Se aproxima la huelga
En un nuevo capítulo de movilización sindical, los trabajadores y trabajadoras de Banefe -empresa asociada al multimillonario holding del Grupo Santander España- junto a la Confederación de Trabajadores Bancarios y a la Federación de Sindicatos del Grupo Santander, se apostaron durante dos horas en la casa matriz de la institución financiera, en pleno centro capitalino, para protestar por la nula respuesta de la empresa a sus demandas.
Luego de la manifestación realizada por los empleados de Banefe el 5 de junio pasado para lograr establecer una mesa de negociaciones, el lunes 16 de junio se constituyó la primera reunión de Negociación Colectiva entre los funcionarios y los representantes empresariales.
Los trabajadores y trabajadoras de una de las fuerzas de venta más importantes del Grupo Santander ganan un salario de $ 53 mil pesos (100 dólares) más comisiones, en un contexto de alta contracción crediticia, lo que, en la práctica, produce que los empleados obtengan remuneraciones promedio de $ 180 mil pesos (240 dólares, cuando el kilo de pan está a 2 dólares, al igual que la media diaria en el gasto de transporte).
La Presidenta del Sindicato de Trabajadores de Banefe Multinegocios, Jackeline Herrera Calderón, señaló que están reivindicando “un salario base de $ 200 mil pesos (400 dólares), dinero para locomoción y colación, y un bono de fin de conflicto de $ 2 millones de pesos por funcionario.” Sin embargo, durante la primera cita con la contraparte, la empresa negó la posibilidad de acceder al petitorio, arguyendo que “no hay fondos”.
En 2007, el Grupo Banco Santander España rentó en Chile $ 308.646,6 millones de pesos (más de 600 millones de dólares). En el ranking de utilidades de todas las empresas del país, sólo estuvo bajo las ganancias obtenidas por la industria del cobre y la celulosa, principales sectores productivos chilenos. Los resultados del Grupo Santander en el período enero-marzo de 2008, en términos de rentabilidad, alcanzó la cifra sideral de $ 206.343,3 millones de pesos (más de 400 millones de dólares). Esta vez sólo fue superado por la industria cuprífera. Asimismo, el Grupo Santander, en la actualidad, ocupa el quinto lugar mundial de las corporaciones bancarias con mayores utilidades.
La próxima reunión entre los trabajadores y la administración empresarial se realizará el miércoles 18 de junio y la última, el viernes 20 de junio. Ya la siguiente semana, dependiendo de la oferta final de la mandante, los empleados podrían votar la huelga legal.
Andrés Figueroa Cornejo
Miembro del Polo de Trabajador@s por el Socialismo
Junio 17 de 2008
viernes, 20 de junio de 2008
lunes, 16 de junio de 2008
Parte de gratitud amorosa al periodista Hernán Barahona

PARTE DE GRATITUD AMOROSA AL PERIODISTA HERNÁN BARAHONA
Que estamos fabricados de tiempo y agua, grano, incertidumbre, elección de sentido, determinación, época y relámpago.
Que Hernán Barahona, hombre y comunista, periodista y hombre y comunista, hombre, chileno y militante del pueblo, arriesgó desde temprano el pellejo y la salud para bien de los de abajo y maldición de los poderosos.
Que no sólo rescató las últimas palabras de Salvador Allende emitidas por Radio Magallanes en la madrugada del horror, a la hora del desastre anunciado. También resistió oculto en un entretecho, luego se atrincheró en la Checoslovaquia de los 70 del siglo pasado, y secretamente colaboró en la fundación radial clandestina del salvadoreño Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, antes del empate catastrófico, cuando allí la esperanza olía a pólvora popular.
Que Hernán era culpógeno, comía menos que un pájaro, que sus conversaciones no tenían fin, se alargaban por días, se trenzaban dialécticamente entre el sol y la luna y el sol.
Que dirigió con generosidad extraña la radio Nuevo Mundo, escribió en los panfletos del pueblo, acuñó su voz como un martillo limpio en el corazón de los pobres.
Que su Partido Comunista y su Allende y su Gladys Marín le coordinaban el relato, le atesoraban las ganas, le apuntalaban el empeño.
Que tuvo tantos dolores de muerte, tormentas y espuma sangrienta, pero siempre las mantuvo imperceptibles para los demás, ahogándolas apenas con el cigarrillo infame, compañía y desgracia.
Que Hernán pagó siempre las rondas y la última jamás existió, y así fue formador de luchadores, periodistas, hombres y mujeres para la comunicación de los de abajo y orientación de los desheredados.
Que fue tenaz, incesante, amigo impenitente y mano plena, y de este modo se abandonó y se extendió más allá de sí mismo, mil veces roto por apremios internos, mil veces desplomado y vuelto a construirse. Tanto partió de cero que el humor se le hizo fuerte y negro como el vino profundo.
Que aunque teníamos distancias políticas, críticas sin remedio, y silencios tácticos, nos encontramos en la unidad del pueblo y la izquierda. Y con esos abismos –que desde lejos son motas invisibles- me dejó decir a mí y a tantos libremente en la radio que dirigía, y que el editorial se fuera al carajo mientras campeara la inteligencia, la izquierda reunida, el enemigo bien puesto en la mira, es decir, el patrón, la burguesía y su imperio.
Que entre tantos ires y venires, ratos de noche y kilómetros de luz, tuvo la fortuna de tener a su lado una mujer y una hija y un hijo, justo en la esquina crucial de su enfermedad definitiva.
Que aprendí mucho más de periodismo y coherencia política cuando estuve abrigado por su sombra calurosa que en todas las salas muertas de la universidad, y ante la retórica grandilocuente y vacía de tanto titán invertido de la izquierda chilena y su precio conveniente en el reverso de las declaraciones.
Y que Hernán, entre las muchas advertencias y verdades profesionales que nos sopló durante tandas de pocos y pobres auspiciadores, una en especial afirmaba que en la radio hay que ser reiterativo porque la palabra dicha se esfuma con velocidad asombrosa. Nada más, entonces, ofrecerte las gracias, Hernán, y repetir contigo, venceremos, venceremos, venceremos.
Andrés Figueroa Cornejo
Santiago de Chile, junio 15 de 2008
Que estamos fabricados de tiempo y agua, grano, incertidumbre, elección de sentido, determinación, época y relámpago.
Que Hernán Barahona, hombre y comunista, periodista y hombre y comunista, hombre, chileno y militante del pueblo, arriesgó desde temprano el pellejo y la salud para bien de los de abajo y maldición de los poderosos.
