mientras los empresarios ceden rápidamente a una propuesta absolutamente insuficiente para el pueblo trabajador del territorio extremo. El obispo de Magallanes dijo que es “lamentable la decisión del gobierno. Sorprende y será perjudicial para la gente de Magallanes”. Y se está hablando del sacerdote encomendado para dialogar entre las partes en pugna.

El 16 de enero la Central de Trabajadores de la provincia de Magallanes escribió al ministro del Interior, Hinzpeter, que “Tiene usted razón, en el resto del país se paga hasta 8 veces más por el m3 de gas……..pero cuente la historiacompleta, el gas residual que consume la zona central, es un gas IMPORTADO, conocido como Gas Natural Licuado (GNL), el cual debió pasar por un proceso de licuefacción, para pasarlo de su estado gaseoso a líquido y, así poder ser transportado en buques. Una vez recibido debe ser reprocesado para devolverlo a su estado gaseoso en
una PLANTA construida hace poco tiempo por ENAP e inyectarlo en las líneas matrices de distribución, por lo tanto, ESE GAS CUESTA 10 VECES MÁS que el que nosotros producimos en NUESTRA REGIÓN. Así que no somosuna región pobre…aahhhh, eso es, estos infelices supuestamente tiene plata, así que quitémoselas, no podemos aceptar que existan trabajadores que vivan bien, ¿verdad? ¿Por qué la empresa productora de metanol (la transnacional Methanex) paga menos que nosotros por el m3? POR QUÉ EL ESTADO LA SUBSIDIA. ¿Dónde quedan ahí los valores de mercado? Auméntenle el precio a $ 100/m3 o ciérrenles la llave y tenemos gas para rato”.

Por otra parte, la Coordinadora Sindical Minera, Metalúrgica y de la Energía, que agrupa a más de 100 mil trabajadores de empresas como CODELCO, ENAP y de la minería Privada, señalaron el 17 de enero que no descartan que sus organizaciones se unan a la paralización anunciada por trabajadores del petróleo, sino se logra llegar a una solución al conflicto en Magallanes.

Al ser una zona muy aislada y que sufre todo el año las inclemencias polares, el costo de la vida es el más caro del país. Un kilo de tomates vale lo mismo que una caja de tomates en el resto de Chile. El territorio es inhóspito, salvo en las ciudades y pueblos, donde habitan 160 mil personas en total, en una zona continental que tiene una superficie de 132.033,5 km² donde vive casi la totalidad de la población. Los trabajadores tienen demandas y proponen soluciones. Pero el capital ordena con implacablemente sus privilegios. El choque entre las relaciones de producción, su apropiación privada versus su carácter social ampliado, dice con claridad de mediodía que sobran los capitalistas. El tema entonces, es un asunto de fuerzas y del tipo de conducción del movimiento social. Lo cierto, preliminarmente, es que ha comenzado a detenerse por fin el reflujo del movimiento popular y, por otra parte y más coyunturalmente, se ha iniciado la caída de Piñera. Ello, sin embargo, no significa un proceso pre revolucionario, una huelga general en todo el país, una eventual insurrección generalizada, las condiciones para el derrumbe del imperio de la minoría hegemónica y financiera y los grandes propietarios, y la victoria de los intereses históricos de los trabajadores y el pueblo. Pero aunque terminara en los próximos días en una mesa de negociación el paro magallánico, incluso no obteniendo todas las reivindicaciones, ya empieza la recomposición, ora veloz, ora más lenta, pero indeclinable del pueblo como sujeto que levanta cabeza luego de largos años de letanía y mala siesta.

2. Producto del paro general en Magallanes y aprovechando el retiro del ministro de Defensa (Ravinet, único ex concertacionista en una cartera de la derecha tradicional), Sebastián Piñera realizó una vuelta de tuerca en su gabinete, colocando a uno de los ideólogos principales de Renovación Nacional en Defensa, Andrés Allamand, para que “modernice las FFAA” y atemorice o disuada al gobierno peruano en sus reivindicaciones (Chile después de Colombia, es el que más gasta en el área militar de América Latina); a la ultraderechista Evelyn Matthei (hija del último general del aire durante la dictadura, Fernando Matthei) en el Ministerio del Trabajo (!); al más popular ministro, según las encuestas, Lawrence Golborne, en Energía y Minería para enfrentar la crisis magallánica; y al tecnócrata Pedro Errázuriz en Transportes con el fin de que corrija el ineficiente, conflictivo e impopular sistema del Transantiago.

¿Qué ha ocurrido? Que finalmente, ante la irrupción actual y eventual de los sectores populares, Piñera clausuró su proyecto de gobierno empresarial con mando único (él mismo), “abrió el abanico”, colocando en vitrina a su ex archirival, la UDI Evelyn Matthei en una de las carteras que se avizoran como más conflictivas y duras durante el presente año ante un código laboral inútil para los trabajadores y la generalización del mal trabajo y peor salario, entre otras maldiciones reales y legales. Por otra, Allamand es uno de los políticos que siempre le ha hecho sombra en el sector al actual presidente. ¿Se le considerará entrar al ruedo de los posibles candidatos presidenciales junto con el bi ministro Golborne? ¿Y Matthei opacará la figura del pre candidato de la UDI para el 2013, el ministro de Educación, Joaquín Lavín? ¿O Piñera busca democratizar las responsabilidades políticas ante un eventual desastre electoral? En la mirada corta, el sello tecno-empresarial del Ejecutivo desaparece y es reemplazado por políticos profesionales de la derecha tradicional. Se acabó su sueño megalómano. Como se viene la temporada dura por abajo, Piñera procura blindar al gobierno con monstruos a los que no les tiembla la mano. Asimismo, el presidente pretende colectivizar las decisiones políticas a costa de su “estilo” original, “don” de gerente solitario y de su propio protagonismo. De paso, se libra de los ataques al interior de la Coalición por el Cambio. En este caso, en tanto cede, pierde y cae.

3. Resulta altamente probable que el paro general de Magallanes y el movimiento social que amanece sean capitalizados por Bachelet en las próximas elecciones presidenciales. Si pudiera tomarse una instantánea de lo que ocurre y se le agregara la variable elecciones, la Coalición por el Cambio simplemente, pierde. Y Bachelet, al igual que en el caso de Piñera, no gana, sino que su contrincante pierde.

