sábado, 29 de enero de 2011

Chile: La importancia del paro magallánico y la crisis política


Andrés Figueroa Cornejo

1. Triunfó el pueblo magallánico. Contra el miedo, la mansedumbre a presión y la desmoralización, el movimiento social de la Región más austral de Chile agrupado en la Asamblea Ciudadana de Magallanes, luego de 7 días de paro general y con el costo feroz de dos muchachas asesinadas en medio de las protestas, obtuvo una victoria contra el intento de los actuales administradores del Estado de imponer un alza de casi 17% en las cuentas del gas en el territorio más caro, inclemente y donde el pan empata con el gas en tanto artículo de primera necesidad para el pueblo de la zona helada. Los objetivos de las autoridades estaban ligados a los intereses de la transnacional de metanol Methanex y a los preparativos para la privatización de la Empresa Nacional del Petróleo (ENAP). Algunos dirán que fue un logro parcial. Pero bajo el capitalismo brutal que impera en Chile y las presentes relaciones de fuerza entre los que mandan y el pueblo trabajador, definitivamente es una conquista. Por lo demás, mientras gobierne el capital, todo triunfo es parcial hasta invertir la hegemonía política y social realmente existente. “Fue lo menos malo”, señaló uno de los representantes de la Asamblea que debió negociar con el delfín de Piñera, Laurence Golborne, bi ministro de Minería y Energía. ¿Qué obtuvo la Asamblea? Un reajuste del gas de sólo un 3% (IPC); la mantención de la cobertura de hasta 25 mil metros cúbicos de consumo mensual; y un aumento de casi 20 mil subsidios (casi la mitad de la población total) para las familias que demanden recursos para el pago del gas. La Asamblea tuvo un origen policlasista, pero días antes de la negociación ya se había retirado de ella la representación empresarial y los políticos tradicionales. Es decir, negociaron sólo los trabajadores y el pueblo.

Dentro de los aprendizajes se encuentra en el centro que con fuerza organizada por abajo se puede ofrecer resistencia efectiva. El gobierno –temeroso de las miradas de las calificadoras de riesgo internacionales- debió ceder, más allá del establecimiento de la Ley de Seguridad Interior del Estado. Como efecto intervinculado con el conflicto amañado por los medios de comunicación dominantes (o sea, prácticamente todos), se destruyó la estrategia piñerista del gobierno de tecnócratas y empresarios, y debió integrar al gabinete a una senadora hija de un miembro de la junta militar que encabezó Pinochet, y a su rival personal en estatura política de su misma tienda, Andrés Allamand, y ampliar políticamente por la derecha convencional la toma de decisiones (liberal o más conservadora, da igual desde las ferias podridas que venden chucherías a lo largo de todo el país). Virtualmente es el fin de Piñera, incluso refrendado en las encuestas donde, a diciembre de 2010, bajó tres puntos porcentuales de popularidad, llegando a 47% de aprobación según la empresa consultora. De este modo, antes de que se cumpla un año de Piñera en el turno de la derecha tradicional para la administración del Estado, ya están en competencia electoral para el 2013, Lavín (tercero en las encuestas), Matthei (UDI), Allamand (RN) y Golborne. Por el lado de la Concertación desrumbada y en proceso de descomposición, sólo se encuentra Michelle Bachelet. Su figura solitaria construida mediáticamente -porque los partidos de la componenda tienen el prestigio del sabor del bacalao- es, hasta ahora, la única garantía de una posibilidad real de retorno al Ejecutivo. Otro tanto ocurre entre los partidos de la derecha tradicional, en todo caso. Al parecer, mientras Bachelet más lejos de la contingencia y de los partidos de la Concertación se encuentra, su popularidad se estabiliza a la alza o al menos no se daña.

Sin embargo, dentro de los puntos de la negociación entre la Asamblea de Magallanes y el gobierno, está la instalación de una “Mesa de Trabajo” para marzo de este año con el fin, por parte del Ejecutivo, de reponer mediante un sistema de tarifados su medida original dosificadamente. Por tanto, el pueblo de Magallanes no puede dormir. Y sobre todo, en términos estratégicos, hasta que el movimiento social en general no logre cuajar en una conducción política que resuma sus intereses genuinos a escala de todo el territorio chileno y mapuche, con vocación de poder y convicción en la dirección de la sociedad de manera integral, sólo podrá reaccionar, actuar a la defensiva, confiar en parciales levantamientos semi espontáneos, netamente económicos y carentes de una articulación orgánica y programática que pavimenten sólidamente el camino a un gobierno y un Estado de nuevo tipo no capitalista. La lucha magallánica expresó en la calle un ciclo de indignación por abajo, hasta ahora casi siempre solapado, pero que por sus logros ofrece renovada confianza en las fuerzas propias de los trabajadores y el pueblo. Para quien no conozca Chile, este fenómeno por sí solo constituye la apertura de un nuevo período, luego de décadas de somnolencia apenas estremecidas por la denominada “revolución pinguina” de 2006 que protagonizaron los estudiantes secundarios contra el lucro en la educación. De los hechos objetivos se desprenden las tareas políticas de franjas del pueblo trabajador conciente y en pie de luchar, pero todavía fragmentado. La unidad de los asalariados y sus alrededores pierde su carácter puramente ideológico, y se transforma en la orden concreta y necesaria del día.

2. Sufre Piñera, y con sus “bracitos cortos” (nombre que le dio el embajador norteamericano según Wikileaks) convoca a políticos de mano dura para “corregir” su gabinete. Sufre Piñera y la tesis de un gobierno de empresa se hace trizas ante la realidad de la conflictividad real de la sociedad y la ruina de que un país es posible administrarlo como una corporación aérea o un canal de televisión. Sufre Piñera y busca democratizar las decisiones, haciendo responsable a sectores y personajes de la propia derecha de las crisis en curso y de las que vendrán.

Pero si Piñera sufre, la llamada oposición se muerde con dentadura de fin de matrimonio. A propósito o bajo la excusa de la aprobación a la velocidad del relámpago del proyecto educativo del dueño de esa cartera, Joaquín Lavín, la Concertación profundiza su trizadura. A qué decir que el proyecto aprobado y acordado por senadores y diputados oficialistas y de la Concertación por mayoría casi absoluta, persigue consolidar la enseñanza privada y demoler lo que resta de la municipalizada o estatal, donde entre otros puntos, se duplica la dotación de capital inicial para los sostenedores de la educación escolar privada. Ya cuando terminó el gobierno de Bachelet, la educación privada particular (pagada completamente por el apoderado) y la privada subvencionada (pagada parcialmente por el apoderado) superaba en porcentaje a la municipalizada (gratuita) en la cual estudia la población más empobrecida del país. La iniciativa regresiva y clasista golpea no sólo a los hijos de los trabajadores, sino que opera con especial saña contra los docentes que deben laborar en pésimas condiciones y sin ninguna participación en las maneras y contenidos curriculares. El gremio de profesores amenazó con movilizaciones. Los jóvenes, por su parte, ya han construido una tradición de defensa aguerrida de la educación pública en los últimos años. Y en la prensa se publicó que el proyecto se aprobó en enero cuando tanto educadores como estudiantes se encuentran de vacaciones. Al respecto, marzo, en el inicio de las clases en todo Chile, puede resultar un mes caliente y de prueba definitiva para el pre candidato Joaquín Lavín.