Que no sólo rescató las últimas palabras de Salvador Allende emitidas por Radio Magallanes en la madrugada del horror, a la hora del desastre anunciado. También resistió oculto en un entretecho, luego se atrincheró en la Checoslovaquia de los 70 del siglo pasado, y secretamente colaboró en la fundación radial clandestina del salvadoreño Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, antes del empate catastrófico, cuando allí la esperanza olía a pólvora popular.
Que Hernán era culpógeno, comía menos que un pájaro, que sus conversaciones no tenían fin, se alargaban por días, se trenzaban dialécticamente entre el sol y la luna y el sol.
Que dirigió con generosidad extraña la radio Nuevo Mundo, escribió en los panfletos del pueblo, acuñó su voz como un martillo limpio en el corazón de los pobres.
Que su Partido Comunista y su Allende y su Gladys Marín le coordinaban el relato, le atesoraban las ganas, le apuntalaban el empeño.
Que tuvo tantos dolores de muerte, tormentas y espuma sangrienta, pero siempre las mantuvo imperceptibles para los demás, ahogándolas apenas con el cigarrillo infame, compañía y desgracia.
Que Hernán pagó siempre las rondas y la última jamás existió, y así fue formador de luchadores, periodistas, hombres y mujeres para la comunicación de los de abajo y orientación de los desheredados.
Que fue tenaz, incesante, amigo impenitente y mano plena, y de este modo se abandonó y se extendió más allá de sí mismo, mil veces roto por apremios internos, mil veces desplomado y vuelto a construirse. Tanto partió de cero que el humor se le hizo fuerte y negro como el vino profundo.
Que aunque teníamos distancias políticas, críticas sin remedio, y silencios tácticos, nos encontramos en la unidad del pueblo y la izquierda. Y con esos abismos –que desde lejos son motas invisibles- me dejó decir a mí y a tantos libremente en la radio que dirigía, y que el editorial se fuera al carajo mientras campeara la inteligencia, la izquierda reunida, el enemigo bien puesto en la mira, es decir, el patrón, la burguesía y su imperio.
Que entre tantos ires y venires, ratos de noche y kilómetros de luz, tuvo la fortuna de tener a su lado una mujer y una hija y un hijo, justo en la esquina crucial de su enfermedad definitiva.
Que aprendí mucho más de periodismo y coherencia política cuando estuve abrigado por su sombra calurosa que en todas las salas muertas de la universidad, y ante la retórica grandilocuente y vacía de tanto titán invertido de la izquierda chilena y su precio conveniente en el reverso de las declaraciones.
Y que Hernán, entre las muchas advertencias y verdades profesionales que nos sopló durante tandas de pocos y pobres auspiciadores, una en especial afirmaba que en la radio hay que ser reiterativo porque la palabra dicha se esfuma con velocidad asombrosa. Nada más, entonces, ofrecerte las gracias, Hernán, y repetir contigo, venceremos, venceremos, venceremos.
Andrés Figueroa Cornejo
Santiago de Chile, junio 15 de 2008
jueves, 12 de junio de 2008
Chile: salario mínimo: las cifras de la miseria y el desempeño del sobreendeudamiento
1. El Instituto Nacional de Estadísticas (INE) –organismo dependiente del gobierno central-, de acuerdo a su último informe emitido hace una semana, correspondiente a abril de 2007, indica que el quintil (20 %) más pobre de la población chilena tiene un ingreso mensual para una familia de 4 personas de $ 177, 041 pesos (310 dólares aprox.), pero gasta $ 303,518 pesos (600 dólares). El segundo quintil ingresa $ 312,414 pesos (poco más de 600 dólares), pero gasta $ 404.145 pesos (800 dólares). El tercer quintil obtiene un ingreso mensual de $ 453,065 pesos (900 dólares), pero gasta $ 514,225 pesos (más de 1,000 dólares). El cuarto quintil promedia un ingreso de $ 670,587 pesos (menos de 1,400 dólares), pero gasta $ 697,997 (1,400 dólares). Y el quinto quintil, es decir, el 20 % de los chilenos que está en la cumbre de la pirámide social, ingresa como promedio $ 1,681,182 pesos (más de 3,000 dólares), y gasta $ 1,489,154 (menos de 3,000 dólares); es decir, es el único 20 % de la sociedad que cuenta con cierta capacidad de ahorro. Los datos revelan con claridad dramática los niveles de endeudamiento estructural que la gran mayoría de las familias del país debe asumir para sobrevivir. Últimamente, la banca, emulando a los países centrales, ha comenzado a limitar los créditos “de alto riesgo” (en todos sus niveles) como medida precautoria ante una eventual debacle provocada por la morosidad y el no pago de las deudas contraídas por empresas y personas. Las cifras oficializadas por el INE sólo dan cuenta de abril de 2007. Pero únicamente en agosto del año pasado comenzaron a vivirse los primeros temblores de la crisis subprime originada en el corazón de Usamérica, y pocos meses después, la crisis del alza alimentaria a nivel planetario que se agregó a la del precio del petróleo (que Chile debe importar casi en su totalidad) producto de la especulación financiera, los agrocombustibles y el cambio climático. Sólo meses después de que el INE entregó los números apuntados arriba, se produjo la desaceleración económica, el drama de la energía, el aumento disparado de los cereales, los lácteos y las verduras, y la inflación galopante que, a mayo de 2008, bordea el 9 %, golpeando con especial crudeza la economía de los trabajadores y los pobres.
2. Entre el quintil 1 y el 4 se encuentra el 80 % de los chilenos. Sólo un 20 % de la población pertenece a la fracción social con menudas posibilidades de ahorro y acceso a los mejores bienes y servicios ofrecidos por el mercado. Ese mismo quintil privilegiado participa en más de un 50 % del ingreso total. Menos de la mitad del ingreso se distribuye hacia abajo, entre los cuatro quintiles mayoritarios.