¿Qué ocurre con el archipiélago de fuerzas anticapitalistas y de la propia organización de los trabajadores? En la instantánea sólo les quedaría poner el cuerpo, para variar, mientras otros o los mismos, se quedan con el Ejecutivo. Qué decir del Parlamento. No obstante, si se echa a correr la película, más allá de la pura fotografía, resta paño que cortar.

Por abajo, ya existe una coordinadora que reúne a dirigentes de sectores ligados al cobre, la metalurgia, la energía. Está dando sus primeros pasos. Asimismo y en paralelo, otra reunión se prepara en otras áreas de la economía como los portuarios, bancarios, el Transantiago, servicios, para muy pronto. En algún momento no lejano deben, por estatura histórica y a pesar de sus rencillas minúsculas a ojos del pueblo, reunirse, confundirse, pensarse, crear el nuevo instrumento de lucha de los trabajadores de acuerdo a las nuevas coordenadas determinadas por la presente organización del trabajo. La CUT de Arturo Martínez, tal cual está, es parte del problema del pueblo trabajador y no de la solución. Ya existen las condiciones para su superación. Aquí la voluntad unitaria, la inteligencia y la audacia juegan un rol nuclear. Los modos del sindicalismo chileno deben adecuarse a un renovado ciclo de luchas, con otros personajes, que los que están o se marchan demasiado lento, no son útiles para este tránsito. Ya hicieron lo que pudieron, en el caso mejor. Pero las cosas han cambiado por arriba y por abajo.

¿Qué debe hacer el anticapitalismo en territorio chileno ante el nuevo escenario? Desde noviembre de 2010 algunas agrupaciones político-sociales reunidas en el Movimiento de los Pueblos y los Trabajadores resolvieron la táctica de colaborar con la construcción de las condiciones para el paro general. Sus tareas son básicamente dos: apoyar y facilitar la articulación de la unidad de los trabajadores y los pueblos, y constituirse en una poderosa herramienta de propaganda (en su sentido más amplio y fuerte) al respecto. Ningún grupo político-social que se proponga estratégicamente la creación futura de una sociedad no capitalista es actualmente un “partido en forma”. Son más bien, núcleos de la nueva conducción política que debe resultar del propio movimiento social y la lucha de clases. Como desde hace tanto y tanto, la contradicción esencial no es Coalición por el Cambio versus Concertación, ambos rostros matizados de un mismo proyecto de la clase en el poder, sino barbarie capitalista o socialismo. Pero quedan muchos tramos todavía para formar la alternativa política que represente los intereses y las fuerzas sociales del pueblo trabajador. La crisis que comenzó con Piñera y que continuará, es una amenaza y una oportunidad. Y sólo quedan tres años para las próximas elecciones en un país donde la máquina del olvido tiene poderes psico-mágicos. La caída de Piñera ha sido más rápida de lo esperado. Resultaría una nueva desgracia y tiempo perdido, luchar y hasta ofrendar vidas como recientemente en Magallanes para que volvieran los que estaban, como si ellos no tuvieran nada que ver con la mala vida de las grandes mayorías, las privatizaciones y las pérdidas de los derechos sociales elementales. Querrán lavarse la cara, aventurar nuevos actores que, en definitiva, representan los mismos intereses de la minoría. No resultaría extraño que el Pentágono prefiriera a una Concertación con un PC descafeinado en su interior, pero capaz de amortiguar más efectivamente los conflictos sociales que la derecha tradicional, sin tocar la tendencia del imperialismo del capital financiero de profundizar un Chile cada vez más dependiente en todo ámbito, con una minoría transnacionalizada cada vez más concentrada, y la desigualdad de espanto que sufren los de abajo. Son tres años y Piñera no es el único problema. Sólo tres años.

Enero 17 de 2011


Chile: La importancia del paro magallánico y la crisis política


Andrés Figueroa Cornejo

1. Triunfó el pueblo magallánico. Contra el miedo, la mansedumbre a presión y la desmoralización, el movimiento social de la Región más austral de Chile agrupado en la Asamblea Ciudadana de Magallanes, luego de 7 días de paro general y con el costo feroz de dos muchachas asesinadas en medio de las protestas, obtuvo una victoria contra el intento de los actuales administradores del Estado de imponer un alza de casi 17% en las cuentas del gas en el territorio más caro, inclemente y donde el pan empata con el gas en tanto artículo de primera necesidad para el pueblo de la zona helada. Los objetivos de las autoridades estaban ligados a los intereses de la transnacional de metanol Methanex y a los preparativos para la privatización de la Empresa Nacional del Petróleo (ENAP). Algunos dirán que fue un logro parcial. Pero bajo el capitalismo brutal que impera en Chile y las presentes relaciones de fuerza entre los que mandan y el pueblo trabajador, definitivamente es una conquista. Por lo demás, mientras gobierne el capital, todo triunfo es parcial hasta invertir la hegemonía política y social realmente existente. “Fue lo menos malo”, señaló uno de los representantes de la Asamblea que debió negociar con el delfín de Piñera, Laurence Golborne, bi ministro de Minería y Energía. ¿Qué obtuvo la Asamblea? Un reajuste del gas de sólo un 3% (IPC); la mantención de la cobertura de hasta 25 mil metros cúbicos de consumo mensual; y un aumento de casi 20 mil subsidios (casi la mitad de la población total) para las familias que demanden recursos para el pago del gas. La Asamblea tuvo un origen policlasista, pero días antes de la negociación ya se había retirado de ella la representación empresarial y los políticos tradicionales. Es decir, negociaron sólo los trabajadores y el pueblo.