Fue precisamente lo que ocurrió en el Legislativo lo que gatilló un nuevo y rotundo desencuentro entre representantes de la Concertación. El senador y presidente del Partido Radical Social Demócrata (que no es radical ni socialdemócrata), José Gómez, uno de los emprendimientos políticos que constituye históricamente la Concertación, luego de la votación del proyecto de Lavín señaló que lo aprobado es “una ley que lo que hace es perpetuar un sistema educacional que todos hemos considerado de mala calidad”. Como si fuera poco, irónicamente, Gómez felicitó a Piñera “por haber logrado dividir a la Concertación”. Por su parte, hasta uno de los líderes del liberal Partido Socialista (que de socialista sólo tiene la socialización de los megasueldos y otros beneficios del Estado para sus representantes políticos), Camilo Escalona, encaró a su camarada presidente de la Democracia Cristiana, el derechista Ignacio Walker, diciéndole que “Te has convertido en un asesor del ministro Lavín” por refrendar con su firma la ley privatizadora. Otro personaje, el diputado Sergio Aguiló, después de 20 años de militancia en el PS, y a través de un correo electrónico, renunció a esa tienda, dándose cuenta luego de dos décadas de que “Mi discrepancia con el partido es muy larga y tiene que ver con la falta de transformaciones profundas que el país necesitaba y que la Concertación no hizo cuando era gobierno, y con la actitud que tiene el PS hoy de apoyar en el fondo las reformas neoliberales del gobierno de Piñera”. ¿Otro Jorge Arrate? ¿Se irá con Marco Enríquez-Ominami? Pareciera que estar en el gobierno es dulce y que se avinagra el negocio al ser falsa oposición. ¿No será demasiado tarde para arrepentimientos, toda vez que el llamado neoliberalismo, o la franca hegemonía del liberalismo financiero fue profundizada por la Concertación, a la par que procuró domesticar y desmantelar el movimiento popular tal cual lo ordena el manual pentagonista y las instituciones mandantes de la deuda mundial y sus condiciones antipopulares, como el FMI y el Banco Mundial, entre otras?

En la misma línea que José Gómez, el equipo programático del derrotado candidato concertacionista en las últimas elecciones, Eduardo Frei Ruiz Tagle, un grupo de nombre Océanos Azules evacuó un documento donde evalúa el fracaso electoral y haciendo alarde de inventores de la rueda y oportunismo, afirma que la Concertación no contiene “legitimidad ni credibilidad (…) Creemos que debe reemplazarse la Concertación por una potente coalición de ciudadanos por la democracia, que sea amplia, abierta, capaz de convocar, que sea moderna e inclusiva” (¿un neo PPD grandote y remasterizado?). Luego de 20 años de agudización de la desigualdad social, de concentración capitalista, de privatizar hasta el borde costero, el agua, más de dos tercios del cobre, la educación, la salud, la previsión social y hasta hipotecar el mar, y ofrecer pesado garrote contra cualquier movimiento que se erigiera contra la desposesión a mansalva de los recursos naturales o contra los abusos laborales y la explotación humana en virtud de un aperturismo económico que ranquea en el planeta, la inteligencia de la Concertación y sus propios sostenes políticos proponen “volver a la gente”. ¿Por qué los que han sido también el problema junto a la derecha tradicional, ahora van a ser parte de la solución? ¿Electroshock? ¿Más medicamentos para el olvido colectivo? Los jefes de la Concertación siempre han sabido que el mando de Estados Unidos a través de la dictadura lo que cambio fundamentalmente –a tono con las nuevas relaciones de fuerza internacionales y las formas impuestas desde los 70’ por los Estados imperialistas y corporativos para sostener sus prebendas y utilidades- es el propio contenido del Estado chileno, reflejado jurídicamente en la Constitución de 1980. Ahora los gobiernos, o más bien, las administraciones distribuidas en dos componendas, indistintamente, tienen un margen de movimiento escuálido no sólo porque no existió voluntad política cuando fue el turno de la Concertación, sino porque el Estado perdió toda dinámica permeable de la democracia burguesa anterior al golpe de Estado de 1973. Hoy el Estado está regido estratégicamente por los intereses de las grandes corporaciones transnacionalizadas. Los gobiernos corresponden a “licitaciones” en cuanto a su administración de turno simplemente. Y la única manera de modificar la actual naturaleza del Estado es por medio de la construcción de una fuerza social y política que obligue a la minoría gran propietaria a detener su ofensiva antisocial. Otra discusión corresponde a las formas que adquiera esa fuerza social, como también otro asunto es combinar el desarrollo de un movimiento real de pueblo y asalariados en Chile con las relaciones de fuerza, al menos existentes en América Latina. Por eso la llamada “sociedad civil”, es decir las grandes mayorías, el pueblo trabajador, son las fuerzas destacadas para enfrentar las políticas estatales –independientemente de la Concertación o la derecha tradicional- y transformarlas de acuerdo a sus intereses históricos. Esa sociedad civil puede tomar los nombres de poder popular, pueblo organizado autónomamente del Estado, etc., pero lo cierto es que su movimiento debe estar determinado por la confrontación recurrente con el Estado, síntesis de los intereses de la clase minoritaria y hegemónica. Por eso las grandes corporaciones que gobiernan las relaciones sociales en el país para su provecho privado no necesitan más burocracia y oficialidad militar que la estatal. Y por eso, asimismo, la cuestión central es la relación de fuerzas y el poder. Sólo lograr poner en la discusión pública la renacionalización del cobre, provocaría temblores en el dominio de clase resumido en el Estado y comenzaría su cuestionamiento necesario y masivo hasta convertirse en un lugar común. Esto es, en una demanda de alto consenso y legitimidad. Si hoy las fuerzas alcanzan para, por ejemplo, evitar la completa privatización del cobre, allí hay que estar. Pero con la mira en la soberanía estratégica de la propiedad social de todas las materias primas y recursos naturales.

3. Al respecto, los desafíos para cambiar la vida en Chile y el Continente resultan portentosos. Incluso cuando no se trata ahora ni siquiera de socialismo, sino de una distribución más justa y equitativa del excedente que la propia sociedad produce con su trabajo. Hasta para modificar algunos aspectos del actual Código Laboral es preciso crear fuerzas poderosas, con expresiones políticas estables, insobornables, con tácticas flexibles y principios y estrategia irrenunciables. Lo mismo para detener el deterioro brutal de la naturaleza debido a la acumulación por despojo de las compañías multinacionales que hacen aquí lo que les está prohibido en los países desarrollados, como lo que ocurre en las industrias salmonera, forestal, energética y cuprífera.

Un paro general sería una demostración de fuerzas. Ahí hay que llegar como punto de arranque y condensación de fuerzas. Por algún lado los trabajadores y el pueblo deben saltar las barreras cortas de la demanda puramente económica –que así comienzan las cosas-, mientras se construye la alternativa política de esas mismas fuerzas sociales.

Tanto la derecha tradicional, como la Concertación son los concesionarios actuales del Estado. Y sus reyertas amplificadas por los medios de comunicación de masas son la máscara funcional que distrae al conjunto social respecto de hacia dónde crear y alinear las fuerzas en paulatina irrupción y formación. Esta historia la hacen las mujeres y los hombres concretos y contemporáneos. Entonces el fatalismo es sólo un momento de alienación, porque esos mismos hombres y mujeres pueden transformar el actual estado de cosas. Aunque parezca un incidente menor, el paro de Magallanes y su triunfo iluminan la noche de otras costas.