3. El 20 % más pobre de los hogares chilenos gasta $ 110,873 mensuales (poco más de 200 dólares) en alimentos y bebidas; $ 19,488 pesos (40 dólares) en vestuario y calzado; $ 45,156 pesos (casi 100 dólares) en vivienda; $ 19,248 pesos (40 dólares) en muebles y cuidados de la casa; $ 10,069 pesos (20 dólares) en gastos de salud; $ 46,913 pesos (90 dólares) en transporte y comunicaciones; $ 10,634 pesos (20 dólares) en recreación y esparcimiento; $ 14,123 pesos (casi 30 dólares) en enseñanza; y $ 27,013 pesos (alrededor de 50 dólares) en otros bienes y servicios. En el otro extremo, el 20 % de los hogares con mayores ingresos gasta $ 219,212 pesos (más de 400 dólares) en alimentos y bebidas; $ 70,726 pesos (130 dólares) en vestuario y calzado; $ 221,451 pesos (más de 400 dólares) en vivienda; $ 131,970 pesos (260 dólares) en muebles y cuidado de la casa; $ 85,931 pesos (más de 150 dólares) en salud; $ 381,325 pesos (casi 800 dólares) en transporte y comunicaciones; $ 66,645 pesos (140 dólares) en recreación y esparcimiento; $ 95,851 pesos (casi 200 dólares) en enseñanza; y $ 216,043 (más de 400 dólares) en otros bienes y servicios.
4. En estos días el gobierno de Bachelet, discute a puerta cerrada con un grupo de dirigentes sindicales de la funcional Central Unitaria de Trabajadores (CUT) el salario mínimo, precio del trabajo que percibe alrededor de un 30 % de los asalariados. Sin embargo, tras los formalismos, el precio del salario mínimo es materia negociada y concluida entre el Ministerio de Hacienda y la Confederación de la Producción y el Comercio (CPC, multigremial de la patronal en Chile), cuyos paradigmas de fijación de los valores de la remuneración mínima responden exclusivamente a sus intereses de clase. En este sentido, y de manera pavorosamente clásica, el Estado reproduce su contenido burgués en todas sus dimensiones y quehaceres. Los impotentes representantes de la peregrina nomenclatura de la CUT, con el camarada de partido político de la Presidenta Bachelet, el socialista Arturo Martínez a la cabeza, hacen pantomimas de negociación, muecas fotográficas y reuniones de utilería.
5. Los de arriba dicen emplear para el cálculo del reajuste del salario mínimo, entre otras variables, el crecimiento económico, el cual ha sufrido una importante desaceleración producto de la crisis cíclica del capital (crisis inmobiliaria usamericana) y la crisis estructural (especulación del precio del petróleo y de los alimentos). Sin embargo, en los hechos, las limitaciones del propio capital nunca han obrado de manera realmente positiva en las rentas de los trabajadores en los últimos 35 años. Durante la década de los 90 del siglo pasado, las tasas de crecimiento de Chile superaron el 7 %, lo cual fue a engordar los bolsillos del gran capital y ni con la teoría del “chorreo” o “rebalse” se vieron beneficiados los trabajadores. En la actualidad, el cobre, la banca, la industria celulosa y las grandes tiendas comerciales obtienen utilidades históricas, pero mantienen a los asalariados de esas áreas bajo la expoliación del subcontratismo, la precariedad del empleo y salarios que no guardan relación alguna con la ganancia de las empresas.
6. El bloque en el poder (concertacionista, aliancista, empresarial), muy suelto de cuerpo, argumenta que un aumento real del salario mínimo dañaría a la pequeña y mediana empresa que da trabajo a alrededor del 70 % de la fuerza laboral chilena. Lo que callan convenientemente, es que las PYMES al permanecer condenadas a un patrón de acumulación capitalista cuya matriz estratégica ordenadora responde a los intereses absolutos del gran capital, jamás fueron posibilitadas de construir mercados propios. De esta manera, las pequeñas y medianas empresas –víctimas de créditos esquivos, insuficientes y sin horizontes de desarrollo- están obligadas a vender sus productos a los precios impuestos monopólicamente por las grandes corporaciones y cadenas comerciales, que en su tranco voraz, destruyen micro industrias y empleo. A ello se suma el impacto perverso de los Tratados de Libre Comercio, cuya formulación asimétrica y desigual respecto de las economías más desarrolladas, liquida a diario pequeñas empresas producto de las desregulaciones de importaciones y nula protección a las PYMES. Como si fuera poco, la revaluación del peso, efecto de la caída vertical del dólar, vuelve incompetentes las exportaciones chilenas y facilita el ingreso masivo de importaciones a precios sin competencia local.
7. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la estimación del salario mínimo debe construirse de acuerdo “a las necesidades de los trabajadores y de sus familias habida cuenta del nivel general de salarios del país, del costo de la vida, de las prestaciones de seguridad social y del nivel relativo de otros grupos sociales.” Sin embargo, la dirección de la Central Unitaria de Trabajadores, dice negociar un salario mínimo de $ 160,000 pesos (230 dólares) estos días, toda vez, que la cifra permanece extraordinariamente distante de los requerimientos elementales de una familia, incluso bajo el nivel de la pobreza, según las propias coordenadas gubernamentales. Asimismo, Arturo Martínez, Presidente de la CUT, propone un reajuste que llegue a $ 180,000 pesos (240 dólares) el 2010, en base a proyecciones inflacionarias. Si el 20 % más pobre de los chilenos obtiene un ingreso (ni siquiera una renta, la cual es parte del ingreso) para una familia de 4 personas de $ 177,041 pesos, pero gasta, a punta de sobreendeudamiento, $ 303,518 pesos mensuales hoy, las cifras de la CUT están a años luz de resolver el tema del consumo para la sobrevivencia de los más castigados por el modelo. Según diversos analistas, la discusión y relevancia del salario mínimo deberían atenuarse o perder importancia a través de los procesos de negociación colectiva de los trabajadores. No obstante, producto, en gran medida, de las políticas antipopulares y de desmantelamiento de las organizaciones de los trabajadores desde los albores de los gobiernos civiles postdictadura, sólo un 7 % de la fuerza laboral chilena está facultada de manera legal para negociar colectivamente. El 93 % de los más de 6 y medio millones de asalariados, no. Lo anterior, considerando además, que las negociaciones colectivas, por sí solas, no garantizan en los hechos mejoramientos sustantivos de renta y mejoramiento de condiciones de trabajo producto de un Código Laboral completamente descompensado a favor del capital y la patronal, que incluso auspicia el reemplazo de trabajadores en tiempos de huelga. Como si fuera poco, el salario mínimo, y el fetiche de la remuneración en general, se convierte en la única vía para enfrentar el creciente costo de la vida, en un marco -impuesto militarmente primero por la dictadura pinochetista y luego continuada y perfeccionada por los gobiernos de la Concertación- donde los derechos sociales ligados a la salud, la educación, la previsión social y la vivienda, meridianamente garantizados por la existencia de un parcial Estado de Bienestar hasta 1973, han sido privatizados a lo largo de las últimas tres décadas. De este modo, el salario se ha transformado en el instrumento material exclusivo para determinar la calidad de vida de los chilenos, en uno de los países con la peor distribución del ingreso y la riqueza en el planeta. Ni todos los programas sociales agregados por la Concertación han abreviado la brecha sideral entre la minoría dueña de todo, y las grandes mayorías que sólo cuentan con su fuerza de trabajo para subsistir.