Dentro de los aprendizajes se encuentra en el centro que con fuerza organizada por abajo se puede ofrecer resistencia efectiva. El gobierno –temeroso de las miradas de las calificadoras de riesgo internacionales- debió ceder, más allá del establecimiento de la Ley de Seguridad Interior del Estado. Como efecto intervinculado con el conflicto amañado por los medios de comunicación dominantes (o sea, prácticamente todos), se destruyó la estrategia piñerista del gobierno de tecnócratas y empresarios, y debió integrar al gabinete a una senadora hija de un miembro de la junta militar que encabezó Pinochet, y a su rival personal en estatura política de su misma tienda, Andrés Allamand, y ampliar políticamente por la derecha convencional la toma de decisiones (liberal o más conservadora, da igual desde las ferias podridas que venden chucherías a lo largo de todo el país). Virtualmente es el fin de Piñera, incluso refrendado en las encuestas donde, a diciembre de 2010, bajó tres puntos porcentuales de popularidad, llegando a 47% de aprobación según la empresa consultora. De este modo, antes de que se cumpla un año de Piñera en el turno de la derecha tradicional para la administración del Estado, ya están en competencia electoral para el 2013, Lavín (tercero en las encuestas), Matthei (UDI), Allamand (RN) y Golborne. Por el lado de la Concertación desrumbada y en proceso de descomposición, sólo se encuentra Michelle Bachelet. Su figura solitaria construida mediáticamente -porque los partidos de la componenda tienen el prestigio del sabor del bacalao- es, hasta ahora, la única garantía de una posibilidad real de retorno al Ejecutivo. Otro tanto ocurre entre los partidos de la derecha tradicional, en todo caso. Al parecer, mientras Bachelet más lejos de la contingencia y de los partidos de la Concertación se encuentra, su popularidad se estabiliza a la alza o al menos no se daña.

Sin embargo, dentro de los puntos de la negociación entre la Asamblea de Magallanes y el gobierno, está la instalación de una “Mesa de Trabajo” para marzo de este año con el fin, por parte del Ejecutivo, de reponer mediante un sistema de tarifados su medida original dosificadamente. Por tanto, el pueblo de Magallanes no puede dormir. Y sobre todo, en términos estratégicos, hasta que el movimiento social en general no logre cuajar en una conducción política que resuma sus intereses genuinos a escala de todo el territorio chileno y mapuche, con vocación de poder y convicción en la dirección de la sociedad de manera integral, sólo podrá reaccionar, actuar a la defensiva, confiar en parciales levantamientos semi espontáneos, netamente económicos y carentes de una articulación orgánica y programática que pavimenten sólidamente el camino a un gobierno y un Estado de nuevo tipo no capitalista. La lucha magallánica expresó en la calle un ciclo de indignación por abajo, hasta ahora casi siempre solapado, pero que por sus logros ofrece renovada confianza en las fuerzas propias de los trabajadores y el pueblo. Para quien no conozca Chile, este fenómeno por sí solo constituye la apertura de un nuevo período, luego de décadas de somnolencia apenas estremecidas por la denominada “revolución pinguina” de 2006 que protagonizaron los estudiantes secundarios contra el lucro en la educación. De los hechos objetivos se desprenden las tareas políticas de franjas del pueblo trabajador conciente y en pie de luchar, pero todavía fragmentado. La unidad de los asalariados y sus alrededores pierde su carácter puramente ideológico, y se transforma en la orden concreta y necesaria del día.

2. Sufre Piñera, y con sus “bracitos cortos” (nombre que le dio el embajador norteamericano según Wikileaks) convoca a políticos de mano dura para “corregir” su gabinete. Sufre Piñera y la tesis de un gobierno de empresa se hace trizas ante la realidad de la conflictividad real de la sociedad y la ruina de que un país es posible administrarlo como una corporación aérea o un canal de televisión. Sufre Piñera y busca democratizar las decisiones, haciendo responsable a sectores y personajes de la propia derecha de las crisis en curso y de las que vendrán.

Pero si Piñera sufre, la llamada oposición se muerde con dentadura de fin de matrimonio. A propósito o bajo la excusa de la aprobación a la velocidad del relámpago del proyecto educativo del dueño de esa cartera, Joaquín Lavín, la Concertación profundiza su trizadura. A qué decir que el proyecto aprobado y acordado por senadores y diputados oficialistas y de la Concertación por mayoría casi absoluta, persigue consolidar la enseñanza privada y demoler lo que resta de la municipalizada o estatal, donde entre otros puntos, se duplica la dotación de capital inicial para los sostenedores de la educación escolar privada. Ya cuando terminó el gobierno de Bachelet, la educación privada particular (pagada completamente por el apoderado) y la privada subvencionada (pagada parcialmente por el apoderado) superaba en porcentaje a la municipalizada (gratuita) en la cual estudia la población más empobrecida del país. La iniciativa regresiva y clasista golpea no sólo a los hijos de los trabajadores, sino que opera con especial saña contra los docentes que deben laborar en pésimas condiciones y sin ninguna participación en las maneras y contenidos curriculares. El gremio de profesores amenazó con movilizaciones. Los jóvenes, por su parte, ya han construido una tradición de defensa aguerrida de la educación pública en los últimos años. Y en la prensa se publicó que el proyecto se aprobó en enero cuando tanto educadores como estudiantes se encuentran de vacaciones. Al respecto, marzo, en el inicio de las clases en todo Chile, puede resultar un mes caliente y de prueba definitiva para el pre candidato Joaquín Lavín.

Fue precisamente lo que ocurrió en el Legislativo lo que gatilló un nuevo y rotundo desencuentro entre representantes de la Concertación. El senador y presidente del Partido Radical Social Demócrata (que no es radical ni socialdemócrata), José Gómez, uno de los emprendimientos políticos que constituye históricamente la Concertación, luego de la votación del proyecto de Lavín señaló que lo aprobado es “una ley que lo que hace es perpetuar un sistema educacional que todos hemos considerado de mala calidad”. Como si fuera poco, irónicamente, Gómez felicitó a Piñera “por haber logrado dividir a la Concertación”. Por su parte, hasta uno de los líderes del liberal Partido Socialista (que de socialista sólo tiene la socialización de los megasueldos y otros beneficios del Estado para sus representantes políticos), Camilo Escalona, encaró a su camarada presidente de la Democracia Cristiana, el derechista Ignacio Walker, diciéndole que “Te has convertido en un asesor del ministro Lavín” por refrendar con su firma la ley privatizadora. Otro personaje, el diputado Sergio Aguiló, después de 20 años de militancia en el PS, y a través de un correo electrónico, renunció a esa tienda, dándose cuenta luego de dos décadas de que “Mi discrepancia con el partido es muy larga y tiene que ver con la falta de transformaciones profundas que el país necesitaba y que la Concertación no hizo cuando era gobierno, y con la actitud que tiene el PS hoy de apoyar en el fondo las reformas neoliberales del gobierno de Piñera”. ¿Otro Jorge Arrate? ¿Se irá con Marco Enríquez-Ominami? Pareciera que estar en el gobierno es dulce y que se avinagra el negocio al ser falsa oposición. ¿No será demasiado tarde para arrepentimientos, toda vez que el llamado neoliberalismo, o la franca hegemonía del liberalismo financiero fue profundizada por la Concertación, a la par que procuró domesticar y desmantelar el movimiento popular tal cual lo ordena el manual pentagonista y las instituciones mandantes de la deuda mundial y sus condiciones antipopulares, como el FMI y el Banco Mundial, entre otras?