Enero 23 de 2011


No todo es playa en el verano chileno de 2011

Por Andrés Figueroa Cornejo

1. En los tiempos de la hegemonía mundial del liberalismo financiero y cuando el desarrollo de las fuerzas productivas permitiría organizar el inmenso excedente socialmente producido para beneficio de la humanidad si no fuera por su acaparamiento y apropiación privada por los pocos dueños de todo, en la Región Metropolitana de Chile, la Cámara Nacional de Comercio informó que los vendedores de artículos fundamentalmente de origen chino, registraron un alza histórica de 17,6% en 2010, respecto de 2009, debido principalmente al mayor acceso al crédito plástico y de consumo (‘verdugo de esta cadena’). Los salarios siguen congelados –es decir, en concreto, a la baja debido al aumento proyectado del IPC o costo de la vida-, y la estrategia de financiarización y convencimiento multimediático del país de que las cosas no podrían ir mejor. Aunque la apreciación del peso favorece las importaciones para el capital comercial y el consumo interno y termina por destruir las rémoras de industria nacional, las mercancías de procedencia oriental por muy baratas que estén no justifican el alza de las ventas a esos niveles. Sólo el aumento general de los salarios generales. Pero como ello no es real, el crédito fácil es lo único que lo explica.

En tanto, se amplía el empleo por medio de sus formas más precarizadas, tanto en el bajo precio de la fuerza de trabajo, como en el tipo de empleo, precarias relaciones contractuales (cuando existen) y la multiplicación de los trabajadores a cuenta propia (en el paisito hay cada vez más taxis y microscópicos comerciantes, mini especuladores de golosinas y baratijas). Por eso, también según números oficiales, la cesantía se estancó en alrededor de un 8%. No así el subempleo, la tercerización y el trabajo informal. Ese crece como espuma.

Por otro lado, de acuerdo a proyecciones gubernamentales, el Estado recibiría por impuestos al cobre US$ 9 mil millones por parte de la estatal Codelco (que concentra el 27% del la explotación del metal rojo), mientras que las mineras privadas pagarían US$ 8.500 millones (que concentran el 73% de la explotación cuprífera). ¿Cuánto desarrollo necesario en todos los ámbitos, tanto sociales, como de promoción industrial diversificada con irrestricta protección de la naturaleza finita, podría propugnarse y beneficiar a las grandes mayorías, al pueblo trabajador, si el cobre fuera explotado únicamente por el fisco chileno?

Hace unas semanas se presentó en Santiago de Chile el anuario estadístico de CEPAL, donde la exportación de productos primarios en la Comunidad Andina aumento al 82,3% el 2009, y en el MERCOSUR llegó al 63,1%. Detrás de Bolivia, que ranquea este fenómeno generador de dependencia y fragilidad, está Perú, Ecuador y Chile. CEPAL afirma que los indicadores de comienzos de 2010 ratifican la tendencia. Esta es la misma historia de siempre. Una clase dominante rentista y parasitaria dueña del Estado que obtiene utilidades a través de la venta de recursos naturales (privada o fiscalmente) que utiliza para comprar mercancías terminadas y nunca medios de producción y tecnología con el fin de de diversificar la economía. Por eso en el país el sector servicios y comercio a toda escala emplea a casi el 80% de los trabajadores asalariados, con o sin contrato. Mientras tanto, poco más de un 20% revienta yacimientos de cobre y minerales asociados, bosques, y pescado. Es CEPAL y no la Internacional Comunista –que por lo demás no existe- la que indica que tras este añoso patrón económico dominante en América Latina y Chile, además de pulverizar con celeridad dramática los recursos naturales agotables hace imposible crear “estrategias de desarrollo endógenas y autónomas”. Esto es, que vuelve a la Región más lejos de la independencia genuina, más lejos de la prosperidad; en fin, más lejos de la igualdad básica para la libertad auténtica y la soberanía en todos los planos.

Tal como se ha señalado profusamente, una de las características sustantivas del capitalismo en Chile se expresa en el movimiento compuesto por la concentración del capital y la desigualdad social aguda. Al respecto, cuatro cadenas de supermercados condensan prácticamente el 90% del mercado a agosto de 2010. Sólo Wal-Mart (que en el país se llama Líder) posee el 33,4%. Cencosud (Jumbo y Santa Isabel) tiene el 30,5%; el grupo Saieh el 17%; y Southern Cross (Supermercados del Sur) poco más del 7%. La concentración funciona imponiendo los precios de venta a los demandantes, y los precios de compra a los proveedores de los supermercados sobre todo de frutas y verduras. Se trata de las llamadas micro y pequeñas empresas condenadas a las condiciones determinadas por los gigantes de la venta al detalle. Su alternativa son las ferias libres, cada vez más castigadas jurídicamente, pese o porque en más ocasiones que las convenientes para los monstruos del sector, venden productos más baratos al público. Aquí los gobiernos municipales han ordenado la destrucción concreta de ferias enteras en la Región Metropolitana. Es decir, se manifiesta una colusión entre los intereses de los grandes supermercados y los gobiernos locales contra los feriantes. Mucho de los empleos con los cuales engorda las cifras el gobierno, se trata de trabajadores feriantes, puro y duro mal trabajo informal.

2. En la política de los de arriba, ante la crisis de la componenda que cogobierna con la derecha tradicional y gatillada por la reforma educacional privatizadora de Joaquín Lavín (hasta la vista, todavía pre candidato de la ultraderecha UDI) aprobada con los votos de la Concertación en el Congreso, el presidente de la Democracia Cristiana, Ignacio Walker, dijo sobre la proposición de recrear esa alianza que “Estoy disponible para revisar el nombre de la marca”. Por otro lado, ex concertacionistas como Jorge Arrate y Sergio Aguiló se empeñan en formar una Asamblea de Izquierda, donde en lo central se plantea que “rechaza las alternativas neoliberales y su marco institucional, que fue dado por la dictadura. Somos partidarios de una nueva constitución, participativa, democrática, que surja de una Asamblea Constituyente”. Uno de los aspectos inquietantes de la iniciativa es la composición de su conducción, toda vez que se trata de ex personeros de la propia Concertación y de otros que colaboraron de una u otra forma en distintos momentos con ella. Por lo demás, en las últimas elecciones, el ex candidato de la izquierda tradicional, Jorge Arrate, pasó a la historia por llamar en la segunda vuelta presidencial a votar “todos contra la derecha”, y muchos años antes, por capitanear desde el exilio europeo la “renovación socialista”, que en buenas cuentas, facilitó la salida pactada de la dictadura, manteniendo el régimen económico dominante intacto durante los 20 años que administró el Estado la Concertación, tanto como la imposibilidad de procesar a Pinochet en Chile o en el extranjero, entre otras cosas.