8. Los números del salario mínimo ilustran inmejorablemente la plataforma económica y el sostén político e ideológico dominante en Chile. Tal cual como está la CUT –apéndice triste del gobierno-, los sectores, agrupaciones, sindicatos, federaciones, y trabajadores no organizados demandan la construcción de una refundación del movimiento de los asalariados en clave anticapitalista y de independencia política de los intereses de la clase que produce la riqueza en la sociedad. La conducción domesticada de la actual CUT sólo perpetúa las condiciones de la pobreza de los trabajadores, y replica afinadamente la estrategia del gran capital en Chile. Entre la lucha y la condescendencia amaestrada, más allá del estado de las fuerzas atomizadas de los trabajadores (cuyas causas serán materia de otro artículo), los padres de la clase asalariada –Luis Emilio Recabarren y Clotario Blest- siempre optarían por la lucha. Larga tarea y proceso duro queda para los trabajadores que con honestidad, pero todavía desatados, persiguen con claridad la promoción de los intereses de los de abajo. Al respecto, nuevamente, la unidad, la disciplina mínima, la generosidad, el desalojo de cierta vocación de minoría de algunos, son las bases nucleares para la reconstitución de un sindicalismo a la altura de los requerimientos históricos de las grandes mayorías. De lo contrario, la agonía del modelo estructuralmente desigual de los poderosos, se prolonga dolorosamente y gana tiempo precioso para su reordenamiento y reproducción tutelar.
Andrés Figueroa Cornejo
Miembro del Polo de Trabajador@s por el Socialismo
Junio de 2008
2. Entre el quintil 1 y el 4 se encuentra el 80 % de los chilenos. Sólo un 20 % de la población pertenece a la fracción social con menudas posibilidades de ahorro y acceso a los mejores bienes y servicios ofrecidos por el mercado. Ese mismo quintil privilegiado participa en más de un 50 % del ingreso total. Menos de la mitad del ingreso se distribuye hacia abajo, entre los cuatro quintiles mayoritarios.
3. El 20 % más pobre de los hogares chilenos gasta $ 110,873 mensuales (poco más de 200 dólares) en alimentos y bebidas; $ 19,488 pesos (40 dólares) en vestuario y calzado; $ 45,156 pesos (casi 100 dólares) en vivienda; $ 19,248 pesos (40 dólares) en muebles y cuidados de la casa; $ 10,069 pesos (20 dólares) en gastos de salud; $ 46,913 pesos (90 dólares) en transporte y comunicaciones; $ 10,634 pesos (20 dólares) en recreación y esparcimiento; $ 14,123 pesos (casi 30 dólares) en enseñanza; y $ 27,013 pesos (alrededor de 50 dólares) en otros bienes y servicios. En el otro extremo, el 20 % de los hogares con mayores ingresos gasta $ 219,212 pesos (más de 400 dólares) en alimentos y bebidas; $ 70,726 pesos (130 dólares) en vestuario y calzado; $ 221,451 pesos (más de 400 dólares) en vivienda; $ 131,970 pesos (260 dólares) en muebles y cuidado de la casa; $ 85,931 pesos (más de 150 dólares) en salud; $ 381,325 pesos (casi 800 dólares) en transporte y comunicaciones; $ 66,645 pesos (140 dólares) en recreación y esparcimiento; $ 95,851 pesos (casi 200 dólares) en enseñanza; y $ 216,043 (más de 400 dólares) en otros bienes y servicios.
4. En estos días el gobierno de Bachelet, discute a puerta cerrada con un grupo de dirigentes sindicales de la funcional Central Unitaria de Trabajadores (CUT) el salario mínimo, precio del trabajo que percibe alrededor de un 30 % de los asalariados. Sin embargo, tras los formalismos, el precio del salario mínimo es materia negociada y concluida entre el Ministerio de Hacienda y la Confederación de la Producción y el Comercio (CPC, multigremial de la patronal en Chile), cuyos paradigmas de fijación de los valores de la remuneración mínima responden exclusivamente a sus intereses de clase. En este sentido, y de manera pavorosamente clásica, el Estado reproduce su contenido burgués en todas sus dimensiones y quehaceres. Los impotentes representantes de la peregrina nomenclatura de la CUT, con el camarada de partido político de la Presidenta Bachelet, el socialista Arturo Martínez a la cabeza, hacen pantomimas de negociación, muecas fotográficas y reuniones de utilería.
5. Los de arriba dicen emplear para el cálculo del reajuste del salario mínimo, entre otras variables, el crecimiento económico, el cual ha sufrido una importante desaceleración producto de la crisis cíclica del capital (crisis inmobiliaria usamericana) y la crisis estructural (especulación del precio del petróleo y de los alimentos). Sin embargo, en los hechos, las limitaciones del propio capital nunca han obrado de manera realmente positiva en las rentas de los trabajadores en los últimos 35 años. Durante la década de los 90 del siglo pasado, las tasas de crecimiento de Chile superaron el 7 %, lo cual fue a engordar los bolsillos del gran capital y ni con la teoría del “chorreo” o “rebalse” se vieron beneficiados los trabajadores. En la actualidad, el cobre, la banca, la industria celulosa y las grandes tiendas comerciales obtienen utilidades históricas, pero mantienen a los asalariados de esas áreas bajo la expoliación del subcontratismo, la precariedad del empleo y salarios que no guardan relación alguna con la ganancia de las empresas.