En la misma línea que José Gómez, el equipo programático del derrotado candidato concertacionista en las últimas elecciones, Eduardo Frei Ruiz Tagle, un grupo de nombre Océanos Azules evacuó un documento donde evalúa el fracaso electoral y haciendo alarde de inventores de la rueda y oportunismo, afirma que la Concertación no contiene “legitimidad ni credibilidad (…) Creemos que debe reemplazarse la Concertación por una potente coalición de ciudadanos por la democracia, que sea amplia, abierta, capaz de convocar, que sea moderna e inclusiva” (¿un neo PPD grandote y remasterizado?). Luego de 20 años de agudización de la desigualdad social, de concentración capitalista, de privatizar hasta el borde costero, el agua, más de dos tercios del cobre, la educación, la salud, la previsión social y hasta hipotecar el mar, y ofrecer pesado garrote contra cualquier movimiento que se erigiera contra la desposesión a mansalva de los recursos naturales o contra los abusos laborales y la explotación humana en virtud de un aperturismo económico que ranquea en el planeta, la inteligencia de la Concertación y sus propios sostenes políticos proponen “volver a la gente”. ¿Por qué los que han sido también el problema junto a la derecha tradicional, ahora van a ser parte de la solución? ¿Electroshock? ¿Más medicamentos para el olvido colectivo? Los jefes de la Concertación siempre han sabido que el mando de Estados Unidos a través de la dictadura lo que cambio fundamentalmente –a tono con las nuevas relaciones de fuerza internacionales y las formas impuestas desde los 70’ por los Estados imperialistas y corporativos para sostener sus prebendas y utilidades- es el propio contenido del Estado chileno, reflejado jurídicamente en la Constitución de 1980. Ahora los gobiernos, o más bien, las administraciones distribuidas en dos componendas, indistintamente, tienen un margen de movimiento escuálido no sólo porque no existió voluntad política cuando fue el turno de la Concertación, sino porque el Estado perdió toda dinámica permeable de la democracia burguesa anterior al golpe de Estado de 1973. Hoy el Estado está regido estratégicamente por los intereses de las grandes corporaciones transnacionalizadas. Los gobiernos corresponden a “licitaciones” en cuanto a su administración de turno simplemente. Y la única manera de modificar la actual naturaleza del Estado es por medio de la construcción de una fuerza social y política que obligue a la minoría gran propietaria a detener su ofensiva antisocial. Otra discusión corresponde a las formas que adquiera esa fuerza social, como también otro asunto es combinar el desarrollo de un movimiento real de pueblo y asalariados en Chile con las relaciones de fuerza, al menos existentes en América Latina. Por eso la llamada “sociedad civil”, es decir las grandes mayorías, el pueblo trabajador, son las fuerzas destacadas para enfrentar las políticas estatales –independientemente de la Concertación o la derecha tradicional- y transformarlas de acuerdo a sus intereses históricos. Esa sociedad civil puede tomar los nombres de poder popular, pueblo organizado autónomamente del Estado, etc., pero lo cierto es que su movimiento debe estar determinado por la confrontación recurrente con el Estado, síntesis de los intereses de la clase minoritaria y hegemónica. Por eso las grandes corporaciones que gobiernan las relaciones sociales en el país para su provecho privado no necesitan más burocracia y oficialidad militar que la estatal. Y por eso, asimismo, la cuestión central es la relación de fuerzas y el poder. Sólo lograr poner en la discusión pública la renacionalización del cobre, provocaría temblores en el dominio de clase resumido en el Estado y comenzaría su cuestionamiento necesario y masivo hasta convertirse en un lugar común. Esto es, en una demanda de alto consenso y legitimidad. Si hoy las fuerzas alcanzan para, por ejemplo, evitar la completa privatización del cobre, allí hay que estar. Pero con la mira en la soberanía estratégica de la propiedad social de todas las materias primas y recursos naturales.

3. Al respecto, los desafíos para cambiar la vida en Chile y el Continente resultan portentosos. Incluso cuando no se trata ahora ni siquiera de socialismo, sino de una distribución más justa y equitativa del excedente que la propia sociedad produce con su trabajo. Hasta para modificar algunos aspectos del actual Código Laboral es preciso crear fuerzas poderosas, con expresiones políticas estables, insobornables, con tácticas flexibles y principios y estrategia irrenunciables. Lo mismo para detener el deterioro brutal de la naturaleza debido a la acumulación por despojo de las compañías multinacionales que hacen aquí lo que les está prohibido en los países desarrollados, como lo que ocurre en las industrias salmonera, forestal, energética y cuprífera.

Un paro general sería una demostración de fuerzas. Ahí hay que llegar como punto de arranque y condensación de fuerzas. Por algún lado los trabajadores y el pueblo deben saltar las barreras cortas de la demanda puramente económica –que así comienzan las cosas-, mientras se construye la alternativa política de esas mismas fuerzas sociales.

Tanto la derecha tradicional, como la Concertación son los concesionarios actuales del Estado. Y sus reyertas amplificadas por los medios de comunicación de masas son la máscara funcional que distrae al conjunto social respecto de hacia dónde crear y alinear las fuerzas en paulatina irrupción y formación. Esta historia la hacen las mujeres y los hombres concretos y contemporáneos. Entonces el fatalismo es sólo un momento de alienación, porque esos mismos hombres y mujeres pueden transformar el actual estado de cosas. Aunque parezca un incidente menor, el paro de Magallanes y su triunfo iluminan la noche de otras costas.