¿Qué fuerza progresiva en el país no querría transformar la Constitución? Lo que ocurre es que el movimiento es inverso. La Asamblea Constituyente y el producto de una nueva Constitución pro popular es la hija jurídica de las fuerzas sociales hegemónicas del pueblo trabajador que todavía no son, pero que comportan el desafío para que sean. ¿Dónde, cuándo y cómo ha habido asambleas constituyentes pro populares en América Latina? En los países donde, sustentados sobre fuerzas sociales genuinas y severas crisis de gobernabilidad, primero se ha accedido al Ejecutivo. De acuerdo a las relaciones de fuerzas actuales, con fortuna, una Asamblea Constituyente podría matizar la regente. Simplemente porque la hegemonía del liberalismo financiero y la clase mandante domina poderosamente todavía las relaciones sociales, y las fuerzas populares progresivas recién amanecen. Naturalmente una nueva Constitución es un horizonte. Pero aún se mantiene en un limbo superestructural. Si no se tuvo la fuerza para crear una AFP del Estado que compitiera con las privadas, o un Banco del Estado que realmente basculara la usura extraordinaria del sistema financiero privado y transnacional que opera en Chile, ¿cómo se realiza una Asamblea Constituyente para modificar la carta de navegación que enmarca y expresa el predominio objetivo del capital sobre el trabajo, de los intereses de la minoría por sobre los de la mayoría? Un misterio. Como un misterio es que la nueva formación no termine colaborando con el retorno de la Concertación al Ejecutivo. Lo cierto, es que más allá de los prejuicios (por muy justificados que resulten), hay que observar y evaluar con serenidad el curso que tome. Aquí no sobra izquierda. Por el contrario. El problema llano es quién lleva el pandero, el contenido de clase de su dirección, y cuáles son sus objetivos estratégicos independientemente de la radicalidad o no de su programa hoy. De lo contrario los intereses históricos del pueblo trabajador una vez más serán postergados o empleados como moneda de canje para cuestiones distintas a un proyecto y alternativa verdaderamente independiente de la Concertación o la “marca” que eventualmente adopte. El derecho a la sospecha no es sectarismo o maximalismo o extremismo o gusto malsano por la denominada “marginalidad política” o miedo al poder o una mirada conspirativa de la historia y la política. Es sólo eso. Derecho a la sospecha de acuerdo, en este caso, a la composición de quienes encabezan y coordinan la iniciativa.

3. Después de todo, con las alzas del precio del transporte colectivo (Transantiago y el metro); la vuelta en marzo de estudiantes y profesores y su reacción movilizadora y antiprivatizadora ante el acuerdo sin más sujeto que los congresistas de las dos variantes en el Legislativo; y la sonada visita del presidente norteamericano a Chile en el mismo mes, marzo se advierte como un otoño donde ya se oye el crujir de las hojas secas bajo el calzado de los luchadores sociales en la calle. De los luchadores sociales que están y de los que se agregan silenciosa y diariamente.

Enero 27 de 2010

Chile: La importancia del paro magallánico y la crisis política


Andrés Figueroa Cornejo

1. Triunfó el pueblo magallánico. Contra el miedo, la mansedumbre a presión y la desmoralización, el movimiento social de la Región más austral de Chile agrupado en la Asamblea Ciudadana de Magallanes, luego de 7 días de paro general y con el costo feroz de dos muchachas asesinadas en medio de las protestas, obtuvo una victoria contra el intento de los actuales administradores del Estado de imponer un alza de casi 17% en las cuentas del gas en el territorio más caro, inclemente y donde el pan empata con el gas en tanto artículo de primera necesidad para el pueblo de la zona helada. Los objetivos de las autoridades estaban ligados a los intereses de la transnacional de metanol Methanex y a los preparativos para la privatización de la Empresa Nacional del Petróleo (ENAP). Algunos dirán que fue un logro parcial. Pero bajo el capitalismo brutal que impera en Chile y las presentes relaciones de fuerza entre los que mandan y el pueblo trabajador, definitivamente es una conquista. Por lo demás, mientras gobierne el capital, todo triunfo es parcial hasta invertir la hegemonía política y social realmente existente. “Fue lo menos malo”, señaló uno de los representantes de la Asamblea que debió negociar con el delfín de Piñera, Laurence Golborne, bi ministro de Minería y Energía. ¿Qué obtuvo la Asamblea? Un reajuste del gas de sólo un 3% (IPC); la mantención de la cobertura de hasta 25 mil metros cúbicos de consumo mensual; y un aumento de casi 20 mil subsidios (casi la mitad de la población total) para las familias que demanden recursos para el pago del gas. La Asamblea tuvo un origen policlasista, pero días antes de la negociación ya se había retirado de ella la representación empresarial y los políticos tradicionales. Es decir, negociaron sólo los trabajadores y el pueblo.

Dentro de los aprendizajes se encuentra en el centro que con fuerza organizada por abajo se puede ofrecer resistencia efectiva. El gobierno –temeroso de las miradas de las calificadoras de riesgo internacionales- debió ceder, más allá del establecimiento de la Ley de Seguridad Interior del Estado. Como efecto intervinculado con el conflicto amañado por los medios de comunicación dominantes (o sea, prácticamente todos), se destruyó la estrategia piñerista del gobierno de tecnócratas y empresarios, y debió integrar al gabinete a una senadora hija de un miembro de la junta militar que encabezó Pinochet, y a su rival personal en estatura política de su misma tienda, Andrés Allamand, y ampliar políticamente por la derecha convencional la toma de decisiones (liberal o más conservadora, da igual desde las ferias podridas que venden chucherías a lo largo de todo el país). Virtualmente es el fin de Piñera, incluso refrendado en las encuestas donde, a diciembre de 2010, bajó tres puntos porcentuales de popularidad, llegando a 47% de aprobación según la empresa consultora. De este modo, antes de que se cumpla un año de Piñera en el turno de la derecha tradicional para la administración del Estado, ya están en competencia electoral para el 2013, Lavín (tercero en las encuestas), Matthei (UDI), Allamand (RN) y Golborne. Por el lado de la Concertación desrumbada y en proceso de descomposición, sólo se encuentra Michelle Bachelet. Su figura solitaria construida mediáticamente -porque los partidos de la componenda tienen el prestigio del sabor del bacalao- es, hasta ahora, la única garantía de una posibilidad real de retorno al Ejecutivo. Otro tanto ocurre entre los partidos de la derecha tradicional, en todo caso. Al parecer, mientras Bachelet más lejos de la contingencia y de los partidos de la Concertación se encuentra, su popularidad se estabiliza a la alza o al menos no se daña.

Sin embargo, dentro de los puntos de la negociación entre la Asamblea de Magallanes y el gobierno, está la instalación de una “Mesa de Trabajo” para marzo de este año con el fin, por parte del Ejecutivo, de reponer mediante un sistema de tarifados su medida original dosificadamente. Por tanto, el pueblo de Magallanes no puede dormir. Y sobre todo, en términos estratégicos, hasta que el movimiento social en general no logre cuajar en una conducción política que resuma sus intereses genuinos a escala de todo el territorio chileno y mapuche, con vocación de poder y convicción en la dirección de la sociedad de manera integral, sólo podrá reaccionar, actuar a la defensiva, confiar en parciales levantamientos semi espontáneos, netamente económicos y carentes de una articulación orgánica y programática que pavimenten sólidamente el camino a un gobierno y un Estado de nuevo tipo no capitalista. La lucha magallánica expresó en la calle un ciclo de indignación por abajo, hasta ahora casi siempre solapado, pero que por sus logros ofrece renovada confianza en las fuerzas propias de los trabajadores y el pueblo. Para quien no conozca Chile, este fenómeno por sí solo constituye la apertura de un nuevo período, luego de décadas de somnolencia apenas estremecidas por la denominada “revolución pinguina” de 2006 que protagonizaron los estudiantes secundarios contra el lucro en la educación. De los hechos objetivos se desprenden las tareas políticas de franjas del pueblo trabajador conciente y en pie de luchar, pero todavía fragmentado. La unidad de los asalariados y sus alrededores pierde su carácter puramente ideológico, y se transforma en la orden concreta y necesaria del día.

2. Sufre Piñera, y con sus “bracitos cortos” (nombre que le dio el embajador norteamericano según Wikileaks) convoca a políticos de mano dura para “corregir” su gabinete. Sufre Piñera y la tesis de un gobierno de empresa se hace trizas ante la realidad de la conflictividad real de la sociedad y la ruina de que un país es posible administrarlo como una corporación aérea o un canal de televisión. Sufre Piñera y busca democratizar las decisiones, haciendo responsable a sectores y personajes de la propia derecha de las crisis en curso y de las que vendrán.