6. El bloque en el poder (concertacionista, aliancista, empresarial), muy suelto de cuerpo, argumenta que un aumento real del salario mínimo dañaría a la pequeña y mediana empresa que da trabajo a alrededor del 70 % de la fuerza laboral chilena. Lo que callan convenientemente, es que las PYMES al permanecer condenadas a un patrón de acumulación capitalista cuya matriz estratégica ordenadora responde a los intereses absolutos del gran capital, jamás fueron posibilitadas de construir mercados propios. De esta manera, las pequeñas y medianas empresas –víctimas de créditos esquivos, insuficientes y sin horizontes de desarrollo- están obligadas a vender sus productos a los precios impuestos monopólicamente por las grandes corporaciones y cadenas comerciales, que en su tranco voraz, destruyen micro industrias y empleo. A ello se suma el impacto perverso de los Tratados de Libre Comercio, cuya formulación asimétrica y desigual respecto de las economías más desarrolladas, liquida a diario pequeñas empresas producto de las desregulaciones de importaciones y nula protección a las PYMES. Como si fuera poco, la revaluación del peso, efecto de la caída vertical del dólar, vuelve incompetentes las exportaciones chilenas y facilita el ingreso masivo de importaciones a precios sin competencia local.
7. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la estimación del salario mínimo debe construirse de acuerdo “a las necesidades de los trabajadores y de sus familias habida cuenta del nivel general de salarios del país, del costo de la vida, de las prestaciones de seguridad social y del nivel relativo de otros grupos sociales.” Sin embargo, la dirección de la Central Unitaria de Trabajadores, dice negociar un salario mínimo de $ 160,000 pesos (230 dólares) estos días, toda vez, que la cifra permanece extraordinariamente distante de los requerimientos elementales de una familia, incluso bajo el nivel de la pobreza, según las propias coordenadas gubernamentales. Asimismo, Arturo Martínez, Presidente de la CUT, propone un reajuste que llegue a $ 180,000 pesos (240 dólares) el 2010, en base a proyecciones inflacionarias. Si el 20 % más pobre de los chilenos obtiene un ingreso (ni siquiera una renta, la cual es parte del ingreso) para una familia de 4 personas de $ 177,041 pesos, pero gasta, a punta de sobreendeudamiento, $ 303,518 pesos mensuales hoy, las cifras de la CUT están a años luz de resolver el tema del consumo para la sobrevivencia de los más castigados por el modelo. Según diversos analistas, la discusión y relevancia del salario mínimo deberían atenuarse o perder importancia a través de los procesos de negociación colectiva de los trabajadores. No obstante, producto, en gran medida, de las políticas antipopulares y de desmantelamiento de las organizaciones de los trabajadores desde los albores de los gobiernos civiles postdictadura, sólo un 7 % de la fuerza laboral chilena está facultada de manera legal para negociar colectivamente. El 93 % de los más de 6 y medio millones de asalariados, no. Lo anterior, considerando además, que las negociaciones colectivas, por sí solas, no garantizan en los hechos mejoramientos sustantivos de renta y mejoramiento de condiciones de trabajo producto de un Código Laboral completamente descompensado a favor del capital y la patronal, que incluso auspicia el reemplazo de trabajadores en tiempos de huelga. Como si fuera poco, el salario mínimo, y el fetiche de la remuneración en general, se convierte en la única vía para enfrentar el creciente costo de la vida, en un marco -impuesto militarmente primero por la dictadura pinochetista y luego continuada y perfeccionada por los gobiernos de la Concertación- donde los derechos sociales ligados a la salud, la educación, la previsión social y la vivienda, meridianamente garantizados por la existencia de un parcial Estado de Bienestar hasta 1973, han sido privatizados a lo largo de las últimas tres décadas. De este modo, el salario se ha transformado en el instrumento material exclusivo para determinar la calidad de vida de los chilenos, en uno de los países con la peor distribución del ingreso y la riqueza en el planeta. Ni todos los programas sociales agregados por la Concertación han abreviado la brecha sideral entre la minoría dueña de todo, y las grandes mayorías que sólo cuentan con su fuerza de trabajo para subsistir.
8. Los números del salario mínimo ilustran inmejorablemente la plataforma económica y el sostén político e ideológico dominante en Chile. Tal cual como está la CUT –apéndice triste del gobierno-, los sectores, agrupaciones, sindicatos, federaciones, y trabajadores no organizados demandan la construcción de una refundación del movimiento de los asalariados en clave anticapitalista y de independencia política de los intereses de la clase que produce la riqueza en la sociedad. La conducción domesticada de la actual CUT sólo perpetúa las condiciones de la pobreza de los trabajadores, y replica afinadamente la estrategia del gran capital en Chile. Entre la lucha y la condescendencia amaestrada, más allá del estado de las fuerzas atomizadas de los trabajadores (cuyas causas serán materia de otro artículo), los padres de la clase asalariada –Luis Emilio Recabarren y Clotario Blest- siempre optarían por la lucha. Larga tarea y proceso duro queda para los trabajadores que con honestidad, pero todavía desatados, persiguen con claridad la promoción de los intereses de los de abajo. Al respecto, nuevamente, la unidad, la disciplina mínima, la generosidad, el desalojo de cierta vocación de minoría de algunos, son las bases nucleares para la reconstitución de un sindicalismo a la altura de los requerimientos históricos de las grandes mayorías. De lo contrario, la agonía del modelo estructuralmente desigual de los poderosos, se prolonga dolorosamente y gana tiempo precioso para su reordenamiento y reproducción tutelar.
Andrés Figueroa Cornejo
Miembro del Polo de Trabajador@s por el Socialismo
Junio de 2008
lunes, 9 de junio de 2008
Chile: la tragedia de la educaciòn de clases y la cosmètica de BACHELLET
En el emblemático frontis de la Casa Central de la Universidad de Chile, casi al frente del Palacio de La Moneda, a metros del Ministerio de Defensa, en el centro de la avenida más importante del país, y en el corazón político y público de una nación de 16 millones de habitantes, por algunas horas, se mantuvo enarbolada la bandera chilena, hasta que tuvo que ser retirada, por fuerza de ley y mano policial, debido a que en vez de la estrella solitaria del emblema, los estudiantes de la principal casa de estudios superiores del país, pusieron allí un signo peso ($). Es apenas una acción simbólica de protesta ante el intento por consagrar a través de la llamada Ley General de Educación, un sistema de enseñanza impuesto en dictadura, que ahora quiere remozar la Concertación por presión de la movilización multitudinaria de los estudiantes secundarios el 2006 y por las protestas en curso de jóvenes y profesores. La LGE, en resumen, sacraliza las desigualdades estructurales del modelo educacional del país fundado en la competencia y la ganancia, y hace trizas el mito burgués de la enseñanza como vía de movilidad social. No es extraño, en absoluto, que en un país donde se inauguró el recetario neoliberal a nivel mundial y hoy es la economía más abierta y, por tanto, más dependiente de los movimientos del capital a nivel planetario, la sociedad de clases construida (a esta hora, casi estamental) haya convertido los derechos sociales ligados a la salud, la previsión social y la educación en pura mercancía, fetiche de los infortunios populares y núcleo de los privilegios de la minoría que manda.