Enero 23 de 2011


No todo es playa en el verano chileno de 2011

Por Andrés Figueroa Cornejo

1. En los tiempos de la hegemonía mundial del liberalismo financiero y cuando el desarrollo de las fuerzas productivas permitiría organizar el inmenso excedente socialmente producido para beneficio de la humanidad si no fuera por su acaparamiento y apropiación privada por los pocos dueños de todo, en la Región Metropolitana de Chile, la Cámara Nacional de Comercio informó que los vendedores de artículos fundamentalmente de origen chino, registraron un alza histórica de 17,6% en 2010, respecto de 2009, debido principalmente al mayor acceso al crédito plástico y de consumo (‘verdugo de esta cadena’). Los salarios siguen congelados –es decir, en concreto, a la baja debido al aumento proyectado del IPC o costo de la vida-, y la estrategia de financiarización y convencimiento multimediático del país de que las cosas no podrían ir mejor. Aunque la apreciación del peso favorece las importaciones para el capital comercial y el consumo interno y termina por destruir las rémoras de industria nacional, las mercancías de procedencia oriental por muy baratas que estén no justifican el alza de las ventas a esos niveles. Sólo el aumento general de los salarios generales. Pero como ello no es real, el crédito fácil es lo único que lo explica.

En tanto, se amplía el empleo por medio de sus formas más precarizadas, tanto en el bajo precio de la fuerza de trabajo, como en el tipo de empleo, precarias relaciones contractuales (cuando existen) y la multiplicación de los trabajadores a cuenta propia (en el paisito hay cada vez más taxis y microscópicos comerciantes, mini especuladores de golosinas y baratijas). Por eso, también según números oficiales, la cesantía se estancó en alrededor de un 8%. No así el subempleo, la tercerización y el trabajo informal. Ese crece como espuma.

Por otro lado, de acuerdo a proyecciones gubernamentales, el Estado recibiría por impuestos al cobre US$ 9 mil millones por parte de la estatal Codelco (que concentra el 27% del la explotación del metal rojo), mientras que las mineras privadas pagarían US$ 8.500 millones (que concentran el 73% de la explotación cuprífera). ¿Cuánto desarrollo necesario en todos los ámbitos, tanto sociales, como de promoción industrial diversificada con irrestricta protección de la naturaleza finita, podría propugnarse y beneficiar a las grandes mayorías, al pueblo trabajador, si el cobre fuera explotado únicamente por el fisco chileno?

Hace unas semanas se presentó en Santiago de Chile el anuario estadístico de CEPAL, donde la exportación de productos primarios en la Comunidad Andina aumento al 82,3% el 2009, y en el MERCOSUR llegó al 63,1%. Detrás de Bolivia, que ranquea este fenómeno generador de dependencia y fragilidad, está Perú, Ecuador y Chile. CEPAL afirma que los indicadores de comienzos de 2010 ratifican la tendencia. Esta es la misma historia de siempre. Una clase dominante rentista y parasitaria dueña del Estado que obtiene utilidades a través de la venta de recursos naturales (privada o fiscalmente) que utiliza para comprar mercancías terminadas y nunca medios de producción y tecnología con el fin de de diversificar la economía. Por eso en el país el sector servicios y comercio a toda escala emplea a casi el 80% de los trabajadores asalariados, con o sin contrato. Mientras tanto, poco más de un 20% revienta yacimientos de cobre y minerales asociados, bosques, y pescado. Es CEPAL y no la Internacional Comunista –que por lo demás no existe- la que indica que tras este añoso patrón económico dominante en América Latina y Chile, además de pulverizar con celeridad dramática los recursos naturales agotables hace imposible crear “estrategias de desarrollo endógenas y autónomas”. Esto es, que vuelve a la Región más lejos de la independencia genuina, más lejos de la prosperidad; en fin, más lejos de la igualdad básica para la libertad auténtica y la soberanía en todos los planos.

Tal como se ha señalado profusamente, una de las características sustantivas del capitalismo en Chile se expresa en el movimiento compuesto por la concentración del capital y la desigualdad social aguda. Al respecto, cuatro cadenas de supermercados condensan prácticamente el 90% del mercado a agosto de 2010. Sólo Wal-Mart (que en el país se llama Líder) posee el 33,4%. Cencosud (Jumbo y Santa Isabel) tiene el 30,5%; el grupo Saieh el 17%; y Southern Cross (Supermercados del Sur) poco más del 7%. La concentración funciona imponiendo los precios de venta a los demandantes, y los precios de compra a los proveedores de los supermercados sobre todo de frutas y verduras. Se trata de las llamadas micro y pequeñas empresas condenadas a las condiciones determinadas por los gigantes de la venta al detalle. Su alternativa son las ferias libres, cada vez más castigadas jurídicamente, pese o porque en más ocasiones que las convenientes para los monstruos del sector, venden productos más baratos al público. Aquí los gobiernos municipales han ordenado la destrucción concreta de ferias enteras en la Región Metropolitana. Es decir, se manifiesta una colusión entre los intereses de los grandes supermercados y los gobiernos locales contra los feriantes. Mucho de los empleos con los cuales engorda las cifras el gobierno, se trata de trabajadores feriantes, puro y duro mal trabajo informal.

2. En la política de los de arriba, ante la crisis de la componenda que cogobierna con la derecha tradicional y gatillada por la reforma educacional privatizadora de Joaquín Lavín (hasta la vista, todavía pre candidato de la ultraderecha UDI) aprobada con los votos de la Concertación en el Congreso, el presidente de la Democracia Cristiana, Ignacio Walker, dijo sobre la proposición de recrear esa alianza que “Estoy disponible para revisar el nombre de la marca”. Por otro lado, ex concertacionistas como Jorge Arrate y Sergio Aguiló se empeñan en formar una Asamblea de Izquierda, donde en lo central se plantea que “rechaza las alternativas neoliberales y su marco institucional, que fue dado por la dictadura. Somos partidarios de una nueva constitución, participativa, democrática, que surja de una Asamblea Constituyente”. Uno de los aspectos inquietantes de la iniciativa es la composición de su conducción, toda vez que se trata de ex personeros de la propia Concertación y de otros que colaboraron de una u otra forma en distintos momentos con ella. Por lo demás, en las últimas elecciones, el ex candidato de la izquierda tradicional, Jorge Arrate, pasó a la historia por llamar en la segunda vuelta presidencial a votar “todos contra la derecha”, y muchos años antes, por capitanear desde el exilio europeo la “renovación socialista”, que en buenas cuentas, facilitó la salida pactada de la dictadura, manteniendo el régimen económico dominante intacto durante los 20 años que administró el Estado la Concertación, tanto como la imposibilidad de procesar a Pinochet en Chile o en el extranjero, entre otras cosas.