Pero si Piñera sufre, la llamada oposición se muerde con dentadura de fin de matrimonio. A propósito o bajo la excusa de la aprobación a la velocidad del relámpago del proyecto educativo del dueño de esa cartera, Joaquín Lavín, la Concertación profundiza su trizadura. A qué decir que el proyecto aprobado y acordado por senadores y diputados oficialistas y de la Concertación por mayoría casi absoluta, persigue consolidar la enseñanza privada y demoler lo que resta de la municipalizada o estatal, donde entre otros puntos, se duplica la dotación de capital inicial para los sostenedores de la educación escolar privada. Ya cuando terminó el gobierno de Bachelet, la educación privada particular (pagada completamente por el apoderado) y la privada subvencionada (pagada parcialmente por el apoderado) superaba en porcentaje a la municipalizada (gratuita) en la cual estudia la población más empobrecida del país. La iniciativa regresiva y clasista golpea no sólo a los hijos de los trabajadores, sino que opera con especial saña contra los docentes que deben laborar en pésimas condiciones y sin ninguna participación en las maneras y contenidos curriculares. El gremio de profesores amenazó con movilizaciones. Los jóvenes, por su parte, ya han construido una tradición de defensa aguerrida de la educación pública en los últimos años. Y en la prensa se publicó que el proyecto se aprobó en enero cuando tanto educadores como estudiantes se encuentran de vacaciones. Al respecto, marzo, en el inicio de las clases en todo Chile, puede resultar un mes caliente y de prueba definitiva para el pre candidato Joaquín Lavín.

Fue precisamente lo que ocurrió en el Legislativo lo que gatilló un nuevo y rotundo desencuentro entre representantes de la Concertación. El senador y presidente del Partido Radical Social Demócrata (que no es radical ni socialdemócrata), José Gómez, uno de los emprendimientos políticos que constituye históricamente la Concertación, luego de la votación del proyecto de Lavín señaló que lo aprobado es “una ley que lo que hace es perpetuar un sistema educacional que todos hemos considerado de mala calidad”. Como si fuera poco, irónicamente, Gómez felicitó a Piñera “por haber logrado dividir a la Concertación”. Por su parte, hasta uno de los líderes del liberal Partido Socialista (que de socialista sólo tiene la socialización de los megasueldos y otros beneficios del Estado para sus representantes políticos), Camilo Escalona, encaró a su camarada presidente de la Democracia Cristiana, el derechista Ignacio Walker, diciéndole que “Te has convertido en un asesor del ministro Lavín” por refrendar con su firma la ley privatizadora. Otro personaje, el diputado Sergio Aguiló, después de 20 años de militancia en el PS, y a través de un correo electrónico, renunció a esa tienda, dándose cuenta luego de dos décadas de que “Mi discrepancia con el partido es muy larga y tiene que ver con la falta de transformaciones profundas que el país necesitaba y que la Concertación no hizo cuando era gobierno, y con la actitud que tiene el PS hoy de apoyar en el fondo las reformas neoliberales del gobierno de Piñera”. ¿Otro Jorge Arrate? ¿Se irá con Marco Enríquez-Ominami? Pareciera que estar en el gobierno es dulce y que se avinagra el negocio al ser falsa oposición. ¿No será demasiado tarde para arrepentimientos, toda vez que el llamado neoliberalismo, o la franca hegemonía del liberalismo financiero fue profundizada por la Concertación, a la par que procuró domesticar y desmantelar el movimiento popular tal cual lo ordena el manual pentagonista y las instituciones mandantes de la deuda mundial y sus condiciones antipopulares, como el FMI y el Banco Mundial, entre otras?

En la misma línea que José Gómez, el equipo programático del derrotado candidato concertacionista en las últimas elecciones, Eduardo Frei Ruiz Tagle, un grupo de nombre Océanos Azules evacuó un documento donde evalúa el fracaso electoral y haciendo alarde de inventores de la rueda y oportunismo, afirma que la Concertación no contiene “legitimidad ni credibilidad (…) Creemos que debe reemplazarse la Concertación por una potente coalición de ciudadanos por la democracia, que sea amplia, abierta, capaz de convocar, que sea moderna e inclusiva” (¿un neo PPD grandote y remasterizado?). Luego de 20 años de agudización de la desigualdad social, de concentración capitalista, de privatizar hasta el borde costero, el agua, más de dos tercios del cobre, la educación, la salud, la previsión social y hasta hipotecar el mar, y ofrecer pesado garrote contra cualquier movimiento que se erigiera contra la desposesión a mansalva de los recursos naturales o contra los abusos laborales y la explotación humana en virtud de un aperturismo económico que ranquea en el planeta, la inteligencia de la Concertación y sus propios sostenes políticos proponen “volver a la gente”. ¿Por qué los que han sido también el problema junto a la derecha tradicional, ahora van a ser parte de la solución? ¿Electroshock? ¿Más medicamentos para el olvido colectivo? Los jefes de la Concertación siempre han sabido que el mando de Estados Unidos a través de la dictadura lo que cambio fundamentalmente –a tono con las nuevas relaciones de fuerza internacionales y las formas impuestas desde los 70’ por los Estados imperialistas y corporativos para sostener sus prebendas y utilidades- es el propio contenido del Estado chileno, reflejado jurídicamente en la Constitución de 1980. Ahora los gobiernos, o más bien, las administraciones distribuidas en dos componendas, indistintamente, tienen un margen de movimiento escuálido no sólo porque no existió voluntad política cuando fue el turno de la Concertación, sino porque el Estado perdió toda dinámica permeable de la democracia burguesa anterior al golpe de Estado de 1973. Hoy el Estado está regido estratégicamente por los intereses de las grandes corporaciones transnacionalizadas. Los gobiernos corresponden a “licitaciones” en cuanto a su administración de turno simplemente. Y la única manera de modificar la actual naturaleza del Estado es por medio de la construcción de una fuerza social y política que obligue a la minoría gran propietaria a detener su ofensiva antisocial. Otra discusión corresponde a las formas que adquiera esa fuerza social, como también otro asunto es combinar el desarrollo de un movimiento real de pueblo y asalariados en Chile con las relaciones de fuerza, al menos existentes en América Latina. Por eso la llamada “sociedad civil”, es decir las grandes mayorías, el pueblo trabajador, son las fuerzas destacadas para enfrentar las políticas estatales –independientemente de la Concertación o la derecha tradicional- y transformarlas de acuerdo a sus intereses históricos. Esa sociedad civil puede tomar los nombres de poder popular, pueblo organizado autónomamente del Estado, etc., pero lo cierto es que su movimiento debe estar determinado por la confrontación recurrente con el Estado, síntesis de los intereses de la clase minoritaria y hegemónica. Por eso las grandes corporaciones que gobiernan las relaciones sociales en el país para su provecho privado no necesitan más burocracia y oficialidad militar que la estatal. Y por eso, asimismo, la cuestión central es la relación de fuerzas y el poder. Sólo lograr poner en la discusión pública la renacionalización del cobre, provocaría temblores en el dominio de clase resumido en el Estado y comenzaría su cuestionamiento necesario y masivo hasta convertirse en un lugar común. Esto es, en una demanda de alto consenso y legitimidad. Si hoy las fuerzas alcanzan para, por ejemplo, evitar la completa privatización del cobre, allí hay que estar. Pero con la mira en la soberanía estratégica de la propiedad social de todas las materias primas y recursos naturales.