En la madrugada de los 80, bajo plena dictadura militar de refundación capitalista, se dictó la nueva Ley General de Universidades que, básicamente, liberalizó la oferta de educación superior en Chile, permitiendo que las universidades privadas impartieran carreras que estaban reservadas a las, entonces, universidades públicas. La Universidad de Chile –alma mater de la excelencia académica y la promoción de profesionales de inmejorable nivel desde 1852-, fue reorganizada por el pinochetismo. Sus sedes regionales fueron atomizadas respecto de su sede metropolitana y transformadas en universidades locales. En la actualidad, ellas forman parte de las denominadas 24 “universidades tradicionales”. La universidades “públicas” continúan contando con aportes directos del Estado, pero son proporcionalmente menores que en los años 60 y 70. Debido a ello, las universidades tradicionales dejaron de ser gratuitas y fueron obligadas al autofinanciamiento, lo que, en general, ha dañado la producción de conocimientos, el ejercicio de la extensión académica, y ha impuesto en los hechos, lógicas de rentabilidad en todos sus niveles, absolutamente reñidas con los objetivos asociados al desarrollo integral del país y la búsqueda de nuevos saberes. Bajo este paradigma, las universidades tradicionales son el reverso del carácter ontológico inaugural de la universidad en la historia de la humanidad y en Chile.
Asimismo, en 1980 comenzó el proceso de municipalización de la educación preescolar, básica y media, bajo la ilusión de los beneficios de la descentralización administrativa del sistema, pero sobre la verdad de dar los primeros pasos hacia la privatización absoluta de la enseñanza escolar en Chile. En rigor, se pasó de un Estado Docente, fundado en una democracia burguesa de carácter desarrollista y de alto intervencionismo estatal, a un Estado Subsidiario que impuso por la fuerza del monopolio de las armas la neoliberalización de la enseñanza, y su nueva situación en tanto contenedora de una renovada naturaleza mercantil y normada por las leyes irracionales del mercado.
A la fecha, los resultados de la municipalización de la enseñanza corresponden a una de las debilidades estructurales del Estado desmantelado. En concreto, sólo la mitad del sistema permanece administrado por la municipalidades y recibe magros recursos estatales (alrededor de $ 30 mil pesos mensuales por alumno (60 dólares)), mientras más del 40 % de la matrícula pertenece al sector particular subvencionado por el Estado, y alrededor de un 10 % es totalmente privado (en este sector se invierte por alumno un promedio de $ 150 mil pesos (300 dólares)). Dejando a un lado las observaciones fundadamente críticas respecto de las pruebas estandarizadas a las cuales son sometidos permanentemente los niños y jóvenes de todo el sistema escolar, ellas revelan las relaciones de desigualdad de clases que se reproducen de manera geométrica en el complejo educacional. Las escuelas y liceos municipalizados, y gran parte de los particulares subvencionados (donde los padres deben costear un segmento del gasto educativo de sus hijos) ponen a este territorio de la enseñanza muy por debajo de los niveles, tanto del Continente, como del mundo. Por su parte, la educación privada continúa campeando en todas las pruebas, pese a que, en términos comparativos, sus resultados son menores que el de los establecimientos privados del resto del mundo.
El prestigioso intelectual y doctor en Economía de la Educación, Juan Casassus, respecto de la manida y sobreusada etiqueta descontextualizada de “calidad” de la enseñanza muy en boga en el Chile actual, señala que “el concepto de calidad –que es un concepto propio del mundo de la economía y no de la educación- surge a inicios de los 80, precisamente durante los gobiernos más deseosos del control centralizado y conservadores de USA (Reagan) y del Reino Unido (Tatcher). Bajo estos gobiernos fue cuando se configuraron las ideas de contar con contenidos mínimos (core currículo), se iniciaron las instalaciones de los sistemas nacionales de evaluación y se pusieron estándares por doquier. Es sorprendente notar cómo la lógica empresarial se ha introducido –subrepticiamente- en el pensamiento colectivo acerca de la educación. De manera gruesa, y sin matices, podemos decir que la lógica empresarial es la de la empresa que se encuentra en competencia con otras empresas en un cierto rubro y que su leitmotiv es hacer un buen negocio. ¿En qué compiten? En la colocación de sus productos. La idea es que el producto sea percibido por los consumidores como siendo de mejor calidad que los otros, o que su producto sea de calidad comparable, pero de menor costo de producción. En síntesis; mercadeo y homogeneización de procesos. Esto funciona en un contexto de libre empresa, con baja regulación estatal, gestión y de mercados abiertos. (…) En los últimos 25 a 30 años ha ocurrido un giro ideológico con respecto a la educación: se ha instalado un ethos empresarial, en un área que tenía un ethos humanista. (…) (Esta vuelta de tuerca) ha contribuido a aumentar el individualismo, el egoísmo, la desigualdad, la rivalidad, la desconfianza, el desmembramiento del tejido social, el consumismo, la alienación, las adicciones, la tristeza y la violencia. (…) La idea es que la privatización produce competencia y la competencia produce calidad. (Pero) Según las mediciones, la calidad no ha mejorado, y la privatización ha generado desigualdad en las escuelas. Más del 50 % de la matrícula está en el sector privado. En los países con buena educación, las escuelas privadas casi no existen.”