¿Qué fuerza progresiva en el país no querría transformar la Constitución? Lo que ocurre es que el movimiento es inverso. La Asamblea Constituyente y el producto de una nueva Constitución pro popular es la hija jurídica de las fuerzas sociales hegemónicas del pueblo trabajador que todavía no son, pero que comportan el desafío para que sean. ¿Dónde, cuándo y cómo ha habido asambleas constituyentes pro populares en América Latina? En los países donde, sustentados sobre fuerzas sociales genuinas y severas crisis de gobernabilidad, primero se ha accedido al Ejecutivo. De acuerdo a las relaciones de fuerzas actuales, con fortuna, una Asamblea Constituyente podría matizar la regente. Simplemente porque la hegemonía del liberalismo financiero y la clase mandante domina poderosamente todavía las relaciones sociales, y las fuerzas populares progresivas recién amanecen. Naturalmente una nueva Constitución es un horizonte. Pero aún se mantiene en un limbo superestructural. Si no se tuvo la fuerza para crear una AFP del Estado que compitiera con las privadas, o un Banco del Estado que realmente basculara la usura extraordinaria del sistema financiero privado y transnacional que opera en Chile, ¿cómo se realiza una Asamblea Constituyente para modificar la carta de navegación que enmarca y expresa el predominio objetivo del capital sobre el trabajo, de los intereses de la minoría por sobre los de la mayoría? Un misterio. Como un misterio es que la nueva formación no termine colaborando con el retorno de la Concertación al Ejecutivo. Lo cierto, es que más allá de los prejuicios (por muy justificados que resulten), hay que observar y evaluar con serenidad el curso que tome. Aquí no sobra izquierda. Por el contrario. El problema llano es quién lleva el pandero, el contenido de clase de su dirección, y cuáles son sus objetivos estratégicos independientemente de la radicalidad o no de su programa hoy. De lo contrario los intereses históricos del pueblo trabajador una vez más serán postergados o empleados como moneda de canje para cuestiones distintas a un proyecto y alternativa verdaderamente independiente de la Concertación o la “marca” que eventualmente adopte. El derecho a la sospecha no es sectarismo o maximalismo o extremismo o gusto malsano por la denominada “marginalidad política” o miedo al poder o una mirada conspirativa de la historia y la política. Es sólo eso. Derecho a la sospecha de acuerdo, en este caso, a la composición de quienes encabezan y coordinan la iniciativa.

3. Después de todo, con las alzas del precio del transporte colectivo (Transantiago y el metro); la vuelta en marzo de estudiantes y profesores y su reacción movilizadora y antiprivatizadora ante el acuerdo sin más sujeto que los congresistas de las dos variantes en el Legislativo; y la sonada visita del presidente norteamericano a Chile en el mismo mes, marzo se advierte como un otoño donde ya se oye el crujir de las hojas secas bajo el calzado de los luchadores sociales en la calle. De los luchadores sociales que están y de los que se agregan silenciosa y diariamente.

Enero 27 de 2010

Chile: La importancia del paro magallánico y la crisis política


Andrés Figueroa Cornejo

1. Triunfó el pueblo magallánico. Contra el miedo, la mansedumbre a presión y la desmoralización, el movimiento social de la Región más austral de Chile agrupado en la Asamblea Ciudadana de Magallanes, luego de 7 días de paro general y con el costo feroz de dos muchachas asesinadas en medio de las protestas, obtuvo una victoria contra el intento de los actuales administradores del Estado de imponer un alza de casi 17% en las cuentas del gas en el territorio más caro, inclemente y donde el pan empata con el gas en tanto artículo de primera necesidad para el pueblo de la zona helada. Los objetivos de las autoridades estaban ligados a los intereses de la transnacional de metanol Methanex y a los preparativos para la privatización de la Empresa Nacional del Petróleo (ENAP). Algunos dirán que fue un logro parcial. Pero bajo el capitalismo brutal que impera en Chile y las presentes relaciones de fuerza entre los que mandan y el pueblo trabajador, definitivamente es una conquista. Por lo demás, mientras gobierne el capital, todo triunfo es parcial hasta invertir la hegemonía política y social realmente existente. “Fue lo menos malo”, señaló uno de los representantes de la Asamblea que debió negociar con el delfín de Piñera, Laurence Golborne, bi ministro de Minería y Energía. ¿Qué obtuvo la Asamblea? Un reajuste del gas de sólo un 3% (IPC); la mantención de la cobertura de hasta 25 mil metros cúbicos de consumo mensual; y un aumento de casi 20 mil subsidios (casi la mitad de la población total) para las familias que demanden recursos para el pago del gas. La Asamblea tuvo un origen policlasista, pero días antes de la negociación ya se había retirado de ella la representación empresarial y los políticos tradicionales. Es decir, negociaron sólo los trabajadores y el pueblo.