3. Al respecto, los desafíos para cambiar la vida en Chile y el Continente resultan portentosos. Incluso cuando no se trata ahora ni siquiera de socialismo, sino de una distribución más justa y equitativa del excedente que la propia sociedad produce con su trabajo. Hasta para modificar algunos aspectos del actual Código Laboral es preciso crear fuerzas poderosas, con expresiones políticas estables, insobornables, con tácticas flexibles y principios y estrategia irrenunciables. Lo mismo para detener el deterioro brutal de la naturaleza debido a la acumulación por despojo de las compañías multinacionales que hacen aquí lo que les está prohibido en los países desarrollados, como lo que ocurre en las industrias salmonera, forestal, energética y cuprífera.

Un paro general sería una demostración de fuerzas. Ahí hay que llegar como punto de arranque y condensación de fuerzas. Por algún lado los trabajadores y el pueblo deben saltar las barreras cortas de la demanda puramente económica –que así comienzan las cosas-, mientras se construye la alternativa política de esas mismas fuerzas sociales.

Tanto la derecha tradicional, como la Concertación son los concesionarios actuales del Estado. Y sus reyertas amplificadas por los medios de comunicación de masas son la máscara funcional que distrae al conjunto social respecto de hacia dónde crear y alinear las fuerzas en paulatina irrupción y formación. Esta historia la hacen las mujeres y los hombres concretos y contemporáneos. Entonces el fatalismo es sólo un momento de alienación, porque esos mismos hombres y mujeres pueden transformar el actual estado de cosas. Aunque parezca un incidente menor, el paro de Magallanes y su triunfo iluminan la noche de otras costas.

Enero 23 de 2011

domingo, 26 de diciembre de 2010

Chile: “La unidad y el paro son el camino: para allá va la micro”

Entrevista con Fernando González, presidente de la Federación Nacional Unión de Trabajadores del Transantiago:


Por Andrés Figueroa Cornejo

Fernando González Arias es presidente del Sindicato Unión de Trabajadores Express, presidente de la Federación Nacional Unión de Trabajadores (conductores del Transantiago) y secretario general del Movimiento Unitario de Trabajadores del Transporte. Las organizaciones que dirige agrupan asalariados de las empresas Alsacia (líneas 100), Veolia, Express (líneas 400, zona G y H, entre otras), Transaraucaria, Milenium, que reúnen al 50% de los trabajadores del Transantiago organizados. Tiene 43 años, un hijo en la universidad y hace 18 años que inició su derrotero sindical, en los tiempos de los microbuses amarillos.

El 10 de septiembre y el 15 de octubre, Fernando González junto a un grupo de dirigentes resolvieron fiscalizar la empresa en los ámbitos del cumplimiento del horario de trabajo y el buen estado de los buses. Eso provocó una demanda de la empresa, que tiene a 19 dirigentes en proceso de desafuero, pese a que la legislación permite a los representantes sindicales realizar esa función. “Hemos puesto acciones legales y dejado cartas en la Inspección del Trabajo, en el Ministerio del Trabajo, tribunales, Congreso Nacional. Las misivas al presidente jamás han tenido respuesta. Por ir a dejar una carta a La Moneda fueron detenidos 8 dirigentes”. Los 19 están separados de sus funciones como conductores hace 14 meses con remuneraciones no íntegras. Pero la empresa no sólo no les permite trabajar; ni siquiera admite que ingresen al recinto con el fin de que no puedan hablar con los socios. Los trabajadores tampoco salen por temor a ser despedidos. Sin embargo, el 7 de diciembre de 2010, los dirigentes ganaron el juicio en primera instancia y, por tanto, no los pueden despedir. Luego de la orden de la justicia de reintegro inmediato, la empresa se negó arbitrariamente a que lo hicieran, desacatando a los tribunales. Más tarde la empresa apeló para que fuera anulado el fallo. Los abogados de los dirigentes sindicales pusieron un recurso de reincorporación con la solicitud de orden de arresto contra el gerente general de Express de Santiago Uno, Claudio Castillo. Por otra parte, el gerente de recursos humanos de la corporación, Luis Zavala, que antes fue gerente en Tur Bus (la línea de transporte de personas que rankea los accidentes con resultado de muerte en la historia de Chile), aplicó su conocida maniobra de comprar dirigentes sindicales, y dividir el movimiento de los trabajadores. En marzo de 2011 debe realizarse la negociación colectiva, y Luis Zavala está evitando a toda costa que ello ocurra, llamando a otros sindicatos a que firmen un convenio colectivo anticipado, en el cual ofrece a los trabajadores un sueldo de $ 350 mil pesos (US$ 744), sin negociación para evitar el conflicto. Por eso quiere a los 19 dirigentes fuera.

Express y Alsacia (que son la misma compañía con distintos rut) pertenecen a capitales colombianos. El actual ministro de Minería, Laurence Golborne (súper héroe mediático del rescate de los 33 mineros de San Felipe y uno de los defines políticos de Sebastián Piñera), es accionista y director de la empresa del Transantiago Alsacia, como también es parte del directorio el ex ministro del Trabajo de la Concertación, Ricardo Solari, y Ricardo Lagos Escobar, ex presidente del país, junto con la ex primera dama, su mujer, Luisa Durán.

El presidente de la Federación Nacional Unión de Trabajadores del Transantiago, Fernando González, afirma que “nuestra plataforma de lucha son los intereses de los trabajadores y crear conciencia de clase. Somos los únicos que podemos transformar las cosas.”

-¿Y cómo se hace?

“Tenemos que unirnos con otros sectores, dejar las diferencias chicas de lado y concentrarnos en una sola plataforma de pelea para la clase trabajadora. En nuestro caso específico, luchamos para que se cumpla la ley laboral vigente; que se nos respete trabajar las 7,5 hrs. diarias; que podamos descansar cada 4 horas de conducción; que se nos paguen las horas extras; que contemos con los 30 minutos de descanso que corresponden. Estamos reivindicando lo que dice la ley.”

AMARILLAS V/S TRANSANTIAGO

-¿Cómo evalúa el sistema del Transantiago en relación a los anteriores microbuses amarillos?

“Mal. Respecto de las micros amarillas, estamos ganando la mitad ahora. Obtenemos un promedio de $ 450 mil pesos (US$ 957) al mes, y laboramos al día entre 10 a 12 horas, sin pago de horas extras.”

-¿De que manera se trabajaba en el modelo “amarillo”?

“Con las amarillas trabajábamos una tarde y una mañana un día, y luego teníamos una tarde y una mañana libres. Y contábamos con un fin de semana por medio libre completamente. Es decir, había tiempo para recuperarse, para la familia.”

-¿Cómo opera el Transantiago?

“La empresa debería funcionar con la resolución 805. Existen dos formas de resolver el tema: con un sistema biométrico o con planillas de ruta. Sin embargo, el sistema biométrico sólo indica la hora de inicio y de término de jornada. Es decir, si yo empiezo a trabajar a las 6:00 hrs. debería terminar a las 13:00 hrs. Pero normalmente finalizo la jornada a las 15 o 16:00 hrs. porque hay tacos o desfases.”

-Puede describir la rutina de un conductor promedio del Transantiago…

“Empieza alrededor de las 2:30 hrs. de la madrugada, cuando lo pasa a buscar al domicilio una camioneta de la empresa. Llega al depósito a las 4:00 hrs. de la mañana, donde tiene que esperar hasta las 6:00 hrs. para salir a trabajar. Da dos o tres vueltas de su ruta para recién poder hacer sus necesidades biológicas. Descansa 10 minutos y de nuevo a la calle hasta que termina el ciclo a eso de las 14:00 hrs. Vuelve a su casa a las 16:00 hrs.”