Los gobiernos de la Concertación se han concentrado en la cobertura escolar –especialmente castigada durante la dictadura militar- y la “reforma educacional”, propiciada como estrategia conductora del ámbito a lo largo de los casi 20 años de gobiernos concertacionistas. De este modo, ha parido la Jornada Escolar Completa (JEC) y la creación de infraestructura ante la pudrición literal de los antiguos establecimientos escolares. Sin embargo, más allá de las apariencias, desde el bloque en el poder administrado transitoriamente por la Concertación, en los hechos, tanto el aumento de cobertura, como la JEC, persiguen la proletarización de la marginalidad social infantil y juvenil (calificación mínima necesaria para que el ejército de pobres que atosigan los recintos escolares “entiendan órdenes básicas”, y se subordinen de mejor manera a los requerimientos de la explotación capitalista en la actual fase, sin que ello signifique, necesariamente, un mejoramiento auténtico en las condiciones de pobreza de origen; sino sólo el aumento de la oferta laboral que impulsa los salarios a la baja). Asimismo, la JEC, busca mantener a los escolares alejados de sus familias –consideradas de alto riesgo social- el mayor tiempo posible, no importando el tipo de actividades o de no actividades que realicen en los establecimientos escolares. El objetivo es mantener acuartelados a los estudiantes, lejos de familias “peligrosas”, con poquísima instrucción, asociadas al trabajo informal y obligadas a la delincuencia por la miseria y la ignorancia. Así, la escuela y el liceo funcionan ortopédica y profilácticamente ante un entorno de pobreza, para mejor disciplinamiento y control de los futuros trabajadores peor pagados por el sistema. Los educadores son sólo peones que vehiculan y reproducen las referencias simbólicas matrices de la clase dominante, y se encuentran entrampados en demandas salariales sin fin y en el contrasentido de procurar instruir –algunos a educar- a más de 40 alumnos por curso, cuando las recomendaciones mundiales hablan de 20 estudiantes por curso si se busca, en efecto, mejorar la enseñanza. Sin embargo, como las escuelas y liceos operan como guarderías ligadas a “factores de protección ambiental”, los maestros deben cumplir roles pedagógicos, psicológicos, de asistencia social, policiales y otros más distantes todavía de la docencia. Pero no importa; en el sistema escolar municipal financiado por el Estado y en gran parte del privado subvencionado, ya no existe gran diferencia entre la gendarmería y el ejercicio de la enseñanza. Sin embargo, los niños siempre retornan a su casa y, como reos, deben volver al día siguiente a la escuela. Como estímulo perverso para los docentes, en esta dimensión, los profesores son pagados de acuerdo a la asistencia de los alumnos, y no de acuerdo a sus buenas clases –aunque reciben bonos simbólicos si pasan con excelencia la llamada Evaluación Docente, medición inscrita en la estrategia global de la ideología burguesa que produce la desigualdad educativa en Chile-. Mientras tanto, las pruebas nacionales e internacionales a las cuales son sometidos los estudiantes, invariablemente, repiten los resultados de la enseñanza de la sociedad de clases: la minoría privilegiada obtiene los mejores puntajes, y la mayoría pobre, los peores. ¿Qué se obtiene con pesar una y otra vez a la criatura si no se le alimenta y simplemente se sostiene su desnutrición?
La Ley General de Educación (LGE) que pretende, formalmente, superar o readecuar contextualmente la Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza -última imposición jurídica del pinochetismo antes del comienzo de los gobiernos civiles post dictadura- fue gatillada inicialmente por la multitudinaria movilización de los escolares de Chile y la favorable opinión pública que lograron construir el 2006. No obstante, y como suele ocurrir y obrar en tiempos de democracia burguesa u oligarca, la Presidenta Bachelet aniquiló el movimiento juvenil, desnaturalizando sus objetivos mediante la instalación de un Consejo Asesor Presidencial para la Calidad de la Educación, de carácter meramente consultivo y sugerente. En abril de 2007, el Ejecutivo presentó el Proyecto de Ley que establece la Ley General de Educación. En síntesis, el ordenamiento jurídico consagra la educación privada subvencionada, apurando mayores requisitos para montar establecimientos en manos de particulares, y transparentando la información de sus resultados, contenidos curriculares, y objetivos educacionales. El Proyecto, que en esa fecha fue firmado por la después desaforada ex Ministra de Educación, Yasna Provoste –debido a la mala entrega de recursos fiscales a establecimientos subvencionados (!)- afirma que la administración particular de las escuelas y liceos subvencionados no debe tener fines de lucro. Lo anterior se reduce a que, los sostenedores, entre cuyos requisitos está contar con 10 millones de pesos (20 mil dólares) e infraestructura “adecuada”, no podrá lucrar en negocios distintos al giro educacional, y deberá transparentar e informar sus cuentas. Para ello, el proyecto de ley –aplaudido por la derecha política y duramente criticado por los escolares, universitarios y profesores- contempla la eventual creación de una Superintendencia de Educación con fines fiscalizadores. En su conjunto, el cuerpo legal fija como paradigma dominante, la mantención de la educación privada subvencionada sólo que, en teoría, más supervisada ante las cifras extraordinarias de ganancia e incluso alta concentración de la propiedad de la administración escolar, sin resultados “positivos” de acuerdo a los criterios del propio modelo. De esta manera, el sistema educativo ajusta su estrategia privatizadora, aminorando la opacidad estructural de la llamada “libertad de enseñanza”. El resto del proyecto únicamente legaliza en un todo conquistas de la propia sociedad en orden a prohibir la discriminación o expulsión escolar de muchachas embarazadas, jóvenes homosexuales, y la ratificación curricular de contenidos asociados al cuidado del medio ambiente y la tolerancia. Sin embargo, como reina de manera hegemónica la enseñanza privada subvencionada, es decir, la tabla de hierro de la ganancia en el mundo de la enseñanza, la ley es papel mojado, fraseología democratista, articulado de buenas intenciones, y simple perfeccionamiento de la matriz educacional inaugurada por el pinochetismo y la refundación capitalista en el país. El Proyecto tanto actualiza jurídicamente las nuevas maneras de reproducir la vieja y clasista visión de los intereses de los poderosos, que en los últimos días, junto con los estudiantes y profesores en la calle, un grupo de parlamentarios ha levantado una serie de indicaciones al proyecto que, de acogerse, la derecha histórica ha amenazado (a la boliviana) con no votar la LGE, argumentando que Bachelet “no hace honor a la palabra empeñada”. En este sentido, la derecha histórica se refiere al acuerdo firmado ya entre la Presidenta y ese sector para aprobar un cuerpo legal que deja las cosas intactas, salvo la posible “transparentación” del negocio educativo. Nada más vale decir que en el mundo, en un porcentaje absolutamente mayoritario (por ejemplo, en USA, en un 80 %) la educación es estatal. Los gobiernos de la Concertación, más papistas que el Papa, aplican a rajatabla los manuales de diseños educativos probadamente fracasados y provenientes de la ultra liberal más ortodoxa y antipopular.