Dentro de los aprendizajes se encuentra en el centro que con fuerza organizada por abajo se puede ofrecer resistencia efectiva. El gobierno –temeroso de las miradas de las calificadoras de riesgo internacionales- debió ceder, más allá del establecimiento de la Ley de Seguridad Interior del Estado. Como efecto intervinculado con el conflicto amañado por los medios de comunicación dominantes (o sea, prácticamente todos), se destruyó la estrategia piñerista del gobierno de tecnócratas y empresarios, y debió integrar al gabinete a una senadora hija de un miembro de la junta militar que encabezó Pinochet, y a su rival personal en estatura política de su misma tienda, Andrés Allamand, y ampliar políticamente por la derecha convencional la toma de decisiones (liberal o más conservadora, da igual desde las ferias podridas que venden chucherías a lo largo de todo el país). Virtualmente es el fin de Piñera, incluso refrendado en las encuestas donde, a diciembre de 2010, bajó tres puntos porcentuales de popularidad, llegando a 47% de aprobación según la empresa consultora. De este modo, antes de que se cumpla un año de Piñera en el turno de la derecha tradicional para la administración del Estado, ya están en competencia electoral para el 2013, Lavín (tercero en las encuestas), Matthei (UDI), Allamand (RN) y Golborne. Por el lado de la Concertación desrumbada y en proceso de descomposición, sólo se encuentra Michelle Bachelet. Su figura solitaria construida mediáticamente -porque los partidos de la componenda tienen el prestigio del sabor del bacalao- es, hasta ahora, la única garantía de una posibilidad real de retorno al Ejecutivo. Otro tanto ocurre entre los partidos de la derecha tradicional, en todo caso. Al parecer, mientras Bachelet más lejos de la contingencia y de los partidos de la Concertación se encuentra, su popularidad se estabiliza a la alza o al menos no se daña.

Sin embargo, dentro de los puntos de la negociación entre la Asamblea de Magallanes y el gobierno, está la instalación de una “Mesa de Trabajo” para marzo de este año con el fin, por parte del Ejecutivo, de reponer mediante un sistema de tarifados su medida original dosificadamente. Por tanto, el pueblo de Magallanes no puede dormir. Y sobre todo, en términos estratégicos, hasta que el movimiento social en general no logre cuajar en una conducción política que resuma sus intereses genuinos a escala de todo el territorio chileno y mapuche, con vocación de poder y convicción en la dirección de la sociedad de manera integral, sólo podrá reaccionar, actuar a la defensiva, confiar en parciales levantamientos semi espontáneos, netamente económicos y carentes de una articulación orgánica y programática que pavimenten sólidamente el camino a un gobierno y un Estado de nuevo tipo no capitalista. La lucha magallánica expresó en la calle un ciclo de indignación por abajo, hasta ahora casi siempre solapado, pero que por sus logros ofrece renovada confianza en las fuerzas propias de los trabajadores y el pueblo. Para quien no conozca Chile, este fenómeno por sí solo constituye la apertura de un nuevo período, luego de décadas de somnolencia apenas estremecidas por la denominada “revolución pinguina” de 2006 que protagonizaron los estudiantes secundarios contra el lucro en la educación. De los hechos objetivos se desprenden las tareas políticas de franjas del pueblo trabajador conciente y en pie de luchar, pero todavía fragmentado. La unidad de los asalariados y sus alrededores pierde su carácter puramente ideológico, y se transforma en la orden concreta y necesaria del día.

2. Sufre Piñera, y con sus “bracitos cortos” (nombre que le dio el embajador norteamericano según Wikileaks) convoca a políticos de mano dura para “corregir” su gabinete. Sufre Piñera y la tesis de un gobierno de empresa se hace trizas ante la realidad de la conflictividad real de la sociedad y la ruina de que un país es posible administrarlo como una corporación aérea o un canal de televisión. Sufre Piñera y busca democratizar las decisiones, haciendo responsable a sectores y personajes de la propia derecha de las crisis en curso y de las que vendrán.

Pero si Piñera sufre, la llamada oposición se muerde con dentadura de fin de matrimonio. A propósito o bajo la excusa de la aprobación a la velocidad del relámpago del proyecto educativo del dueño de esa cartera, Joaquín Lavín, la Concertación profundiza su trizadura. A qué decir que el proyecto aprobado y acordado por senadores y diputados oficialistas y de la Concertación por mayoría casi absoluta, persigue consolidar la enseñanza privada y demoler lo que resta de la municipalizada o estatal, donde entre otros puntos, se duplica la dotación de capital inicial para los sostenedores de la educación escolar privada. Ya cuando terminó el gobierno de Bachelet, la educación privada particular (pagada completamente por el apoderado) y la privada subvencionada (pagada parcialmente por el apoderado) superaba en porcentaje a la municipalizada (gratuita) en la cual estudia la población más empobrecida del país. La iniciativa regresiva y clasista golpea no sólo a los hijos de los trabajadores, sino que opera con especial saña contra los docentes que deben laborar en pésimas condiciones y sin ninguna participación en las maneras y contenidos curriculares. El gremio de profesores amenazó con movilizaciones. Los jóvenes, por su parte, ya han construido una tradición de defensa aguerrida de la educación pública en los últimos años. Y en la prensa se publicó que el proyecto se aprobó en enero cuando tanto educadores como estudiantes se encuentran de vacaciones. Al respecto, marzo, en el inicio de las clases en todo Chile, puede resultar un mes caliente y de prueba definitiva para el pre candidato Joaquín Lavín.

Fue precisamente lo que ocurrió en el Legislativo lo que gatilló un nuevo y rotundo desencuentro entre representantes de la Concertación. El senador y presidente del Partido Radical Social Demócrata (que no es radical ni socialdemócrata), José Gómez, uno de los emprendimientos políticos que constituye históricamente la Concertación, luego de la votación del proyecto de Lavín señaló que lo aprobado es “una ley que lo que hace es perpetuar un sistema educacional que todos hemos considerado de mala calidad”. Como si fuera poco, irónicamente, Gómez felicitó a Piñera “por haber logrado dividir a la Concertación”. Por su parte, hasta uno de los líderes del liberal Partido Socialista (que de socialista sólo tiene la socialización de los megasueldos y otros beneficios del Estado para sus representantes políticos), Camilo Escalona, encaró a su camarada presidente de la Democracia Cristiana, el derechista Ignacio Walker, diciéndole que “Te has convertido en un asesor del ministro Lavín” por refrendar con su firma la ley privatizadora. Otro personaje, el diputado Sergio Aguiló, después de 20 años de militancia en el PS, y a través de un correo electrónico, renunció a esa tienda, dándose cuenta luego de dos décadas de que “Mi discrepancia con el partido es muy larga y tiene que ver con la falta de transformaciones profundas que el país necesitaba y que la Concertación no hizo cuando era gobierno, y con la actitud que tiene el PS hoy de apoyar en el fondo las reformas neoliberales del gobierno de Piñera”. ¿Otro Jorge Arrate? ¿Se irá con Marco Enríquez-Ominami? Pareciera que estar en el gobierno es dulce y que se avinagra el negocio al ser falsa oposición. ¿No será demasiado tarde para arrepentimientos, toda vez que el llamado neoliberalismo, o la franca hegemonía del liberalismo financiero fue profundizada por la Concertación, a la par que procuró domesticar y desmantelar el movimiento popular tal cual lo ordena el manual pentagonista y las instituciones mandantes de la deuda mundial y sus condiciones antipopulares, como el FMI y el Banco Mundial, entre otras?