-¿Qué ocurre con la salud de los trabajadores?

“Ya no hay calidad de vida posible. La salud de los trabajadores es deplorable. La gran mayoría sufre estrés laboral. Muchos deben conducir con psicotrópicos. Uno de los tantos problemas es que descuentan demasiadas horas si se toman licencias médicas, y el estrés producto del trabajo no es considerado enfermedad laboral. Ya muchos se han separado de sus parejas por razones estrictamente económicas. Hasta hoy, se han suicidado cuatro conductores por estas causas. Las empresas no respetan la ley. Los conductores no deberían trabajar más de 4 horas continuas con un descanso de 20 a 30 minutos. Pero el conductor al retornar de su vuelta, sino tiene quien lo reemplace, es obligado a seguir arriba de la máquina. Innumerables compañeros tienen problemas a la próstata y de incontinencia. Por eso muchos trabajadores usan pañales. Para las mujeres conductoras es mucho peor. Hay una cantidad de gente que no dice que lleva pañales por vergüenza. Con las micros amarillas se salía de un paradero y se llegaba a otro en un intervalo de dos horas, máximo, y con 30 minutos para descansar y comer. Eso ahora no es posible. De hecho, los casinos que existen en las empresas actualmente venden café y galletas, pura comida chatarra.”

-¿Y los accidentes?

“Los principales accidentes son resultado de la mala mantención de los buses: frenos defectuosos, puertas desbloqueadas. Los buses originalmente fueron diseñados para que no se movieran con las puertas abiertas. Ahora cualquier persona aprieta el botón, se abren las puertas y el bus sigue andando. Se ha caído gente, por supuesto.”

-¿Y la supervisión de las instituciones pertinentes?

“Aquí nadie fiscaliza porque las empresas del Transantiago gozan de un “blindaje político”. Los partes son rarísimos. Antiguamente siempre estaban supervisando si las máquinas estaban en malas condiciones, y si era así, la máquina era retirada a los corrales. Las autoridades ahora hacen vista gorda. Lo que si se práctica es multar a los conductores por pasarse una luz roja, cuando va con 170 personas arriba y los frenos están en mal estado. Aquí se pusieron de acuerdo la Inspección del Trabajo, el Ministerio del Trabajo, el Ministerio de Transportes y el gobierno. Nuestro compañero conductor Leopoldo Valdivia, en un acto de protesta por las graves deficiencias de los buses, el 2009 cruzó el bus en plena Alameda en Santiago.”

-¿Tienen muchos ojos sobre ustedes?

“El primer control es cuando se llega a la empresa. Después, cuando te entregan el bus. Luego, en el momento en que te dan la salida del bus. El cuarto, cuando sales a la puerta del depósito y llegas a la esquina y se anota la frecuencia. Si el bus queda en pana, se llama a la grúa, se engancha la máquina, y se da la vuelta completa –con el conductor adentro- para que a ese bus se le pague de todas formas por un servicio, en este caso, que no se hace. Esto es, pagan por kilómetro recorrido.”

-¿Por qué hay máquinas que viajan vacías con la luminaria que dice ‘Posicionamiento’?

“’Posicionamiento’, ‘En Tránsito’ o ‘En Servicio’ es lo mismo. Ocurre que como no todos tienen paraderos, hay recorridos que salen de un lugar y luego vuelven al mismo sitio de una sola vez. Por ejemplo el 401 sale de Maipú, llega a Paul Harris, da la vuelta por el Camino El Alba y baja hasta Maipú otra vez. Ese no tiene paradero arriba (en el barrio alto). La vuelta dura 4 horas, sin parar. Hay otros recorridos donde el conductor tiene que ir a buscar el bus a Pajaritos y toma postura en Plaza Italia o en La Concepción. Por eso los nombres esos. Y cuando un bus no se detiene en un paradero en el que debería hacerlo es porque, generalmente, los que controlan el sistema a través de un monitoreo ubicado en la Estación Central, ordenan a los buses que van atrasados que apuren la marcha, no tomen pasajeros y avancen dos o tres paraderos sin recoger usuarios. Por eso queda la gente botada, porque van atrasados en el ciclo. Y esto es producto del mal funcionamiento y la mala administración del sistema. En realidad, todos los buses deberían andar a 60 kilómetros por hora (que es la velocidad legal), en un Santiago donde todo el mundo va apurado. Si se completara de personas el bus rápidamente, la máquina demoraría menos la vuelta y todos podríamos desocuparnos temprano. Pero según el diseño, mientras más lento, mejor el sistema. ¿Con quién descarga su ira el pasajero que sale atrasado mientras los buses no se detienen o marchan lento? Con los operadores, con nosotros. Creen que estos problemas de producen por negligencia nuestra, pero no es así. Lo que pasa es que el proyecto del Transantiago en el papel es bonito, pero no se educó a la gente antes de su implementación. Como era un muy buen negocio, se tiró no más. Si las empresas tomaran en cuenta nuestra opinión, esto podría tener solución. Pero los famosos ingenieros en tránsito –que ni siquiera viajan en los buses- inventan recorridos incluso donde no hay usuarios. Si los trabajadores fuéramos considerados a la hora de tomar decisiones, podríamos hasta descongestionar el metro subterráneo.”

LA PARALIZACIÓN GENERAL

-Ya existen diversos sectores del trabajo que se plantean seriamente el paro general, ¿qué piensa usted?

“Es lo mejor que puede pasar, y es el camino. Yo soy dirigente del sector transporte, pero me vinculo con dirigentes de otras áreas económicas y vemos que tenemos los mismo problemas. Cambia a veces la forma, pero el fondo es el mismo. En ninguna empresa se respeta la ley laboral; no se cancelan salarios justos y dignos; hay un terrorismo laboral generalizado; el abuso y acoso laboral es permanente en todos los sectores. El tema es la unidad, y para allá va la micro.”

Diciembre 23 de 2010

martes, 21 de diciembre de 2010

Apuntes sobre el Paro General en Chile


Andrés Figueroa Cornejo



1. La táctica del Paro General se inscribe como una fase en el horizonte estratégico de la hegemonía de los intereses de los trabajadores y el pueblo, y subsecuentemente, en la marcha larga hacia una sociedad sin clases donde las relaciones de fuerza internacionales condicionan y lo nacional determina (en tanto territorio complejo y acotado respecto de las variables propias de los pueblos, originarios y mestizos, que habitan Chile).

Es decir, la táctica del paro general es una de las maneras y parte al interior de un proceso duro para que un futuro bloque político popular y mayoritario gobierne el conjunto de las relaciones sociales en el territorio. La estrategia, al mismo tiempo, se enmarca en las condiciones mundiales de la lucha entre el establecimiento del socialismo o la dominación de la barbarie capitalista.