En el 2006, cientos de miles de escolares abarrotaron las calles de las principales ciudades de Chile, exigiendo una mejor educación, testimoniando las injusticias y desigualdades ominosas de la enseñanza de una sociedad de clases. El 2008, comienza nuevamente el movimiento, con la participación parcial y absolutamente insuficiente del profesorado, encapsulado en demandas economicistas y gestos menudos, cuando lo que se precisa es de una verdadera gesta del conjunto de los trabajadores y el pueblo para contrarrestar el poder de quienes formularon y reproducen una educación que condena a los niños y jóvenes a un futuro gris y sin posibilidades. Otra vez la Central Unitaria de Trabajadores brilla por su ausencia, mientras los escolares y universitarios no logran por sí mismos, dibujar hegemónicamente el horizonte de una enseñanza de nuevo tipo. El pueblo observa con simpatía la lucha estudiantil, aporta con una moneda en el tacho que los estudiantes emplean para sostener sus movilizaciones y paros. Sin embargo, ni la simpatía, ni la solidaridad simbólica, construyen la fuerza necesaria para plantear las demandas de fondo que requiere la transformación de la enseñanza en el país, esto es, la desmunicipalización de la educación, la mayor dotación de recursos, el fin de la educación privada subvencionada y el cambio de paradigma impuesto por las instituciones patronales locales y mundiales para beneficio de sus intereses. Mientras las muchachas y muchachos chilenos dan lecciones de dignidad y claridad en sus objetivos, el conjunto de la sociedad se mantiene embotada, inactiva, como si el problema no involucrara las fibras cardinales que causan la tragedia cotidiana, probada una y mil veces, de la consagración de una educación para ricos bajo la dinámica del capital y la ganancia, contra una enseñanza necesaria, fundada en un proyecto de desarrollo para bien de las grandes mayorías, lejos del lucro y más cerca de la felicidad y emancipación humanas.
Andrés Figueroa Cornejo
Miembro del Polo de Trabajador@s por el Socialismo
Junio de 2008
Chile: Masiva protesta de trabjadores de empresa BANEFE, parte del multimillonario HOLDING SANTANDER
· Empleados demandan mejoramiento de salarios de miseria, y distribución de parte de las utilidades de la empresa.
En 2007, el Grupo Banco Santander España rentó en Chile $ 308.646,6 millones de pesos (más de 600 millones de dólares). En el ranking de utilidades de todas las empresas del país, sólo estuvo bajo las ganancias obtenidas por la industria del cobre y la celulosa, principales sectores productivos chilenos. Los resultados del Grupo Santander en el período enero-marzo de 2008, en términos de rentabilidad, alcanzó la friolera de $ 206.343,3 millones de pesos (más de 400 millones de dólares). Esta vez, únicamente estuvo bajo las utilidades de la producción cuprífera. A nivel mundial, es uno de las corporaciones financieras que se encuentra dentro de las 10 que mayores ganancias obtienen.
Una de las ramas del Holding Santander en Chile es Banefe, fuerza de venta de instrumentos crediticios que emplea a 1200 trabajadores a nivel nacional, principalmente mujeres. Alrededor de 400 de las empleadas y empleados, provenientes de la Región metropolitana, V y VI regiones, el jueves 5 de junio al mediodía, se concentraron en las puertas de la casa matriz del Banco Santander, en el centro de Santiago, a dos calles del Palacio de La Moneda , para protestar masivamente por los ínfimos salarios que obtienen por su trabajo, por el mejoramiento de sus condiciones de trabajo y contra las prácticas antisindicales que usualmente emplea la gerencia contra los trabajadores.
La Presidenta del Sindicato de Trabajadores de Banefe Multinegocios, Jackeline Herrera Calderón, que agrupa a más de 800 personas, denunció que la empresa “paga un sueldo base de $ 53 mil pesos (100 dólares), y el resto son comisiones que no alcanzan para vivir. Un trabajador promedio de la fuerza de ventas obtiene un promedio de $ 180 mil pesos (poco más de 300 dólares, unos pesos sobre el salario mínimo legal).”
La dirigente indicó que, pese a que a espaldas de los empleados se trató de imponer un convenio colectivo, recientemente han logrado presentar el proyecto de convenio legal donde demandan un salario mínimo de $ 200 mil pesos, “y bonos de colación y movilización que no tenemos y que es lo mínimo que deberían darnos para cumplir adecuadamente nuestra labor.”
Mientras los cientos de trabajadores, acompañados de funcionarios y dirigentes de otros bancos, luego de estar apostados 2 horas en la entrada de la principal sucursal del Banco Santander, marcharon por el centro de la Capital para explicar a los transeúntes las causas de la movilización, el Presidente de la Federación de Sindicatos del Grupo Santander, Claudio Nicoli, explicó que “el conjunto de los empleados de la empresa, en su totalidad, debido a las multimillonarias utilidades que ha obtenido el holding, estamos acompañando a nuestras compañeras y compañeros en sus más que justas reivindicaciones, y además demandamos un bono de $ 2 millones de pesos (alrededor de 4 mil dólares) para todos los trabajadores, lo que corresponde a un porcentaje mínimo de las ganancias siderales de la industria.”
Con un megáfono en la mano, y ante un concurrido público que se acercó a solidarizar con los trabajadores, el Secretario General de la Confederación de Sindicatos Bancarios de Chile –única multisindical del área-, Luis Mesina, enfatizó que “aquí los trabajadores buscan ejercitar un derecho fundamental de las relaciones laborales, cual es, el derecho a la negociación colectiva que no se ha podido ejercitar durante muchos años, dado que el banco, mediante diversas estrategias, como la simulación, ha usado para evitar sentarse a la mesa con los empleados. De esta manera, la administración pretende burlar la repartición de parte de las ganancias que la empresa viene acaudalando desde hace 10 años. Hoy día estamos en la calle, exigiendo que se respeten a las organizaciones sindicales. En la actualidad, las empresas del Grupo Santander no pueden negociar de manera colectiva e integral con la empresa matriz, lo que nos resulta una falta de respeto enorme. De este modo, no nos queda más alternativa que la movilización para abrir camino al mejoramiento de la calidad de vida de todos los funcionarios del Grupo Santander. Aquí uno de los temas centrales está asociado a una distribución más justa del ingreso, toda vez que las inequidades al interior de la empresa son siderales, pese a las ganancias extraordinarias que ilustran sus rentas, producto del trabajo de los empleados.”
Andrés Figueroa Cornejo
Miembro del Polo de Trabajador@s por el Socialismo
Junio 5 de 2008
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