En la misma línea que José Gómez, el equipo programático del derrotado candidato concertacionista en las últimas elecciones, Eduardo Frei Ruiz Tagle, un grupo de nombre Océanos Azules evacuó un documento donde evalúa el fracaso electoral y haciendo alarde de inventores de la rueda y oportunismo, afirma que la Concertación no contiene “legitimidad ni credibilidad (…) Creemos que debe reemplazarse la Concertación por una potente coalición de ciudadanos por la democracia, que sea amplia, abierta, capaz de convocar, que sea moderna e inclusiva” (¿un neo PPD grandote y remasterizado?). Luego de 20 años de agudización de la desigualdad social, de concentración capitalista, de privatizar hasta el borde costero, el agua, más de dos tercios del cobre, la educación, la salud, la previsión social y hasta hipotecar el mar, y ofrecer pesado garrote contra cualquier movimiento que se erigiera contra la desposesión a mansalva de los recursos naturales o contra los abusos laborales y la explotación humana en virtud de un aperturismo económico que ranquea en el planeta, la inteligencia de la Concertación y sus propios sostenes políticos proponen “volver a la gente”. ¿Por qué los que han sido también el problema junto a la derecha tradicional, ahora van a ser parte de la solución? ¿Electroshock? ¿Más medicamentos para el olvido colectivo? Los jefes de la Concertación siempre han sabido que el mando de Estados Unidos a través de la dictadura lo que cambio fundamentalmente –a tono con las nuevas relaciones de fuerza internacionales y las formas impuestas desde los 70’ por los Estados imperialistas y corporativos para sostener sus prebendas y utilidades- es el propio contenido del Estado chileno, reflejado jurídicamente en la Constitución de 1980. Ahora los gobiernos, o más bien, las administraciones distribuidas en dos componendas, indistintamente, tienen un margen de movimiento escuálido no sólo porque no existió voluntad política cuando fue el turno de la Concertación, sino porque el Estado perdió toda dinámica permeable de la democracia burguesa anterior al golpe de Estado de 1973. Hoy el Estado está regido estratégicamente por los intereses de las grandes corporaciones transnacionalizadas. Los gobiernos corresponden a “licitaciones” en cuanto a su administración de turno simplemente. Y la única manera de modificar la actual naturaleza del Estado es por medio de la construcción de una fuerza social y política que obligue a la minoría gran propietaria a detener su ofensiva antisocial. Otra discusión corresponde a las formas que adquiera esa fuerza social, como también otro asunto es combinar el desarrollo de un movimiento real de pueblo y asalariados en Chile con las relaciones de fuerza, al menos existentes en América Latina. Por eso la llamada “sociedad civil”, es decir las grandes mayorías, el pueblo trabajador, son las fuerzas destacadas para enfrentar las políticas estatales –independientemente de la Concertación o la derecha tradicional- y transformarlas de acuerdo a sus intereses históricos. Esa sociedad civil puede tomar los nombres de poder popular, pueblo organizado autónomamente del Estado, etc., pero lo cierto es que su movimiento debe estar determinado por la confrontación recurrente con el Estado, síntesis de los intereses de la clase minoritaria y hegemónica. Por eso las grandes corporaciones que gobiernan las relaciones sociales en el país para su provecho privado no necesitan más burocracia y oficialidad militar que la estatal. Y por eso, asimismo, la cuestión central es la relación de fuerzas y el poder. Sólo lograr poner en la discusión pública la renacionalización del cobre, provocaría temblores en el dominio de clase resumido en el Estado y comenzaría su cuestionamiento necesario y masivo hasta convertirse en un lugar común. Esto es, en una demanda de alto consenso y legitimidad. Si hoy las fuerzas alcanzan para, por ejemplo, evitar la completa privatización del cobre, allí hay que estar. Pero con la mira en la soberanía estratégica de la propiedad social de todas las materias primas y recursos naturales.

3. Al respecto, los desafíos para cambiar la vida en Chile y el Continente resultan portentosos. Incluso cuando no se trata ahora ni siquiera de socialismo, sino de una distribución más justa y equitativa del excedente que la propia sociedad produce con su trabajo. Hasta para modificar algunos aspectos del actual Código Laboral es preciso crear fuerzas poderosas, con expresiones políticas estables, insobornables, con tácticas flexibles y principios y estrategia irrenunciables. Lo mismo para detener el deterioro brutal de la naturaleza debido a la acumulación por despojo de las compañías multinacionales que hacen aquí lo que les está prohibido en los países desarrollados, como lo que ocurre en las industrias salmonera, forestal, energética y cuprífera.

Un paro general sería una demostración de fuerzas. Ahí hay que llegar como punto de arranque y condensación de fuerzas. Por algún lado los trabajadores y el pueblo deben saltar las barreras cortas de la demanda puramente económica –que así comienzan las cosas-, mientras se construye la alternativa política de esas mismas fuerzas sociales.

Tanto la derecha tradicional, como la Concertación son los concesionarios actuales del Estado. Y sus reyertas amplificadas por los medios de comunicación de masas son la máscara funcional que distrae al conjunto social respecto de hacia dónde crear y alinear las fuerzas en paulatina irrupción y formación. Esta historia la hacen las mujeres y los hombres concretos y contemporáneos. Entonces el fatalismo es sólo un momento de alienación, porque esos mismos hombres y mujeres pueden transformar el actual estado de cosas. Aunque parezca un incidente menor, el paro de Magallanes y su triunfo iluminan la noche de otras costas.

Enero 23 de 2011