2. La más numerosa huelga general que se organizó en Chile (proporcional a la cantidad de trabajadores y habitantes de la época) data de 1955, cuando alrededor del 80% de los trabajadores formales de un Estado e industrias asociadas mucho más grande que el actual –donde galopaba un desarrollo pujante del patrón de sustitución de importaciones- estaba agrupado en la Central Única de Trabajadores dirigida por el mítico Clotario Blest. Un millón doscientos mil asalariados, entre formales e informales, de la ciudad y el campo, detuvieron las actividades laborales. Dos años después se realizó una protesta popular en Santiago que terminó con 36 muertos. Sólo un año más tarde, Salvador Allende perdería las elecciones presidenciales con el 28,91% de las preferencias (un millón doscientos veinte y cinco mil doscientos veinte y seis votos) debido a la candidatura usada por la derecha del llamado “cura de Catapilco”, Antonio Zamorano. Esto es, el ascenso del movimiento popular y la lucha de clases fueron capitalizadas por la izquierda predominante de la época, caracterizada por la ingenuidad legalista y el paternalismo político. Considerando con el respeto y la estatura debida, la honra, ética, heroísmo, entrega superlativa de la militancia social mayoritaria de ese entonces, desde Salvador Allende hasta la o el adolescente que practicaba sus luchas y compromisos primeros.

La realidad presente revela una sindicalización de alrededor de un 15% de los trabajadores (de los cuales, apenas un 7 a un 9% puede negociar colectivamente –cuando lo hace-, pero en pésimas condiciones de fuerza frente al empresariado por razones que son materia de otro análisis), fragmentados en un sinnúmero de sindicatos, federaciones, confederaciones y centrales de distinto signo. Además ya no existe la Central Única de Trabajadores, y la actual Central Unitaria de Trabajadores, refundada en 1990 –la más importante del país- se sostiene por los empleados públicos, los profesores y fragmentos de organizaciones menores. Desde sus inicios ha sido una CUT funcional al Estado. Y el Estado durante los gobiernos civiles, al igual que durante la dictadura militar, tiene un nítido contenido burgués, es decir, responde estratégicamente a los intereses de la clase dominante que aún ordena las relaciones sociales, políticas, militares, económicas y culturales a su antojo. Sus principales victorias subjetivas han sido tanto la desmoralización, como la alienación de importantes franjas del campo popular.

3. Por eso el paro general se postula como un punto de llegada durante un período determinado por los tiempos políticos de la recomposición del movimiento social o real. Esto es, el movimiento formado por personas, trabajadores y oprimidos, que organizadamente –y en parte, espontáneamente- comienzan a presentar lucha frente a las maldiciones del capitalismo y que de manera habitual, arranca a propósito de demandas muy sencillas, inmediatas y básicamente económicas.

El paro general, en los hechos, no podría tener la forma de una huelga general clásica de trabajadores. Dadas las condiciones reales, el paro general sólo se ofrecería eficientemente – a través de un proceso político y social no calendarizado, sino mediante un tránsito lleno de altibajos, avances, contracciones y contradicciones- si es asumido por los sectores más adelantados del mundo del trabajo organizado (cobre, puertos, sistema financiero, transporte, empleados públicos), aunque sea parcialmente. Sin embargo, y he aquí por qué es pertinente la táctica de un paro general, al igual que en la dictadura militar y en períodos que se remontan a fines del siglo antepasado y principios del XX, la autoridad transversal de clase que comportan los trabajadores hacia el conjunto del pueblo, convierte a los asalariados organizados en el territorio social y sujeto con la legitimidad suficiente para construir la convocatoria y marco de un movimiento general de los pueblos y los trabajadores, tanto formales como informales, estructurados o no, subempleados y cesantes, estudiantes (camino a ser trabajadores), pobladores (trabajadores más pobres), pueblos originarios, agrupaciones ambientalistas consecuentes, diversidad sexual que pugna contra el patriarcalismo propio del capital, etc.

Probadamente, ni el sindicalismo corporativo (ese que únicamente se mueve por privilegios inmediatos y sectoriales, funcional y sin visión más allá de sus narices), por una parte, ni el pueblo mapuche por sí solo, ni el ambientalismo por sí solo, ni los estudiantes, ni la diversidad sexual u otros núcleos de resistencia anticapitalista, por otra, tienen la capacidad de convertirse autónomamente en la plataforma con la ascendencia y transversalidad objetiva y simbólica que sí contiene la clase trabajadora organizada y con perspectiva unitaria y, al menos, que cuenta con las pistas nucleares de un proyecto en formación ligado a la dirección general de la sociedad. No sólo porque los que viven de la venta de su fuerza de trabajo, o son cuentapropistas dependientes de la capacidad de consumo precisamente de los asalariados, en los servicios o la producción, son el sostén económico general y motor insoslayable de la valorización del capital, sino que en el ámbito de la percepción pública, los trabajadores son, por sí mismos, la síntesis de la contraparte sistémica y simbólica de la minoría capitalista. La concentración de la riqueza crea al mismo tiempo la ampliación del trabajo desde sus modos más constituidos hasta los más precarizados (la tercerización o subcontratismo, la informalidad más extrema, el trabajo familiar por cuenta propia o el mismo desempleo). Por la historia y las presentes circunstancias determinadas por las relaciones sociales impuestas por el capital, el llamado a un paro general devenido en un mismo momento, en una movimiento general y popular –y no se dice nacional por el respeto inclusivo que reivindican las luchas del pueblo mapuche cuyo concepto de nacionalidad es distinta al del pueblo mestizo chileno-, libera las posibilidades de un novedoso ciclo dinámico del movimiento social y político compuesto por todos aquellos que sufren los dolores del actual orden de cosas.

4. Naturalmente, la lucha amplia por la organización cuantitativa y cualitativa (inseparables) de los intereses de las grandes mayorías no termina en el llamado ancho a un paro general devenido en movilización general de los más. No es obra de un solo acto. Es un puerto de arribo que inmediatamente se transforma en un nuevo punto de partida y continuidad de un período renovado de los populares como actor político visible, influyente, ofensivo. Y como resulta imposible que sólo el paro y la movilización generales se vuelvan por arte de magia en alternativa política ante las expresiones políticas hegemónicas de la clase en el poder (Coalición por el Cambio y Concertación), ese propio movimiento real de lucha -cuyo programa resuelto por los propios sujetos sociales congregados se asienta en la soberanía de la mayoría sobre los recursos naturales, el derecho al pleno empleo, la conquista de derechos sociales ultimados por los pocos gran propietarios (salud, educación, seguridad y previsión social, vivienda, servicios básicos accesibles), la destrucción de la relaciones patriarcales, machistas y racistas dominantes, y el respeto irrestricto por el medioambiente- creará las condiciones, como una necesidad proveniente de su propio curso y desarrollo, de las nuevas conducciones políticas de los intereses de los trabajadores y el pueblo.

5. Sin embargo, todo lo anterior es terreno y posibilidad en disputa. No está escrito en las estrellas, de forma fatal, que ocurra de esa manera. De hecho, también es altamente probable que un escenario así, bajo las actuales relaciones de fuerza, sea amañado electoralmente por la “nueva” Concertación o, incluso, por sectores de la propia Coalición por el Cambio. O por un caudillo digitado oportunamente por los intereses del capital. Ello también ha ocurrido en otros pasajes de la lucha de clases en el país.

6. Las fuerzas anticapitalistas, y sus direcciones provenientes del movimiento popular concreto en un período igualmente concreto, de no contar con la audacia, flexibilidad táctica, capacidad de adaptarse rápidamente (sin jamás perder el horizonte estratégico) a los nuevos modos, contenidos, conductas y formas de lucha de los pueblos y los trabajadores, y sobre todo, con vocación de triunfo, están condenadas de antemano a la derrota. La voluntad de poder expresada en organización y lectura apropiada de las circunstancias, límites y potencias de la realidad en su sentido más fuerte, es la condición cardinal que determina sus posibilidades para convertirse en alternativa política.

Diciembre 17 de 2010